A lo largo de los últimos veinte años, el mundo laboral en Europa y en Estados Unidos ha sido testigo de grandes cambios. Para calificar este fenómeno, los sociólogos hablan de un "incremento del trabajo atípico". Este entorno laboral es "atípico" porque ya no tiene casi nada en común con el concepto de trabajo que conocieron la mayoría de los estadounidenses y europeos occidentales hasta los años ochenta.

Esa época de empleo "normal", con un sueldo, un contrato indefinido y una buena jubilación al final es algo del pasado. Desde 1985, el porcentaje de personas con un contrato a tiempo completo y de duración indefinida ha ido descendiendo sin cesar en toda Europa occidental. Según un estudio del Centro Berlinés de Investigación Social (WZB), parece que actualmente casi uno de cada cuatro ciudadanos residentes en la Unión Europa tiene un contrato temporal, trabaja a tiempo parcial o ejerce su actividad como "free-lance".

Menos dinero, pero más tiempo libre

En Europa occidental, la mayoría de los nuevos empleos creados a lo largo de la última década son "atípicos". En Países Bajos, cuyo porcentaje de "trabajadores atípicos" llegó a cerca del 43% en 2008, es donde esta evolución es más destacada. El Alemania, este tipo de trabajadores aumentó un 20% en 1990 y un 37% en 2007. En Suecia, España, Dinamarca, Portugal, Gran Bretaña y Austria representan un cuarto de los asalariados e incluso en algunos casos un tercio. Su presencia aún no es muy importante entre los nuevos Estados miembros de la UE. Pero el porcentaje que representan en Eslovenia y en República Checa, un 16% y un 13%, respectivamente, parece demostrar que la llegada de las transformaciones profundas en el mundo laboral de los países postcomunistas es tan sólo cuestión de tiempo.

Todo indica que en el futuro cada vez más personas ganarán menos dinero, pero como contrapartida dispondrán de más tiempo libre. Pronto nos daremos cuenta de que este mundo laboral que está surgiendo constituye una auténtica amenaza para los que no logran encontrar su lugar en él, pero representa igualmente una esperanza en el sentido de que puede hacer que las personas sean más libres.

"Flexiseguridad" y renta básica de ciudadanía

¿Cómo trabajaremos de aquí a veinte o treinta años? Esta pregunta no sólo se refiere a nuestra remuneración y a nuestro modo de vida. Apunta también a saber cuál podría ser nuestra definición del concepto de "trabajo" que no divida a la sociedad en "ganadores" y "perdedores". Existe una respuesta que puede aunar lo que aparentemente es incompatible, es decir, la necesidad de las empresas de poder recurrir fácilmente a los despidos y la de los empleados de tener la seguridad de disponer de unos ingresos estables. Se denomina "flexiseguridad" y en Dinamarca es donde este sistema funciona mejor. Las leyes facilitan en gran medida el despido, pero los empleados no temen caer en el abismo del desempleo indefinido, ya que el Estado garantiza prestaciones sociales elevadas, a condición, claro está, de que realicen regularmente cursos de formación profesional orientados a su revalorización. Este modelo, promovido por la Comisión Europea, es un éxito también en Países Bajos.

Y en Alemania también existe lo que se conoce como "renta básica de ciudadanía", una iniciativa radical que es objeto de numerosos debates. Su finalidad es que el trabajo remunerado deje de ser la principal fuente de reconocimiento social del hombre y que los parados dejen de ser estigmatizados como fracasados. La renta garantizada para cada ciudadano sustituiría a todas las prestaciones sociales existentes. Cada ciudadano que participe en la sociedad podría acceder a este "salario", tanto si encuentra un lugar en el mercado laboral como si no. Pero ¿en qué consistiría concretamente el "trabajo ciudadano"? ¿Cómo se financiaría un programa similar? Sin duda los economistas tienen opiniones divergentes sobre estos puntos.