Supuestamente deberían ser nuestra esperanza, pero se han convertido en una carga. Más de 400.000 jóvenes polacos se encuentran desempleados y algunos les llegan a denominar “generación perdida”. De hecho, este mal se extiende por todo el continente, en especial en el sur de Europa, donde la situación es aún peor. El Eurostat reveló en octubre que la tasa de desempleo entre los menores de 25 años en Polonia era del 27,8 por ciento, comparada con el 55,9 por ciento de España, el 57 por ciento en Grecia o el 36,5 por ciento en Italia. Incluso en un país tan próspero como Francia, uno de cada cuatro jóvenes no tiene empleo.

Estadísticas engañosas

Estas estadísticas son sorprendentes, pero también son engañosas. Porque sólo incluyen a aquellos jóvenes que tienen o no tienen empleo, y no tienen en cuenta a los que estudian, están realizando cursos de formación profesional, se dedican a viajar o no hacen nada por elección personal. Por ello, resulta más adecuado hablar de "ni-nis" (ni estudian, ni trabajan) equivalente al acrónimo inglés "NEETs" (ni trabajan, ni estudian, ni reciben formación), acuñado por la Organización Internacional del Trabajo.

Cuando se aplica esta categoría, resulta que el porcentaje de polacos de entre 15 y 29 años que ni trabajan ni estudia es del 15,5. Es un alto porcentaje, con un aumento del 22 por ciento desde que se iniciara la crisis, pero significa que sólo uno de cada seis jóvenes polacos se enfrenta a un futuro sombrío y no uno de cada dos. Es difícil hablar de “generación perdida” cuando cinco sextos de la misma están haciendo algo sensato. Y ocurre lo mismo en el resto de Europa: la proporción de "ni-nis" en Grecia es tan sólo del 23 por ciento, mientras que en España es del 21 por ciento. En países como Austria o Países Bajos, llega a un nivel tan bajo como de entre el 5 y el 8 por ciento.

Joven, desempleado y con futuro

Paradójicamente, tal y como muestra sobre todo el ejemplo de España, la alta proporción de jóvenes desempleados puede ser en realidad una fuente de esperanza. El notable aumento de los niveles de desempleo en España en los últimos años ha estado causado menos por la recesión y mucho más por las reformas en el mercado laboral aplicadas por el presidente Mariano Rajoy. “Las empresas ahora pueden despedir al personal con más facilidad, pero cuando mejoren las condiciones del mercado, no dudarán en volver a contratar”, comentaba Jorge Núñez, experto del grupo CEPS, en Bruselas. Antes de las reformas de Rajoy, las empresas españolas tenían que negociar los cambios en las condiciones del empleo con organizaciones sindicales a nivel industrial, y no en el lugar del trabajo y despedir a los empleados implicaba el desembolso de considerables indemnizaciones por despido además de que, en muchas ocasiones, tenían que demostrar ante un tribunal que la reducción del personal era necesaria por factores económicos “objetivos”.

A pesar de estas normativas tan rígidas, un legado de la era de Franco, las empresas españolas no dudaban en contratar cuando la economía pasaba por épocas de rápido crecimiento. Tras la adhesión del país a la UE en 1986, el desempleo entre los jóvenes se redujo a la mitad en tres años, hasta el 18 por ciento. ¿Los españoles conseguirán recuperarse tan rápido esta vez?

Zsolt Darvas, del Instituto Bruegel de Bruselas afirmaba:

”Es la generación joven con mejor formación en la historia de este país. Gracias a las reformas de Rajoy, la competitividad de la economía española ha mejorado rápidamente; el país registraba un déficit comercial del 11 por ciento del PIB sólo hace cinco años y hoy presume de un superávit del 2 por ciento”.

Aumento de la productividad

Polonia presenta un caso similar. El país ya ha conocido dos “generaciones perdidas” en los periodos de 1992/1993 y 2002/2003 y ahora está viviendo el tercero. Aunque nos basemos en los pesimistas datos de la Oficina Central de Estadísticas, la proporción de desempleados menores de 25 años en 1995 era del doble de la actual. La formación es otro factor favorable, ya que el porcentaje de estudiantes se ha incrementado hasta cinco veces desde 1990 y la proporción de trabajadores con titulación universitaria es 2,5 veces mayor.

Los periodos de crisis siempre han constituido un tiempo de reestructuraciones intensas en la economía polaca. La productividad laboral es un 20 por ciento superior hoy de lo que era en 2008, lo que significa que cuatro personas producen lo mismo que las cinco que se necesitaban entonces. Las industrias de vanguardia, como la electrónica avanzada, la investigación molecular o los componentes de automoción de primer nivel, han registrado un fuerte crecimiento, lo que ha hecho que cada vez más multinacionales hayan trasladado sus operaciones de fabricación del sur al este de Europa, sobre todo a Polonia.

Se podría afirmar que la tasa de desempleo más alta es un precio que está pagando Polonia para registrar ganancias en la productividad y que le aportarán una ventaja de muchos años con respecto a los rivales. Las cifras del Eurostat demuestran que la tasa de productividad de Polonia era tan sólo del 57 por ciento de la media en la UE en 2012, comparado con la cifra dos veces superior en la vecina Alemania.

El ejemplo alemán

Alemania es un ejemplo de lo efectivas que pueden ser las reformas en el mercado laboral a la hora de mejorar el futuro de los jóvenes. Actualmente, la tasa de desempleo es la más baja desde la unificación, tanto entre los jóvenes (12 por ciento) como la general (5,4) y se está avanzado gradualmente hacia el pleno empleo. Pero hace una década, antes de las reformas aplicadas por el canciller Gerhard Schröder, Alemania era “la enferma de Europa” en términos del mercado laboral.

”Deberíamos copiar su sistema de formación profesional. Resulta que los que eligen las profesiones aparentemente más prosaicas y técnicas tienen trabajos más estables después y pueden desarrollar su potencial más plenamente que los frustrados titulados con estudios más ambiciosos y a los que nadie necesita. Por lo tanto, las posibilidades de empleo de los jóvenes dependen en parte de sí mismos y de si pueden adaptar sus planes a la realidad del mercado”, explicaba Katinka Barysch en el Centro para la Reforma Europea de Londres.

Hay muchos indicios de que lo peor ya ha pasado para los jóvenes, tanto en Polonia como en Europa. Si bien el año pasado se observó un estancamiento económico generalizado, la UE evitó lo peor, es decir, la ruptura de la eurozona y la consecuente recesión de la que tardaría décadas en recuperarse, si es que lograba sobrevivir, claro está.

Aunque pueda resultar difícil de creer hoy, sólo dentro de dos o tres años, en lugar de aceptar cualquier trabajo que les ofrezcan, serán los jóvenes con las cualificaciones adecuadas los que podrán dictar sus condiciones a quienes les contraten.