La energía ocupa un lugar destacado en la agenda oficial de la cumbre europea del 22 de mayo. Razón de más para hacer escuchar su voz: es la estrategia que han seguido las grandes empresas energéticas del Viejo Continente que, sin que sirva de precedente, actuarán en conjunto para transmitir sus reivindicaciones a la Comisión.

Su mensaje es claro: la seguridad del abastecimiento energético de Europa está en peligro. Por eso hacen un llamamiento de ayuda a Bruselas. Las causas de esta crisis son numerosas: descenso drástico de las inversiones en los grandes proyectos de infraestructuras, ausencia de un contexto reglamentario preciso, peso relativo de una política energética común… “En definitiva, una falta de visibilidad patente, si bien estos gigantes de la industria, para operar con eficacia, necesitan una serie de señales que hoy por hoy no encuentran”, destaca un experto del sector.

Estos gigantes están aún más irritados porque se enfrentan a una serie de dificultades reiteradas: sus cotizaciones en bolsa se sitúan en niveles bajos, su endeudamiento ha sobrepasado los límites aceptables para sus inversores, lo que les obliga a aplicar grandes programas de cesiones de activos y sus medios de producción se someten a duras pruebas. Varias centrales de producción cierran, o bien se paran, a falta de una rentabilidad suficiente.

En este último caso, se trata sobre todo de plantas de ciclos combinados de gas (CGG), víctimas del éxito del gas de esquisto de Norteamérica. No sólo el gas resulta cuatro veces más barato al otro lado del Atlántico que en Europa, sino que además, gracias a este nuevo recurso, Estados Unidos puede exportar cantidades masivas de carbón, que se utiliza para alimentar las fábricas de producción eléctrica en Europa a precios mucho más competitivos que el gas para las plantas de CGG, obligadas a interrumpir su actividad.

El callejón sin salida de la financiación

“El resultado: una situación paradójica, ya que en un país como Alemania, sus centrales de carbón nunca han estado más activas como en la actualidad, al mismo tiempo que destina grandes inversiones a la industria de las energías renovables”, destaca un directivo de una empresa europea. El desarrollo acelerado de las energías verdes no está generando una acogida positiva generalizada: las centrales térmicas (de gas o de carbón) son indispensables para compensar la intermitencia de la energía fotovoltaica y eólica. Sin embargo, en Alemania, la producción de energías renovables ha llegado a tal volumen, que ya no resulta rentable invertir en las centrales clásicas, indispensables pero cuya construcción es muy costosa. Un callejón sin salida que preocupa a todas las empresas de gas y electricidad.

En el mensaje transmitido a la Comisión oralmente y por escrito, estas empresas van a reclamar un seguimiento exhaustivo de la financiación de las energías: se trata sobre todo de vigilar que el sistema de subvención de las energías renovables no cree distorsiones de competencia entre los distintos países. Los gigantes del sector además exigen que el mercado del carbono, sobre todo las cuotas de emisiones, sea más previsible, menos costoso y más eficaz. Por último, desean que se fomenten las inversiones en los medios de producción capaces de responder a los picos de consumo.

Asegurar el abastecimiento

Al margen de estos grandes problemas, cada país pretende progresar en sus propias iniciativas. Más allá del Rin, el desarrollo de las redes cuyo fin es conectar el norte y el este del país, donde se produce la energía eólica y solar, con el sur y el oeste, donde se encuentran las grandes industrias con un consumo energético elevado, resulta fundamental para el éxito de la transición energética, ya que el país decidió detener de aquí a 2022 todas las centrales nucleares alemanes y lograr que las energías renovables lleguen a representar el 40%.

Según el plan del Gobierno federal, deberán optimizarse 4.000 kilómetros de líneas y tendrán que construirse 1.700 kilómetros de "autopistas" eléctricas de aquí a 2022. A Berlín le gustaría compartir con sus vecinos europeos el coste del desarrollo de las redes para el transporte de las energías renovables en el continente.

Por otro lado, Alemania evoluciona a favor de la explotación del gas de esquisto, para contribuir a la seguridad del abastecimiento y a la estabilidad de los precios energéticos. La canciller Angela Merkel seguro que observa con satisfacción que la Comisión Europea, en sus conclusiones previas a la cumbre del miércoles, menciona por primera vez la posibilidad de recurrir “más sistemáticamente” a recursos energéticos “autóctonos”, un término bruselense en código para hablar del gas de esquisto.

Si bien no se menciona en ninguna parte que haya que explorar el potencial del gas de esquisto de los países miembros, todo un tabú para Francia, es cierto que en Bruselas se entreabre una puerta a esta posibilidad. De este modo, se añade un nuevo asunto polémico en el paisaje tan complejo de los desarrollos energéticos.