Plantado en el muelle del puerto ateniense de El Pireo, Golfis Yiannis observa sin pestañear las nubes de polvo levantadas por los ruidosos camiones y toros mecánicos que descargan los enormes barcos mercantiles. “Ahí está la nueva chinatown europea”, dice, señalando la siguiente dársena. “Lo único que está claro es que hemos vendido nuestra alma a los chinos”. El Muelle 2 del puerto de contenedores donde Yiannis, de 48 años, ha trabajado durante los últimos 22 años, tiene exactamente el mismo aspecto que el 1; su tamaño es claramente mayor, pero también está flanqueado por navíos gigantescos y atiborrado de grandes contenedores que parecen piezas de Lego. Sin embargo, el Muelle 1 es griego y ahora el 2 es chino.

En junio la gigantesca compañía china de propiedad pública, Cosco, asumió el control del Muelle 2 en virtud de un acuerdo de 3.300 millones de euros para arrendar esta parte del puerto durante 35 años, invertir 564 millones de euros en modernizar las instalaciones portuarias, construir un nuevo Muelle 3 y casi triplicar el volumen de carga que puede manejar. El puerto de contenedores, adyacente al muelle para barcos de pasajeros por el que acceden los turistas a las islas griegas, actualmente puede cargar y descargar 1,8 millones de contenedores al año, es decir, unos 5.000 al día.

Objetivo: construir un puerto mayor que el de Rotterdam

En el mismo momento en que numerosos inversores están huyendo de este país europeo con problemas económicos, China ve una oportunidad para ganar vías de entrada a Europa cerrando acuerdos clave a precios atractivos y ganando acceso a sus valiosos mercados. Los chinos prevén crear una red de puertos, centros logísticos y transporte ferroviario para distribuir sus productos por toda Europa —básicamente, una Ruta de la Seda moderna— para acelerar el comercio entre Oriente y Occidente y crear un punto de partida valioso para sus negocios en el Viejo Continente. Se proponen convertir este muelle para contenedores en un rival de Rotterdam, el mayor puerto de Europa.

“Los chinos quieren una puerta de entrada a Europa”, dice Theodoros Pangalos, viceprimer ministro. “No son como los personajes de Wall Street, que mueven inversiones financieras sobre el papel. Los chinos tratan con cosas reales. Y ayudarán a la economía real de Grecia”. No es la primera vez que China ha identificado una oportunidad allá donde otros ven adversidad. Con su boom económico y su fuerte divisa, los chinos han realizado una serie de inversiones polémicas en infraestructuras y minas de África que, según las voces críticas, les permitirán obtener valiosas materias primas de una forma que en poco beneficiará a las economías del continente negro.

Los trabajadores del puerto se encuentran incómodos al respecto de las consecuencias a largo plazo de permitir que China aproveche de la crisis económica griega para hacerse con un elemento tan importante de un sector crucial de la economía del país. Desde la oficina de su sindicato, que tiene vistas al puerto y a los numerosos edificios altos que se erigen sobre las colinas de El Pireo, George Nouhoutides, presidente del Sindicato de Trabajadores del Puerto, afirma que el contrato es “catastrófico”. “Cuando uno está muy endeudado y negocia un acuerdo con un país rico, ¿quién impone sus exigencias?”, pregunta. “China quiere una etiqueta ‘Made in Europe’ con exenciones fiscales y condiciones favorables; los intereses griegos le importan un comino”.

Nouhoutides, que nació a dos calles del puerto y ha trabajado en él durante 34 años, añade: “Son muy listos. Tienen 1.500 millones de esclavos y mucho dinero: pues claro que quieren entrar en nuestros mercados. Es una catástrofe para todos los trabajadores, no solo los griegos”. Pero Katinka Barysch, subdirectora del Centro para la Reforma Europea, cree improbable que la inversión china en Grecia tenga este carácter de “rapiña”. “El peligro de que Cosco se comporte como algunas de las compañías petroleras y mineras de China en África es bastante remoto”, declara. “Grecia es miembro de la UE, por lo que cuenta con un marco legislativo mucho más sólido. Hay unas restricciones muy claras sobre qué pueden y qué no pueden hacer los inversores extranjeros”.

Primera parada en la conquista del mercado europeo

La inversión china en El Pireo no es más que el primer paso de un programa mucho más amplio para acceder a los mercados europeos. En los problemas financieros de países como España, Portugal e Irlanda, China contempla unas oportunidades de inversión potencialmente irresistibles. Este mes un grupo de fabricantes chinos espera obtener permiso para urbanizar una parcela de 48 millones de euros en Athlone, en el centro de Irlanda, y comenzar a erigir escuelas, viviendas, instalaciones ferroviarias y fábricas para crear productos chinos. Según el plan, se enviarían 2.000 obreros chinos para erigir las construcciones, y a largo plazo se contratarían 8.000 irlandeses para trabajar en lo que ya se ha apodado como “Beijing-on-Shannon”.

El Pireo podría ser tan solo el aperitivo de las ambiciones chinas en Grecia. Para finales de año, China espera proponer una oferta conjuntamente con una empresa griega para crear un centro logístico valorado en 200 millones de euros en Attica, cerca del puerto, destinado a distribuir productos chinos en los Balcanes y el resto del continente. Los chinos también negocian la compra de una participación en la atribulada compañía pública de ferrocarriles. Con la posición estratégicamente próxima al Bósforo que ocupa El Pireo, este puerto también constituye una vía de acceso al mar Negro, Asia Central y Rusia.

Pero por muy indudable que sea la implicación de los chinos en los asuntos atenienses, su presencia física no deja de ser limitada. En el ligeramente desastroso barrio inmigrante de Omonia, donde sórdidos hipermercados chinos comercializan bisutería barata, productos para el hogar y prendas de tela sintética, los pocos chinos que deambulan por la calle aseguran no haber oído hablar jamás de Cosco, y se apresuran a marcharse. El personal de las oficinas de la compañía de transporte marítimo de Cosco, situadas en un bloque de oficinas con vistas sobre los cruceros de la terminal de pasajeros, sostiene que, de los 45 integrantes de la plantilla, sólo el director general y el director financiero son chinos. En las oficinas de la terminal portuaria, entre los 250 trabajadores únicamente hay 10 chinos, que ocupan puestos administrativos y directivos.

Sin embargo, los chinos se están haciendo notar y, con sus bolsillos repletos y una ambición aparentemente ilimitada, parece probable que cumplan sus objetivos. Wei Jiafu, director general de Cosco, declaró en una reciente entrevista a la televisión griega: “He venido aquí para ayudar al puerto de El Pireo a recuperar su lugar original. Espero que, en el plazo de un año, sea el puerto de contenedores número uno del Mediterráneo. En China tenemos un refrán que dice: ‘si construyes el nido del águila, el águila vendrá’. Hemos construido este nido en su país para atraer a las águilas chinas. Esta es la aportación que les hacemos”.