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El imperialismo ruso, la infección viral crónica de Georgia

Para muchos georgianos, las heridas de la guerra ruso-georgiana de 2008 se han reabierto desde la invasión de Ucrania, lo que dificulta la convivencia con los más de 100.000 rusos que han huido a Georgia. También se está extendiendo la frustración y la ira contra el gobierno, que sigue haciendo negocios criminales con Rusia, explica el autor georgiano Davit Gabunia.

Publicado en 25 agosto 2022 a las 12:24
Advertencia: Mientras escribo este artículo, el terror ruso arrasa Ucrania, matando a personas todos los días. Me avergüenzo de que cada una de mis palabras no inste a poner fin de inmediato a esta atrocidad.

Por regla general, los veranos en Tiflis son extremadamente calurosos, pero, por algún motivo, mis obras más destacadas las he escrito en verano y, además, en Tiflis. Ahora, he vuelto a elegir una cafetería en un jardín aislado del ruido de tráfico, con pocos clientes, por la mañana. Por la tarde, con el calor sofocante, las madres se traen a sus hijos para relajarse a la sombra y disfrutar del frescor que ofrece el jardín.

Eso es exactamente lo que sucedió ayer: una joven de cabello claro entró con sus dos hijos de unos 10 y 12 años. Pidió helados para los niños, un café con hielo para ella y luego le preguntó a la camarera la contraseña del Wi-Fi. Así fue cómo acabó mi jornada tranquila en mi cafetería favorita. 

Con su inglés con acento georgiano, la camarera le dijo con calma que la contraseña era StandwithUkraine (Apoyo a Ucrania). En cuestión de segundos, esa madre con aspecto respetable se convirtió en un monstruo mítico y empezó a gritar y a maldecir en ruso, un idioma que, por desgracia, conozco muy bien. Al parecer, la camarera, al no saber ruso, no logró entender cuál era el problema. La mujer pasó a un estado de histeria, gritando que todo el mundo la entendía a la perfección, pero que se negaba a hablar con ella en ruso porque todos eran rusófobos. 

Así es la vida en Georgia mientras la sangrienta guerra arrasa Ucrania. Según las cifras publicadas por el Ministerio del Interior de Georgia, 93 865 ciudadanos rusos llegaron a Georgia en marzo y abril. Desde entonces, no se han actualizado las cifras, pero basta con dar un paseo por las calles de ciudades georgianas para sentir que estamos en una de las provincias rusas. En el centro de la capital solo se escucha ruso. Al principio, los rusos eran discretos e incluso llevaban banderas ucranianas en los bolsos y en la ropa, como para demostrar su lealtad, aunque podrían haberlo hecho solo por su propia seguridad. 

¿Cómo ha afectado la guerra de Ucrania a Georgia? La influencia es enorme y compleja, imposible de describirla en un artículo breve. Aun así, lo intentaré: ante todo y, en primer lugar, la invasión rusa de Ucrania ha hecho aflorar los recuerdos de la guerra de 2008 entre Georgia y Rusia. Por insensible o brutal que pueda parecer, la sangre derramada por mi primo de 19 años que murió en la guerra, no me permite usar un término más políticamente correcto para ese evento trágico que no sea “guerra”. Por ello, la despiadada invasión de Ucrania ha hecho revivir la guerra de agosto de 2008 en la memoria colectiva de mis conciudadanos. Ha hecho resurgir un trauma aún reciente que no se puede ocultar ni erradicar, aunque parezca ser una de las principales estrategias de nuestro Gobierno. 


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Por ingenua que pueda parecer mi opinión, cuando uno vive en su país sin deseo de mudarse a otro lugar, como es mi caso, cuando uno ama su país natal, cada paso dado en la dirección incorrecta deja una profunda cicatriz y causa un dolor insoportable. Esto puede explicar mi tono en cierto modo afectado, derivado de la sensación de impotencia total cuando todo lo que puedo hacer es asistir a protestas ocasionales en la capital, cuando mi destrozado sistema nervioso tiene que ser testigo de cómo los que tienen la responsabilidad de actuar, concretamente el Gobierno georgiano, no hacen nada al respecto.

Esta vez ha sucedido lo mismo. Miles de georgianos tomamos las calles, mientras las autoridades georgianas, cuyos líderes formales o informales tienen intereses de negocios delictivos en Rusia, no hicieron nada sino declaraciones vergonzosamente prudentes. A veces, incluso dejan a un lado la prudencia, lo que nos obliga a pedir perdón públicamente y claramente a los ucranianos por tener un Gobierno tan lamentable. Pero, ¿acaso eso sirve de consuelo a los que escuchan las sirenas varias veces al día, sin saber si lograrán llegar a tiempo a los búnkeres para ponerse a salvo?

