Turquía tiene en mente el proyecto de adherirse a la Unión Europea desde principios de los años sesenta. Cuando comenzó este proceso, esta unión llevaba el nombre de Comunidad Económica Europea y estaba integrada por sólo seis miembros. Actualmente, Turquía sigue en conversaciones sobre la adhesión con una Unión Europea que cuenta con 27 miembros y que en breve acogerá a un vigésimo octavo, Croacia [el próximo 1 de julio].

Por otro lado, Turquía es miembro desde 1969 de la Organización de la Conferencia Islámica y del Banco Islámico de Desarrollo. Turquía forma parte de toda una serie de organizaciones internacionales, como la OCDE, la Organización de Cooperación Económica del Mar Negro (BSEC), en cuya formación participó activamente. Como es evidente, es miembro de la OTAN y, por decirlo de algún modo, flirtea con la Organización de Cooperación de Shanghái.

Con este contexto, podríamos considerar que Turquía se encuentra en el corazón de la política mundial. Pero ¿realmente es así? En cualquier caso, soy de los que piensan que desde el principio era más que evidente que Turquía no podría adherirse a la Unión Europea.

Un error político

Independientemente de la perspectiva desde la que se plantee la unión o la integración, es necesario que estos conceptos respondan a valores comunes. Puesto que Estonia, Lituania, Rumanía y Bulgaria forman parte de la UE y Croacia lo será en breve, podemos plantearnos esta pregunta: ¿por qué Turquía no se convertirá también en miembro de esta Unión?

En mi opinión, los motivos que explican que estos países se hayan convertido en miembros de la UE son ante todo políticos. Desde el inicio de la década de los noventa, en el momento de la disolución de la URSS y el fin del Comecon [la organización económica del bloque soviético], se estimó que era necesario reagrupar a estos países en una estructura para evitar que volvieran a caer en la zona de influencia de Moscú.

Esta estructura resultó ser la Unión Europea, una política que además contó con el apoyo de la administración Clinton. Croacia, cercana a Alemania, desempeñó una función determinante en la escisión de Yugoslavia. Creo que es la razón por la que realmente se ha ganado un lugar en la Unión Europea. En cambio, no existe ninguna razón política que pueda justificar una adhesión de Turquía a la UE. Y aunque Turquía coquetee con la Organización de Cooperación de Shanghái, e incluso pretenda que podría constituir una alternativa, nadie ignora que no sería posible. Hay gente que incluso cree que es un error político.

Subcontratista para Estados Unidos

En realidad, la función política que le corresponde a Turquía es la de subcontratista a cuenta de Estados Unidos en Oriente Próximo. La falta de conciencia política en grandes sectores de la sociedad, la dimensión del personal político turco, la calidad de los medios de comunicación, las capacidades y el nivel de nuestros empresarios y nuestros funcionarios contribuyen por desgracia a limitar a Turquía a este ejercicio de función secundaria.

No nos engañemos con esos términos que halagan a nuestro ego como "país copresidente" [en alusión a la copresidencia de Turquía en el proyecto del Gran Oriente Medio lanzado por George W. Bush, hoy abandonado, pero muy criticado en los medios nacionalistas turcos]: veamos la triste realidad.

Empleo el término de subcontratista de segundo grado porque no encuentro otro mejor, ya que Israel se beneficia de un tratamiento preferencial. Mientras que esos grandes grupos de la sociedad no hayan adquirido una mejor conciencia de su ciudadanía, se seguirán expresando estas auto-valoraciones vacías y sin fundamento, pero la situación no cambiará.