Datos Covid y medio ambiente

Covid-19: la pandemia del plástico

En principio, el periodo 2020-2021 en Europa iba a marcar un hito en la lucha contra los residuos plásticos, uno de los problemas más urgentes de nuestro siglo, pero la llegada del nuevo coronavirus con sus mascarillas, guantes y embalajes anticontagio amenaza con hacernos dar un paso atrás.

Publicado en 17 junio 2021 a las 13:48

Las mascarillas, ya sean en la barbilla o colocadas correctamente, que se distribuyen generosamente en colegios y lugares de trabajo y cuyo precio está regulado, se han convertido en una constante en la vida de miles de millones de personas. Una ráfaga de viento o una distracción pueden hacer que se dispersen por el medioambiente. Ya en los primeros meses de la pandemia, cuando muchas personas aún no podían acceder a ellas, se convirtió en un residuo común en playas y océanos.

Sin embargo, los equipos de protección (no solo las mascarillas, sino también los guantes, delantales o pantallas) solo son uno de los factores que han originado un aumento drástico del consumo de plástico durante la pandemia.

Además del uso de envases ligeros, las compras en línea y las precauciones higiénicas también han causado un aumento de los desechos sanitarios. Mientras tanto, los meses de confinamiento han afectado gravemente a la cadena de reciclaje y el colapso del precio del petróleo que se necesita para producir nuevos plásticos se ha encargado del resto.

El 2021 debería haber marcado un punto de inflexión para Europa. En julio se implementará la famosa directiva que limita los plásticos de un solo uso como parte de un ambicioso plan de transición hacia una economía circular. No obstante, ha sido el año en que las personas se dieron cuenta de su peligrosa dependencia de los plásticos, especialmente de los desechables.

Mascarillas por doquier

Nadie sabe con seguridad la cantidad de equipos de protección individual (EPI) que se han utilizado desde la llegada de la covid-19. Lo que sí se sabe es que el volumen de ventas de mascarillas se ha multiplicado por 200, y ha pasado de 800 millones a 166 000 millones de dólares en un año.

Hace unos meses, los investigadores estimaron que en 2020 se usarían unos 129 000 millones de mascarillas al mes, sin contar con otros tipos de EPI (guantes, pantallas faciales, delantales), cuya cifra es más baja pero igualmente llamativa. La duración de la crisis y la obligación de uso de la mascarilla en cada vez más países ha originado que esta estimación se considere incluso optimista: estudios más recientes hablan de 7000 millones de EPI diarios en el mundo, 210 000 millones al mes. En consecuencia, el continente europeo consume aproximadamente mil millones al día. En términos de peso (una mascarilla pesa unos 3 gramos), solo en la UE se desechan a diario unas 1600 toneladas de mascarillas.

Siguiendo este mismo orden de magnitud, podemos estimar que en un año, la UE utilizó aproximadamente medio millón de toneladas de mascarillas: una cifra que corresponde casi al 8 % del plástico que acabó en los vertederos en los últimos años (7,25 millones de toneladas en 2018). Si todas las mascarillas terminasen en vertederos —de hecho, la mayoría se incineran—, solo este producto sería suficiente para llevarnos de nuevo a los niveles de hace 10 años.

Paradójicamente, el material principal de las mascarillas es el polipropileno, un material reciclable. No obstante, no pueden entrar en la cadena de selección de residuos para así minimizar el riesgo de contagio.

Asimismo, dada su ligereza, es inevitable que algunos de los EPI terminen dispersándose en el medio ambiente, lo que supone un riesgo tanto sanitario como ambiental. Según un informe realizado por WWF y publicado durante la primera ola, si el 1 % de las mascarillas acabase por accidente en el medioambiente, esto supondría 10 millones de toneladas al mes propagadas por campos, bosques, ríos y mares. De hecho, el documento calcula que la proporción de residuos desperdigados es de un 2 % en los países del Norte global. Por lo tanto, estamos hablando de entre 16 y 32 toneladas diarias solo en la Unión Europea.

Ya en los primeros meses de 2020 era normal ver mascarillas en las playas del Pacífico que habían llegado arrastradas por las corrientes. Desde entonces, la cantidad no ha hecho más que aumentar. Suelen flotar, aunque las más pesadas se hunden o se quedan suspendidas a cualquier profundidad. Los científicos ya han observado tiburones, tortugas, mamíferos marinos y aves que las han ingerido enteras, y otros muchos organismos mueren por los elásticos de los extremos. Como todos los plásticos que acaban en el mar, tarde o temprano se fragmentarán en microplásticos (concretamente en microfibras), y podrían extenderse por todos los niveles de la cadena alimentaria y convertirse en poco tiempo en el principal desperdicio en los océanos, de acuerdo con varios científicos. Algunos terminarán en los sedimentos marinos y es posible que dejen testimonio de la pandemia para las próximas eras geológicas.

