Domingo, 6 de mayo de 2012. Nicolas Sarkozy acaba de ser reelegido presidente de la República por un 69,3 % de los votos, contra el 30,7 % obtenido por su adversaria, Marine Le Pen, jefa del Frente Nacional (FN).

Son las diez de la noche en la sede central de la Unión por un Movimiento Popular, el partido vencedor. Éste ha reunido a sus allegados, a los elegidos por la mayoría, a los caciques del partido. El ambiente no es muy festivo. En las elecciones legislativas de junio, todo el mundo esperaba un maremoto de los socialistas y del Frente. En pocas ocasiones una victoria habrá tenido un sabor tan amargo.

Seguido de cerca por dos guardaespaldas, Charles Rivkin, el embajador de Estados Unidos, se hace camino entre la multitud hasta llegar al presidente. Luego, los dos hombres se alejan.

Una hora después, ante sus más allegados, el presidente saca del bolsillo una hoja A4 plegada y la coloca sobre la mesa sin decir ni una palabra. En quince centímetros por nueve se despliegan los rasgos de Konrad Adenauer y las formas angulosas de la canciller federal.

"Señores, les presento el nuevo deutschemark. En breve, varios millones de billetes se acumularán en los almacenes de una imprenta de Mecklembourg. El embajador Rivkin lo corrobora: los alemanes van a empezar a imprimir sus propios billetes", anuncia el presidente. Entre el público se extiende un silencio sepulcral que acaba rompiendo el presidente.

"Esto es lo que me ha dicho Rivkin", prosigue el presidente. "Y cito textualmente: "Si los nacionalistas de la CDU y los liberales provocan elecciones anticipadas y logran la mayoría, podemos empezar la cuenta atrás. Al euro no le quedarán ni seis meses antes de estrellarse". Estos locos están haciendo realidad el programa de Le Pen. Podía luchar contra ella. Pero ¿y ahora? ¿Qué quieren que haga? ¡Los liberales, los católicos y los socialistas! ¿Qué más? Me ha costado cinco años poder tocar la espalda a Angela sin que se sobresalte. No puedo hacer que cambien los sondeos alemanes con una varita mágica", afirma nervioso.

"Sea cierto o no, si se da a conocer la noticia, el euro caerá en picado. Y nosotros perderemos el control. No un poco, sino totalmente. No le deseo a nadie que tenga que lidiar con un marrón así. Y menos a mí mismo", prosigue el presidente. "Obama también se juega su reelección con este golpe. Si corre el riesgo de decírnoslo, es que tiene motivos".

Si lo que afirma Rivkin es cierto, si la canciller realmente corre el riesgo de que la derriben antes de las elecciones del otoño de 2013 un grupo de diputados euro-secesionistas, si el presidente quiere salvar la moneda europea, no tendrá otra opción que seguirle la corriente a su "amiga" Angela.

Viernes, 11 de mayo de 2012. 14 horas. Sentado delante del portátil, el corresponsal del Irish Times hojea la enorme revista de prensa europea que prepara cada día la Comisión. Por fin se publica el comunicado tan esperado: "Según el Tribunal Constitucional alemán, el mecanismo de estabilidad del euro infringe la soberanía presupuestaria del Parlamento... Los jueces estiman que la ley del 21 de diciembre de 2011, que ratifica el nuevo artículo 136 del Tratado de Lisboa y el tratado internacional que crea un mecanismo permanente de estabilidad financiera, son en parte contrarios a la Constitución Federal", lee Charles Leesbey en su pantalla.

- ¿Has visto esto, Charles?, le pregunta su homólogo de El País.

- Sí, lo he visto.

- ¿Qué quieren, que salte todo por los aires o qué?

- Puede ser.

- ¿Conociste a Kerber, el tipo que presentó la denuncia?

- Le entrevisté el año pasado en Berlín. Pero mi periódico no quiso saber nada. Lo encontraban "demasiado marginal".

El razonamiento de Markus Kerber, profesor de finanzas públicas de la Technische Universität, y los otros cincuenta demandantes asociados bajo la sombrilla de Europolis era de una gran simplicidad. La noche del 9 al 10 de mayo de 2009, cuando se llegó a un acuerdo sobre Grecia, la Unión Europea pasó a ser un Estado de excepción, no de derecho. Se traicionó"el consentimiento alemán a la europeización de la moneda". Europa pasó de ser una unión de derecho a una unión de transferencia, financiera, se entiende. Este acto de "solidaridad", término que el profesor ponía en duda, constituía un "cheque en blanco" firmado por el contribuyente alemán.

"Nuestro recurso es un recurso contra la violación de los derechos fundamentales, de propiedad y de participación democrática", dijo Kerber a Leesbey. El planteamiento giraba en torno a la violación de la soberanía presupuestaria del Bundestag. La cuestión era pertinente, no sólo en Alemania. En estos tiempos de escasez presupuestaria, los diputados neerlandeses o franceses se peleaban por unos miles de puestos de funcionarios o por la supervivencia de algunos hospitales y, con el mismo contexto de fondo, los Gobiernos se comprometían con varios miles de millones o con cientos de millones de euros a favor de Grecia o Portugal.

Kerber se ha salido con la suya, piensa Leesbey cuando oye el sonido de un SMS en su móvil.

++ Reunión extraordinaria del Ecofin el sábado 12. Llegada de dirigentes desde las 11 am. Reunión informativa el viernes a las 6 pm ++

Otro fin de semana que tendrá que pasar en el edificio Juste Lipse, delante de la pantalla de su ordenador.

Continuará...