Tras España, Italia. A esa idea se han hecho los mercados financieros, pero no solo ellos. “Hemos imaginado tres escenarios diferentes, y entre ellos el de una eventual ampliación de los plazos de vencimiento de la deuda pública en circulación”, ha manifestado a Linkiesta un funcionario del Tesoro italiano, en condiciones de anonimato. El objetivo es "estar preparados para todo, hasta para el peor caso posible”. Y por lo tanto, también para la llegada de la troika (el Fondo Monetario Internacional, el Banco Central Europeo y la Comisión Europea), que, o vendría a controlar las cuentas públicas, o intervendría a través de las financiaciones. “Aún no hay cifras precisas, pero no cabe duda de que serían mayores que las gastadas para Grecia, Irlanda y Portugal juntas”, afirma el funcionario. En otras palabras: más de 350.000 millones de euros.

“Italia no ha solicitado ayuda, pero, si lo hiciese Europa, estaría preparada”. La declaración de Maria Fekter, ministra austriaca de Hacienda, ha reencendido estos días el debate sobre la próxima víctima de la crisis europea. Los comentarios de Ed Parker, director de la agencia de calificación Fitch, que ha subrayado lo diferente que es Italia, en lo que se refiere a los riesgos financieros, de la Península Ibérica –“no creemos que pueda necesitar un rescate”—, no han servido de gran cosa.

Tres escenarios

El Tesoro ha previsto tres escenarios, como nos explica nuestro interlocutor. El primero, el más optimista, deja entrever un destello de esperanza para Italia: la unión bancaria europea, un fondo comunitario de garantía de los depósitos bancarios, los eurobonos y, a continuación, la plena unión fiscal. Esas son las etapas que podrían tranquilizar la situación en la zona euro. Si todo ocurriera como en ese escenario, Italia podría salvarse. Claro está, los obstáculos son numerosos. En él no se tienen en cuenta aspectos como una eventual salida de Grecia de la zona euro, que se agrave la crisis española o una nueva rebaja de la nota de Italia, ya que se basa en una visión estática de la situación, detenida en el momento en que se encontraban las cosas a finales de abril, es decir, cuando la rentabilidad de los títulos de la deuda italianos a diez años era de alrededor del 5,5% [desde entonces ha sobrepasado el 6%].

El escenario más interesante es el segundo: “si a finales de septiembre la rentabilidad de los bonos a diez años estuviese todavía cerca del 6% o fuese aún mayor, las dificultades, ya grandes, con que se encuentra Italia para refinanciarse, podrían llegar a ser insuperables”, explica el funcionario del Tesoro. En ese caso, la troika se presentaría en Italia, como ya ha hecho en Grecia, en Irlanda y en Portugal. Al mismo tiempo, la ayuda económica empezaría a llegar para cubrir las necesidades esenciales de Italia, a la que ya no le es fácil acceder –o que incluso no puede acceder en absoluto—a los mercados de obligaciones. Esto quiere decir que habría que poner a disposición de Italia unos 770.000 millones de euros para cubrir entre 2013 y 2016 la financiación indispensable del presupuesto italiano.

Sin embargo, aún queda una duda. ¿Necesita Italia reestructurar su deuda, que es de casi dos billones de euros? La respuesta se encuentra en el escenario más extremo, el tercero. Prevé, entre otras cosas, la salida de Grecia de la zona euro, lo que en principio podría hacer que el tipo de interés de la deuda italiana a diez años sobrepasase el 11%, el 12% incluso. En ese momento, la reestructuración de la deuda italiana sería posible. Para el caso de que esto sucediese, el Tesoro trabaja con la hipótesis de una modificación de los vencimientos de los títulos emitidos, más que con la posibilidad de una intervención invasiva y desordenada como la llevada a cabo en Grecia en marzo y abril últimos.

Evitar lo peor

Como en España, nadie quiere oír hablar de una solución a la griega. Sin embargo, salvando todas las diferencias, es precisamente de eso de lo que se trata en las conversaciones con el FMI. El plan de acción no prevé, de momento, que se solicite apoyo alguno. “En este momento sería fatal para nosotros. Las cumbres europeas de finales de junio serán una fecha importante para saber adónde va Europa”, afirma nuestro interlocutor. Y como era de prever, no hay una cifra precisa del volumen de una eventual intervención. “Como todo el mundo sabe, Italia es demasiado grande para que se la rescate y demasiado grande para declararse en bancarrota. Pero se sabe también que habrá que hacer todos los esfuerzos posibles para evitar lo peor”, nos ha dicho un analista del departamento de renta fija del Crédit Suisse.

Los medios para limitar una eventual hemorragia italiana son, en la misma medida, europeos e internacionales. Por un lado tenemos el Fondo Europeo de Estabilización Financiera (FESF), el Mecanismo Europeo de Estabilización Financiera (MEEF) y el Mecanismo Europeo de Estabilidad (MEDE), que, juntos, podrían aportar algo menos de 700.000 millones de euros. Por otra parte, tenemos el FMI, del que se dice que estaría dispuesto a aumentar su propia dotación en unos 335.000 millones de euros, para destinarlos a la crisis europea. Se llega así a un total de casi un billón.

La ayuda económica a Italia podría ser, pues, multilateral, y estaría estructurada en varios niveles. Dependerá en gran parte de las acciones que Europa logre poner en marcha en las tres semanas que vienen. Política y económicamente, estas decisiones podrían tener como consecuencia que los inversores financieros quedaran fuera de combate, pero se ignora cuáles serían entonces los efectos colaterales. Como señala el funcionario del Tesoro, “si se sigue por esta vía, la cuestión no será si se rescatará a Italia, sino cuándo se la rescatará”.