Volvamos a los hechos expuestos: los rusos llegaron a Georgia en masa y, aunque al principio se presentaron como refugiados políticos del régimen de Putin, hoy es obvio que entre ellos hay muy pocos refugiados de verdad. La mayoría huye de la incomodidad que han generado las sanciones europeas y estadounidenses. ¿Por qué no? ¿Acaso los rusos no han considerado Georgia, desde los tiempos del Imperio Ruso, como un país exótico y soleado con paisajes maravillosos y gente algo indómita, un país al que nunca consideraron digno de independencia?

Para ellos, era una pequeña colonia a la que habían llevado la civilización, salvando a la población de otras amenazas a finales del siglo XVIII. Por ello, no es de extrañar que hoy haya rusos, nutridos por los estereotipos sobre los georgianos de Pushkin, Lermontov y otros escritores, que griten a los jóvenes georgianos por no hablar ruso y les tachen de rusófobos.

Sería un error considerar mi ejemplo una exageración. En la actualidad, en Georgia es bastante habitual que los rusos que "han escapado del régimen de Putin" adquieran propiedades, registren negocios y, sobre todo, exijan descaradamente que no se les recuerde los eventos que están sucediendo en Ucrania. Parecen no ser conscientes de ellos, ni estar especialmente preocupados por la guerra en curso.


O el Gobierno en funciones deja a un lado sus vínculos e intereses rusos, su retórica abiertamente prorrusa y emprende acciones en la dirección correcta, o bien nos quedaremos estancados donde hemos estado durante más de doscientos años: en la cloaca del Gran Imperio Ruso


Ahora, me gustaría volver atrás en el tiempo, a una época mucho anterior al inicio de la guerra. Cuando hablaba con mis compañeros europeos sobre la relación entre Georgia y Rusia, sobre todo de Alemania y Francia, siempre noté su actitud escéptica. Sentía su mirada dudosa, como insinuando que era rusófobo, como si fuera presa de la paranoia, porque las cosas que describía no eran tan malas en realidad. Soy plenamente consciente de que es casi imposible explicar la complejidad de esas relaciones a una persona que no esté familiarizada con el contexto. 

Un par de conversaciones no bastan para convencer a alguien de que Georgia fue una colonia del Imperio Ruso tras 1801 (y "colonia" es el término exacto). ¿Cómo describir entonces la lucha durante un siglo para conservar nuestro propio idioma, que no solo no tiene nada ver ni con el ruso ni con otras lenguas eslavas, sino que ni siquiera pertenece al grupo indoeuropeo? Seguramente el mundo habrá oído decir a Rusia que el ucraniano no es un idioma independiente, sino un dialecto del ruso. Como hablante de ruso, puedo afirmar con rotundidad que el ucraniano es una lengua por derecho propio, un idioma contra el que el Imperio ha estado tanto tiempo luchando infructuosamente. 

Cuando Rusia invadió Ucrania en febrero, muchos europeos que hasta entonces habían sido escépticos comenzaron a ver la verdad. Admitieron que Rusia supone una auténtica amenaza para el mundo y que yo no padezco de rusofobia. Es trágico que necesitaran una catástrofe humanitaria de esta magnitud para convencerse, que tuvieran que ver la impactante cantidad de víctimas para reconocer la verdad.

En Georgia se plantea un momento decisivo. Para ser candidato a la adhesión a la Unión Europea, el país debe cumplir una gran variedad de requisitos y demandas. Mi país se enfrenta a una elección crucial. O el Gobierno en funciones deja a un lado sus vínculos e intereses rusos, su retórica abiertamente prorrusa y emprende acciones en la dirección correcta, o bien nos quedaremos estancados donde hemos estado durante más de doscientos años: en la cloaca del Gran Imperio Ruso.

Asumo total responsabilidad por haber elegido una palabra tan vulgar. De hecho, he intentado contener mi indignación, ira y furia, evitar volcar mis emociones en el papel, para asegurarme de que este artículo sea lo más apacible posible. De lo contrario, habría sido un lamento continuo de desesperanza y tristeza sin ningún contenido significativo. 

Estoy escribiendo este artículo en julio de 2022. De nuevo, Georgia sufre por culpa de Rusia, como si fuera una enfermedad viral crónica de la que no puede recuperarse totalmente. Pero es posible controlar esta dolencia con el tratamiento correcto. Mientras escribo que la contraseña del Wi-Fi es "StandwithUkraine" en una cafetería en Tiflis, están muriendo personas en Ucrania. Es todo lo que puedo hacer. Lo siento, Ucrania.     

En asociación con S. Fischer Stiftung

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