El nuevo auge del envasado

Durante años, la mayor parte de los desechos plásticos estaban compuestos por envases, y en la Unión Europea los embalajes suponen el 40 % de la demanda de plástico total. Este tipo de residuo, a pesar de las numerosas iniciativas para limitar su uso, ha crecido inexorablemente durante estos últimos años. El plástico utilizado para los envoltorios (el segundo tipo de material después del papel y el cartón) creció una media de un 2 % anual, superando los 14 millones de toneladas en 2019 tras el bloqueo causado por la crisis económica de 2008.

Ahora, tras la pandemia, el uso de embalajes plásticos seguirá aumentando. Los años de concienciación contra los envoltorios excesivos, especialmente en el sector alimenticio, no han servido de nada ante el miedo al virus. Y de todos los posibles materiales, el plástico se ha convertido en la solución favorita porque se percibe (más errónea que acertadamente) como más "aséptico" e higiénico.

No obstante, el crecimiento más significativo probablemente se deba al increíble avance del comercio en línea. Según el periódico Vox, las ventas digitales aumentaron un 71 % en el segundo trimestre de 2020 y un 55 % en el tercero.

El índice de crecimiento anual del sector de los embalajes, según la consultora Markets and Markets, se mantendrá en un 5,5 % mundial, es decir, 100 000 millones de dólares más que en 2019. No es de extrañar que los embalajes higiénicos y sanitarios, así como las compras en línea sean los causantes de este crecimiento. Es difícil saber cuántos desechos se van a generar, pero podemos apostar que las cifras no serán pequeñas.

El auge de los desechos médicos

Como es de imaginar, los residuos del sector sanitario han aumentado drásticamente desde el inicio de la pandemia. Además de los residuos hospitalarios, los desechos domésticos generados por personas en cuarentena también han contribuido a aumentar estas cifras. En Wuhan, en los primeros meses de 2020 hubo seis veces más residuos que el año anterior. Los países europeos también experimentaron un aumento similar poco después. De acuerdo con el estudio mencionado previamente, actualmente se producen 70 000 toneladas de desechos sanitarios en todo el continente europeo. A la Unión Europea le corresponden unas 40 000, es decir, se han generado seis o siete veces más desechos que en tiempos prepandemia.

A pesar de este incremento tan notable, parece que los desechos están bajo control (al menos en Europa), porque se concentran en instalaciones concretas o se incineran bajo condiciones controladas. No se puede decir lo mismo de muchos países del hemisferio sur, que ya tienen dificultades para deshacerse de los residuos. En muchos casos, la gran cantidad de desperdicios ha causado que estos acaben en vertederos al aire libre, con los riesgos a la salud pública y al medioambiente que conllevan.

El reciclaje durante la crisis

Al mismo tiempo que la demanda de plástico crecía durante los meses más duros del confinamiento, el complejo dispositivo de tratamiento de residuos estaba prácticamente paralizado. Por otro lado, el precio del petróleo cayó a mínimos históricos, así que producir plástico virgen se convirtió en algo extremadamente rentable. La situación de la cadena logística de reciclaje en Europa era tan mala que Tom Emans, presidente de la asociación industrial Plastics Recyclers Europe, dijo que sin medidas a nivel europeo, toda la industria de reciclaje de la UE corría el riesgo de dejar de funcionar.

Según una encuesta realizada por Reuters, la demanda mundial de plásticos reciclados cayó más de un 20 % en la primera mitad de 2020.

A falta de información sobre todo el periodo, podemos hacernos a la idea del impacto de la pandemia mirando los datos proporcionados en el informe "La Italia del reciclaje" realizado por Unione Imprese Economia Circolare. En el documento se recoge que, entre marzo y mayo de 2020, el 53 % de las empresas y consorcios involucrados en la cadena de tratamiento de residuos informaron de una reducción de más de un 20 % en la recogida de residuos reciclables. Entre mayo y agosto, la disminución correspondía aún al 10 %.

Afortunadamente, este aspecto de la crisis resultó ser temporal, y los datos volvieron a la normalidad en la segunda mitad del año.

