Como es evidente, a NeelieKroes sus compañeros de la Comisión Europea le llamaron la atención el 7 de febrero. La línea oficial de Bruselas es y sigue siendo que hay que mantener a Grecia a bordo, cueste lo que cueste y con un nuevo préstamo de urgencia de 130.000 millones de euros. Porque si se cae una sola piedra, todo el edificio del euro se vendrá abajo.

Entonces el coste superaría con creces al de la ayuda de urgencia a los griegos. El hecho de que la comisaria de la Agenda Digital no tuviera en cuenta [en la entrevista que concedió el día anterior] en el diario Volkskrant esta teoría financiera del dominó, no fue ni un lapsus ni una metedura de pata. Sus palabras responden a una tendencia que se inició el pasado otoño.

"Hay que desalojar el barco"

Consiste en echar por tierra los tabúes europeos, para que los ánimos estén preparados y, llegado el caso, dejar que los griegos se hundan en su propio embrollo.

El primer tabú sobre el euro, es decir, la denigración de los políticos griegos, lo pusieron en tela de juicio el pasado mes de septiembre los diplomáticos de la UE. La exasperación reprimida desde hacía meses sobre las promesas de reducciones de gastos que Atenas olvidaba con la misma rapidez con la que dejaba de aplicarlas, desencadenó una serie de críticas mordaces por parte de los diplomáticos.

“Estamos hartos de las prórrogas de las sandeces de estos griegos” dijo uno de ellos. Otro calificó [la gestión de la crisis] de “auténtico escándalo”; un tercero ya especuló entonces sobre la quiebra de Grecia: “No podemos seguir bombeando. Llega un momento en el que el capitán dice: 'Todos a los botes salvavidas, hay que desalojar el barco'".

El segundo tabú, es decir, que se puede excluir a un país de la eurozona, se desvaneció a comienzos de noviembre gracias a la canciller alemana Angela Merkel y al presidente francés Nicolas Sarkozy.

Cuando se enfadaron porque el primer ministro griego anunció un referéndum sobre las reducciones de los gastos, “Merkozy” dejó entender que la única pregunta que se seguía planteando era: ¿Grecia permanece o no permanece en la eurozona? Por lo tanto, era posible salir de la misma.

El mismo mes, los presidentes europeos, Herman Van Rompuy y José Manuel Barroso, acabaron con el tercer tabú: que el euro tiene un final. En una emotiva conferencia ante el Parlamento Europeo, los dos advirtieron que la supervivencia del euro correría peligro si los dirigentes de la UE no intervenían rápidamente.

Sin el segundo préstamo urgente, Grecia quebrará

En las últimas semanas, ha sido el turno del cuarto tabú: que un país de la eurozona puede quebrar. Una vez más Merkel y Sarkozy, aunque también el primer ministro neerlandés de Finanzas Jan Kees De Jager, declararon que Atenas podía ir despidiéndose de su segundo préstamo de urgencia de 130.000 millones si no cumplía las exigencias de reducción de gastos impuestas por los socios capitalistas (la UE y el FMI). Y sin este dinero, Grecia quebrará, añadió para aclarar aún más las cosas el presidente del Eurogrupo, Jean-Claude Juncker.

Y después ha sido la comisaria Kroes quien ha acabado con el quinto y último tabú, que en realidad es más bien un dogma: que la eurozona se hunde si Grecia vuelve al dracma. “No es verdad, en absoluto”, declara Kroes. Cabe destacar que en este contexto, la comisaria europea griega Maria Damanaki (responsable de Pesca) aseguraba ya el pasado fin de semana que en Bruselas ya están listos unos planes de urgencia para la salida de Grecia de la eurozona. Algo que la Comisión desmintió.

Lo que hacen Merkel, Sarkozy, Kroes y los diplomáticos de la UE es permitir que se hable sobre la salida de Grecia de la eurozona. El primer ministro neerlandés Mark Rutte y el ministro de Finanzas Jan Kees De Jager reconocen desde el martes [7 de febrero] que esta acción es posible. No que se vaya a emprender esta semana, pues probablemente las negociaciones tan intensas que están teniendo lugar en Atenas entre los socios capitalistas y el Gobierno griego acabarán en cualquier caso en un acuerdo en los próximos días.

Pero todas las partes implicadas saben que en tres meses, los socios capitalistas estarán de nuevo en Atenas para llegar a la conclusión una vez más de que Grecia no ha cumplido sus promesas por enésima vez. Y entonces todo el mundo estará listo para la salida de Grecia. Y nadie podrá decir que es una sorpresa.