El PIB no trae la felicidad

Un año después del comienzo de la crisis económica mundial, una comisión presidida por el premio Nobel de economía Joseph Stiglitz preconiza una nueva medida del crecimiento que tendría más en cuenta el bienestar de la población, una medida que Francia pretende que adopten sus socios europeos.

Publicado en 15 septiembre 2009 a las 15:02

La fecha en la que se ha presentado a Nicolas Sarkozy elinforme de la Comisión sobre la medida del rendimiento económico y del progreso social no es producto del azar: el lunes, 14 de septiembre, es decir, un año después del hundimiento del banco americano Lehman Brothers, un suceso que precipitó la crisis mundial, y unos días antes del G20 de Pittsburgh y de la asamblea general de las Naciones Unidas, donde los jefes de Estado intentarán acordar las nuevas reglas del juego económico.

En su discurso de apertura de la conferencia internacional organizada el lunes en la Soborna para la presentación oficial del informe, el jefe de Estado ha apelado a una revolución estadística para «salir de la religión de la cifra». Sarkozy pretende defender también este mensaje en Pittsburgh y ante Naciones Unidas. El informe, dirigido por Joseph Stiglitz, Amartya Sen, galardonados con sendos premios Nobel de Economía y Jean-Paul Fitoussi, presidente del Observatorio Francés de Coyunturas Económicas (OFCE), propone el desarrollo de nuevos instrumentos de medida de la riqueza de las naciones.

La idea clave de trabajo es poner mayor énfasis en la medida del bienestar de la población y no tanto en la producción económica. De este modo, en lugar de centrarse en el producto interior bruto (PIB), se dará mayor importancia al producto nacional neto (PNN), que tiene en cuenta los efectos de la depreciación del capital en todas sus dimensiones, tanto natural, como humana, etc. Y en definitiva, se pondrá fin a las aberraciones del PIB: por ejemplo, esta cifra aumenta cuando se producen catástrofes naturales por los gastos de reconstrucción en los que se incurren, pero no se contabiliza el coste de la catástrofe en sí misma.

Sostenibilidad

Cuando Sarkozy anunció en febrero de 2008 la creación de la comisión, compuesta por una veintena de expertos mundiales, aspiraba a lograr tres objetivos: primero, reconciliar a los franceses y en un contexto más extendido a los ciudadanos del mundo, con las estadísticas que, según ellos, reflejan incorrectamente la realidad de sus vidas diarias, segundo, hacer frente a la urgencia ecológica y por último, ofrecer a los políticos los instrumentos de medida pertinentes para actuar. Las «doce recomendaciones» de la comisión confirman que los sistemas contables actuales no son adecuados y que no han servido de alerta ante la crisis: «Si los instrumentos de medida en los que basamos las acciones están mal diseñados o se interpretan incorrectamente, es como si estuviéramos ciegos».

Los expertos insisten en la necesidad de no dar prioridad al corto plazo, sino centrarse en el concepto de «sostenibilidad», es decir, la capacidad de la economía de mantener en el tiempo el bienestar de la población. Por ello, hay que actuar. Y no tiene sentido que sólo Francia modifique su contabilidad nacional: el cambio debe ser internacional. Se han programado una serie de reuniones a partir de otoño entre responsables de institutos estadísticos: el Fondo Monetario Internacional (FMI), la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE), Insee, Eurostat, etc. Pero se corre el riesgo de perder mucho tiempo en la armonización. Según varios miembros de la Comisión, entre ellos el economista francés Jean Gadrey, el debate no debe quedarse entre los expertos. De ahí la voluntad de lanzar un debate público en la línea de la organización del Grenelle del Medio Ambiente, para hacer partícipe a la sociedad civil.

ÍNDICE DE BIENESTAR

El infierno de los italianos

La prensa europea parece haber recibido positivamente el informe de Stiglitz, aunque con algunas advertencias. Según indicaFT, “El PIB está plagado de imperfecciones. …Mientras el PIB de Estados Unidos crecía en las últimas tres décadas, los ingresos se estancaban o descendían en la mitad inferior de la población. Y estaríamos mejor si pudiéramos prescindir de ciertas producciones, como por ejemplo, la de armas». Sin embargo, advierte que el PIB no debe “descartarse como una medida general de “felicidad”. Eso repetiría el deseo erróneo de que un número capture todo lo importante”. El columnista de La Stampa Massimo Gramellini se declara “entusiasta”, pero admite lo siguiente: “como italiano, temo que con las nuevas normas nos hundamos en el infierno. Nuestro PIB ya debe estar despojado del fraude fiscal, que representa otro PIB. Si tuviéramos que dar cuenta de las experiencias de los que viajan de una ciudad a otra o solicitan un documento en una institución pública, nuestra participación en el G20 se limitaría a la del servicio de restauración. A menos que los economistas incluyan en los indicadores de bienestar la anarquía y la impunidad… en cuyo caso seríamos una superpotencia».

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