La responsabilidad de la covid en su justa medida

A pesar de estas impactantes cifras, todavía es pronto para afirmar en términos absolutos si los plásticos generados por la pandemia realmente afectarán las tendencias a largo plazo. La última década se ha distinguido por los esfuerzos para reducir el consumo de plástico en al menos 127 países, incluyendo leyes, prohibiciones y programas de sensibilización. Estas iniciativas están reduciendo significativamente el porcentaje de plástico que termina en vertederos o, aun peor, directamente en el medioambiente. Aun así, la producción de polímeros está creciendo tan rápido que, en términos absolutos, las cifras siguen creciendo. Y el plástico se conserva durante décadas.

A este ritmo, se estima que para 2050, el 99 % de las especies de aves marinas habrán ingerido plástico, lo que supondrá que estará presente en todos los ecosistemas del planeta.

La Unión Europea, que ha adoptado una estrategia ambiciosa para transitar hacia una economía circular, es quizás la entidad política que más ha hecho para resolver este problema. Pese al aumento general de residuos, entre 2006 y 2018 el porcentaje de plástico utilizado por los ciudadanos y que terminaba en vertederos ha disminuido un 44 %; de 12,9 a 7,25 millones de toneladas. Sin embargo, parte de este éxito se debe a la exportación de materiales reciclables a otros países, donde no se siempre se garantizan los mismos estándares. China, uno de los mayores compradores de residuos, cerró sus puertas en 2017, y muchos otros países podrían seguir su ejemplo. Además del aspecto ético, existe una enmienda de la Convención de Basilea sobre el control de desechos por la que desde enero de este año los criterios para exportarlos son mucho más exigentes. Es posible que esta medida minimice los aciertos de los que se presumían hasta ahora, y por ello se debe trabajar con más urgencia para solucionarlo.

El legado de la pandemia

Más allá de las cifras, el plástico producido por la covid-19 ha dejado claro que nos hallamos en una encrucijada. Por un lado, las presiones para reducir o eliminar las regulaciones contra el plástico se han multiplicado durante la crisis. En muchos casos estos intentos han dado sus frutos. En un principio, la directiva de plásticos de un solo uso también corrió el riesgo de posponerse o moderarse, aunque finalmente ha permanecido intacta.

Por otro lado, muchos piensan que la experiencia con la covid-19 puede enseñarnos a cambiar el ritmo. De acuerdo con un estudio publicado en la revista científica Science of the Total Environment, la pandemia debería habernos instado a poner en práctica estrategias de control del plástico con más convicción. Así y todo, los esfuerzos deben provenir de todas las fases del sector, empezando por el diseño. Los nuevos productos deberían concebirse para facilitar su reciclaje y reutilización desde un principio. Para incentivar el uso de plásticos fabricados sin combustibles fósiles se podría investigar más sobre el bioplástico, que actualmente no puede considerarse una alternativa. Las mascarillas, guantes y pantallas faciales podrían fabricarse con estos materiales.

Está claro que las estrategias para el tratamiento de residuos deben ser más flexibles y ser capaces de lidiar con los imprevistos que puedan surgir a escala global (no necesariamente una pandemia).

Otro aspecto fundamental respaldado por todos los investigadores es la concienciación pública. Con todo, a menudo se tiende a culpar a los consumidores de todo lo que la industria y la esfera política no quieren hacerse cargo. Si bien es cierto que la industria de polímeros está invirtiendo más que antes en plástico reciclado, sigue invirtiendo aún más en plástico virgen debido a una demanda que no deja de crecer.

"Los consumidores deberían optar por alternativas sostenibles, y al mismo tiempo las industrias deben poner estas opciones a disposición. Los gobiernos tienen la capacidad de fomentarlo o imponerlo", explica la investigadora Joana C. Prata del Centro de Estudios Ambientales y Marinos de la Universidad de Aveiro, Portugal.

Un acontecimiento como una pandemia tiene mucho que contarnos en un mundo donde los cambios se producen rápidamente y arrasan el planeta en poco tiempo. Pero tenemos que ser capaces de escuchar.


La estrategia europea para los plásticos

En 2018, la Comisión Europea presentó la Estrategia Europea para el Plástico. Las medidas de este plan incluían la mejora de la cadena logística y de valor de los plásticos reciclados, la reducción de residuos (sobre todo en los océanos y de los plásticos de un solo uso), así como el apoyo a iniciativas mundiales y multilaterales para reducir el consumo de este material. El programa marcó el objetivo de garantizar que para el 2030 todos los embalajes de plásticos en la UE se reciclen o se reutilicen. En septiembre de 2018, el Parlamento Europeo fomentó la estrategia mediante la petición de introducir unos requisitos mínimos para los plásticos reciclados en los productos europeos, unas referencias de calidad estrictas y requisitos legales para reducir los microplásticos.

👉 Artículo original en OBC Transeuropa.

Este artículo es una asociación con European Data Journalism Network.


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