Eloi Laurent: «Es posible salir del caos climático mediante la justicia social y la salud»

Por primera vez, la problemática salud-medioambiente será tratada durante las negociaciones climáticas. Es necesario llevar a cabo una transición hacia el bienestar y hacia una mayor justicia social, según el economista Eloi Laurent, para quien los mecanismos que lo hacen posible ya existen. Demostración.

Publicado en 4 noviembre 2021 a las 10:00

Voxeurop: ¿La COP26 es la conferencia de la «última esperanza», como ha afirmado su presidente, Alok Sharma?

Eloi Laurent: Me parece inútil e incluso contraproductivo dramatizar excesivamente: si la COP26 resulta ser un fracaso geopolítico, será necesario continuar con las discusiones y las negociaciones climáticas. El clima es un bien público que concierne a todos y cada fracción de grado cuenta. Tras el fracaso de Copenhague en 2009, fuimos capaces de construir la victoria de París en 2015. La verdadera pregunta es: ¿de qué tenemos que hablar para poder avanzar? Lo que yo pienso es que es necesario poner en el centro de la discusión mundial dos temas sumamente importantes: la justicia y el bienestar, y más precisamente la salud.

Es, de hecho, el mensaje esencial del informe del IPCC de agosto pasado: existe un camino para salir del caos climático, que pasa, esencialmente, por el abandono del paradigma del crecimiento y la reducción de las desigualdades entre, y al interior de, los países. Se trata de dos transiciones: una transición hacia un mayor bienestar y una transición hacia una mayor justicia social. Estas dos transiciones están interrelacionadas: el abandono de las energías fósiles implicará beneficios considerables en términos sanitarios, pero es necesario que la reducción de las emisiones de lujo (aviones, vehículos de lujo, etc.) financien la reducción de las emisiones esenciales (alimentación, calefacción, movilidad laboral). Esto es perfectamente posible en el marco de un sistema fiscal socioecológico progresivo.

¿De que se trata lo que usted ha decidido llamar «transición equitativa», que respondería al desafío de armonizar la reducción de las desigualdades sociales con la necesidad de que haya una justicia climática? 

Junto a algunos colaboradores belgas, hemos intentado dar una definición clara y operacional de la transición equitativa, la cual, desde nuestra perspectiva, merece ocupar un rol central en el Pacto Verde Europeo. Con todo, la transición equitativa no se limita a compensar socialmente a los trabajadores de las energías fósiles, como es el caso del Mecanismo para una Transición equitativa. Para nosotros, la transición equitativa debe ampliarse e incluir tres exigencias: analizar sistemáticamente las políticas que pretenden atenuar las consecuencias del cambio climático bajo la lupa de la justicia social; priorizar, en la concepción de las políticas de transición equitativa, el bienestar humano antes que el crecimiento económico y, finalmente, lo más importante, construir y aplicar estas políticas de transición equitativa de modo democrático.

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Hay, en el corazón de la transición equitativa, una articulación esencial entre crisis ecológica y desigualdades sociales entre, y al interior de, los países. Esto es lo que, junto con otros treinta investigadores, hemos tratado en una publicación reciente. Avanzar hacia la justicia climática supone lograr una comprensión aguda de los problemas y la concepción de las políticas. Es lo que vemos, hoy en día, en distintos trabajos. Podríamos, así, en la COP26, poner en el centro del debate el principio de justicia que debe regir la asignación del presupuesto de carbono. Igualmente, en cada país, este principio debe regir los criterios y las políticas de reducción de las emisiones de gases de efecto invernadero.

¿Cómo se deben aplicar, y a qué nivel? ¿Por dónde comenzar? 

Es necesario avanzar, en todos los niveles al mismo tiempo, desde el plano nacional hasta el plano internacional, pasando por el nivel europeo. Hay decenas de proposiciones en el nuevo informe de la Comisión Independiente para la Igualdad Sostenible. Por ejemplo, construir una verdadera protección socioecológica europea para hacer frente a las consecuencias del cambio climático en los próximos años.

Hay una paradoja entre la inercia aparente de las negociaciones internacionales y la abundancia de las iniciativas nacionales y locales, pero es necesario anclar estas iniciativas en una transición socioecológica europea, aprovechando la posibilidad que constituye el Pacto Verde, cuyo contenido y orientación hay que determinar. Está claro que no puede tratarse simplemente de una «nueva estrategia de crecimiento».


«La economía orientada hacia el bienestar es una revolución en el sentido de un retorno al origen: se inscribe en la historia misma de Europa. Cuando los americanos inventaban el PIB, ¡los europeos ya estaban desarrollando la protección social!»


¿Europa dispone de los medios necesarios? ¿Nos acercamos a la transición prevista por el Pacto Verde Europeo?

El Pacto Verde es un umbral prometedor: es la primera vez que una potencia mundial se compromete a condicionar todas sus políticas a una trayectoria de desarrollo sostenible. Lo que hay que hacer es despojar al Pacto Verde del yugo del crecimiento. El proyecto europeo es, en esencia, un proyecto de paz. Repensar la paz europea hoy en día es apaciguar las sociedades de Europa, reduciendo las desigualdades y reconciliándose con la biosfera en lugar de «hacerle la guerra», centrándose en el aspecto sanitario. La economía orientada hacia el bienestar es una revolución en el sentido de un retorno al origen: se inscribe en la historia misma de Europa. Cuando los americanos inventaban el PIB, ¡los europeos ya estaban desarrollando la protección social!

El vínculo entre la salud y el medioambiente, central en sus últimos trabajos, será tema de debate en Glasgow. ¿Cuáles son sus expectativas? ¿Es posible que tenga efecto dinamizador?

Estamos viendo por primera vez que este tema se discute en las negociaciones climáticas, lo que es evidentemente un efecto de la crisis del COVID-19. Las iniciativas en torno a la problemática salud-medioambiente se multiplican, como lo vemos, por ejemplo, en el informe de la OMS publicado para la COP26 —«El argumento sanitario para combatir el cambio climático»—, acompañado de un llamamiento de 45 millones de profesionales de la salud que recomiendan ir hacia «reordenamiento climático», en el lanzamiento del Lancet Countdown Europe o en el nuevo observatorio europeo ECHO.

La noción central aquí son los beneficios de llevar a cabo múltiples iniciativas centradas simultáneamente en la salud y en el medioambiente, lo que funciona como un aliciente muy poderoso para los países, determinados a atenuar las crisis ecológicas por el bienestar de su población, independientemente de lo que hagan los demás. Por ejemplo, Francia debe reducir la contaminación del aire sea cual sea la determinación de China a reducirla en su país. Lo mismo ocurre con la calidad de la alimentación, la protección contra las olas de calor y las inundaciones o la disminución de la precariedad energética.

La COP26 puede ser un éxito o un fracaso, pero ya contamos con todos los mecanismos para construir una economía orientada hacia el bienestar... ¡Solo debemos usarlos!


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