Retrato: Crisóstomo II, santo padrino de Chipre

 Crisóstomo II en Nicosia, en marzo de 2013.
Crisóstomo II en Nicosia, en marzo de 2013.
28 junio 2013 – Le Figaro (París)

El arzobispo de Chipre, jefe de la Iglesia ortodoxa de la isla y hombre de negocios al frente de un patrimonio colosal, no se priva de intervenir en el debate político. Nos encontramos con una figura ineludible en este país en crisis.

En Chipre, una pequeña república mediterránea hundida en una crisis económica histórica, el arzobispo Crisóstomo II, jefe de la Iglesia ortodoxa, interviene en el debate político. De forma permanente y sin reservas.

A finales de marzo, el plan de rescate de Europa, a cambio de una ayuda de 10.000 millones de euros, impuso una sangría fiscal en las cuentas bancarias que superaran los 100.000 euros en las dos principales entidades del país. Apenas acababa de aceptar el plan el nuevo presidente chipriota Nicos Anastasiades, el prelado reclamaba la cabeza del ministro de Finanzas y del gobernador del Banco Central. Sin embargo, durante la campaña presidencial, el jefe de la Iglesia había mostrado explícitamente su preferencia por Anastasiades.

Su Beatitud Crisóstomo, "arzobispo de Nueva Justiniana y Todo Chipre", da su opinión sobre todos los asuntos. El prelado es ante todo un hombre de negocios que dirige una Iglesia rica, muy rica. También se comenta que mantiene unas relaciones privilegiadas con Moscú. Una figura ineludible en la isla y sin duda la personalidad chipriota más influyente. Una personalidad que, a la fuerza, suscita pasiones.

"¿Va a visitar al arzobispo?", pregunta riéndose el taxista Panicos, de camino hacia el arzobispado, en el centro de la antigua Nicosia, rodeada de murallas venecianas. "¡Pues tenga cuidado con los anillos! ¡La Iglesia es riquísima, es como la mafia!".

Arzobispo y hombre de negocios

El prelado recibe en el palacio episcopal, un edificio de estilo bizantino con elegantes arcadas, construido en los años cincuenta. El patio está presidido por la estatua de Monseñor Makarios III, ilustre predecesor de Crisóstomo y primer presidente del Chipre independiente en 1959.

Esta mañana, Crisóstomo II recibe al visitante con una simple sotana azul. Bajo la manga forrada de rojo se ve un imponente reloj de oro. Después del ritual del besamanos, que imprime una cierta distancia, el septuagenario de espesa barba gris se muestra cordial. Tras unas gafas de montura fina, se ven unos ojos brillantes y su sonrisa es generosa.

Con respecto al plan de rescate financiero y sus draconianas contrapartidas, que el presidente Anastasiades intenta flexibilizar estos días, Su Beatitud tiene una opinión tajante. "La situación la han creado Alemania, el FMI y el BCE. Han castigado a Chipre". Un sentimiento de injusticia que comparten los ahorradores, muchos de los cuales han visto cómo se esfumaban sus ahorros de la noche a la mañana.

La Iglesia, como corresponde, acude al auxilio de los más desfavorecidos y acaba de abrir una serie de comedores sociales.

La Iglesia hace que la nación se beneficie de sus riquezas, pero con un sentido agudo de los negocios. De hecho, el gran despacho de Crisóstomo, atestado de informes y completado con una gran mesa de reuniones, parece el de un director ejecutivo.

No contenta con poseer infinidad de tierras, la Iglesia de Chipre es la primera accionista de la fábrica que produce la cerveza nacional, Keo. También es accionista de referencia, con hasta un 29 % de acciones, del Hellenic Bank, tercera entidad bancaria del país. "No vamos a abandonarlo", asegura el arzobispo. "Le dijimos la Gobierno que ni lo tocara", añade agitando su barba al reírse. La Iglesia también poseía el 5 % del Bank of Cyprus, la principal entidad bancaria, en plena reestructuración, una cantidad que según confiesa el financiero supremo, se ha perdido.

Vínculos privilegiados con Moscú

La Iglesia alquiló en Pafos, por 1,5 millones de euros anuales, 50.000 metros cuadrados sobre los que unos inversores rusos van a construir un hotel. Supuestamente mantiene vínculos privilegiados con Rusia. Crisóstomo no lo oculta en absoluto. Y cuenta que, cuando el anterior Gobierno quiso pedir a Moscú una ampliación del vencimiento del préstamo de 2.500 millones de euros concedido en 2011, mantuvo "una reunión en Europa con el patriarca ruso, que fue a interceder ante Putin. El presidente Cristofias tenía que llamar a Putin de inmediato. Pero le llamó trece días más tarde". Una ofensa que no gustó nada al Kremlin, comenta el prelado.

Al igual que sus primos ortodoxos de Rusia, Crisóstomo "es muy nacionalista", destaca un observador extranjero. El auge inmobiliario y el crecimiento de los últimos años atrajeron a unos 100.000 inmigrantes rumanos, búlgaros, filipinos o pakistaníes, a la parte griega de la isla, que cuenta con una población de 800.000 habitantes. "Todos son hijos de Dios, no deseo que se marchen", comenta el arzobispo, "pero si no estuvieran, no habría desempleo".

Una Iglesia que resiste a todo

¿Cómo explicar esta intervención permanente en el debate político? La respuesta de Crisóstomo es muy directa: "La Iglesia expresa su opinión porque ha realizado un recorrido de dos mil años". De hecho, la tradición remonta su creación a San Bernabé, contemporáneo de Cristo, que atravesó el pequeño brazo del Mediterráneo que separa Tierra Santa de la isla de Afrodita.

"No se puede intentar comprender la Iglesia de Chipre con referencias occidentales", advierte Andreas Theophanous, profesor de economía en la Universidad de Nicosia y partidario de una salida controlada del euro. "Chipre estuvo sometido a la dominación otomana en el siglo XV, el papa no acudió a nuestra ayuda, porque a cambio pedía nuestra sumisión. Los turcos se dirigieron al arzobispo, que se convirtió de facto en la principal figura política de la isla. La gente entregó sus bienes a la Iglesia para que estuvieran protegidos, así es como se hizo rica", explica el profesor. "Si esta isla ha seguido siendo griega y cristiana, es totalmente gracias a la Iglesia", expone Crisóstomo II.

Los próximos años se presentan difíciles para los chipriotas. La riqueza nacional (el PIB) se hundirá cerca de un 9 % en 2013, según las previsiones de Bruselas. El desempleo superará el 17 % en 2014. Acecha la amenaza de una austeridad al estilo griego. "Todo se hundió en cuestión de semanas", repiten los habitantes de Nicosia, que en muchos casos perdieron de la noche a la mañana la mitad de los ahorros de toda una vida de trabajo. Todo se hundió excepto la Iglesia, edificada sobre su roca chipriota desde hace dos mil años.

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