Ideas Madeleina Kay sobre el Brexit desde el Reino Unido

“Entre el Brexit y la covid-19, me siento atrapada en esta isla”

Madeleina Kay, una artista británica y activista proeuropea también conocida como EU-Supergirl, nos cuenta que se siente a la vez horrorizada y preocupada ante la manera en la que el gobierno británico ha manejado la pandemia de covid-19 y las actuales negociaciones del Brexit. Madeleina había hecho campaña sin descanso contra el sumamente perjudicial voto a favor del Brexit, y ahora se siente impotente, atrapada y extremadamente preocupada por el futuro de su país.

Publicado en 7 diciembre 2020 a las 18:48

Tras tres años y medio de estancamiento político, drama y caos en el Reino Unido, el Brexit finalmente se “materializó” el 31 de enero de 2020. Boris Johnson apenas ganó el 43,6% del voto popular, sin embargo, según el sistema británico de escrutinio mayoritario uninominal, esto bastaba para declarar una victoria contundente, lo que permitió la aprobación de su acuerdo y “terminar el Brexit” (“Get Brexit Done”). Este lema, concebido meticulosamente por los astutos consejeros políticos de Johnson, le ayudó a ganar el voto de los británicos que ya estaban hartos y frustrados por el eterno y tedioso Brexit.

Sin embargo, el timo más grande de esta promesa electoral es que ya ha transcurrido un año pero el Brexit aún está lejos de acabarse y su verdadero impacto no comenzará a sentirse hasta después del 31 de diciembre, cuando el periodo de transición finalice. Muchos de aquellos que votaron inconscientemente por el Brexit no entenderán realmente las consecuencias de la salida de la UE hasta que vivan en carne propia las innecesarias complicaciones burocráticas y los costes financieros.

Como persona joven que votó por permanecer en la UE, al igual que un 80% de la gente de mi edad, no solo me preocupan los costes financieros, sociales, políticos y ambientales, sino también las oportunidades perdidas: un financiamiento y libertades que se les concedieron a británicos de más edad que votaron para quitarles esos derechos y privilegios a las jóvenes generaciones. ERASMUS+ es el programa más popular de la UE. Esto lo he visto con mis propios ojos al compartir mi “Cartel de 24 razones para quedarse”. La razón que recibe más “me gusta” es ERASMUS+, y muchos de mis seguidores comparten en los comentarios historias personales de experiencias de desarrollo que solo fueron posibles gracias al financiamiento de la UE.

Como hija de dos profesores universitarios, estoy muy consciente del impacto que el Brexit tendrá en las instituciones educativas británicas más prestigiosas del mundo. Después de todo, las investigaciones académicas dependen del intercambio de conocimientos entre fronteras. Ahora los financiamientos se están retirando, las asociaciones transnacionales están quebrantadas, el personal de la Unión Europea se está yendo y han disminuido las solicitudes de estudiantes europeos. También, en mi caso personal, estoy preocupada por la pérdida de la financiación de las artes, y de oportunidades para colaboraciones culturales internacionales. De hecho, hace poco tuve una experiencia un poco irónica. Pregunté sobre una residencia artística en Berlín con el tema “Voces de la migración” y me dijeron que solo estaba abierta para artistas de la UE y del EEE.

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Junto con millones de partidarios del Remain [permanecer], hice lo mejor que pude para evitar una tragedia política durante la ventana de oportunidad que tuvimos entre el 24 de junio de 2016 y el 31 de enero de 2019 y exigí un segundo referéndum. Los medios de comunicación británicos nos menospreciaban a menudo por “no ser democráticos”, pero después de que la Junta Electoral declaró que la campaña del Leave [salir] había violado la ley, adopté un punto de vista bastante escéptico sobre lo corrupta y manipulable que nuestra supuesta democracia británica es en realidad.

Me encantaría adoptar un optimismo imprudentemente arrogante, al estilo de Johnson, sobre las futuras perspectivas del Reino Unido fuera de la UE, pero soy realista y no creo en los unicornios.

En las celebraciones del día del Brexit, un hombre se me acercó fuera de la estación de metro de Westminster y me gritó a la cara: “¡Has desperdiciado tres años y medio de tu vida! ¡Ahora todos regresarán a sus casas!”. Y tenía razón, puede haber sido una lucha inútil, pero no creo haber desperdiciado por completo mis esfuerzos. En verdad valoro todas las oportunidades que tuve para viajar a países europeos para hablar y presentarme en eventos, haber conocido a tantos maravillosos activistas y figuras políticas, los premios que gané y los libros que publiqué, que ilustran los beneficios de pertenecer a la UE y comunican los valores que tanto aprecio. Nuestros esfuerzos colectivos para detener el Brexit sentarán las bases para una inevitable campaña de reincorporación.

Exiliados culturales

Pero por mientras, los británicos deberán aprender una dura lección al sufrir las “consecuencias naturales” de sus acciones. Desafortunadamente, aquellos que votaron en contra del Brexit también deberán sufrir. Nuestra única opción es unirnos al “Brexodus” y emigrar para escapar de esta isla cada vez más orientada hacia adentro. “Brexiles” es el término que utilizo para describir a los individuos que han huido del Reino Unido en busca de un “exilio cultural” del Brexit y de la cultura cada vez más intolerante y nacionalista presente en el Reino Unido. Durante el confinamiento por la covid-19, me encargué de investigar este fenómeno, contactar a varios “Brexiles” por internet y entrevistarlos para un proyecto creativo financiado por la Fundación Schwarzkopf mediante mi premio al “Joven Europeo del Año” de 2018.

Después de encontrar a un “Brexile” para representar a cada Estado miembro, pinté los 27 retratos en un estilo cubista, reflejando así sus identidades fragmentadas y reconstruidas. Los esquemas de colores utilizados en las pinturas se definieron mediante las entrevistas a los participantes y representan aspectos de su personalidad, su carácter y su identidad a través de colores con asociaciones simbólicas: sentí un interés particular por los británicos cuyo sentido de pertenencia respecto a su país adoptivo era tan fuerte que me pidieron que incluyese la bandera nacional en su retrato. Quería recopilar sus historias con el fin de constituir un catálogo que ofreciese una mirada a las mentes de aquellos cuyas convicciones y principios políticos eran tan fuertes que los llevaron a dejar atrás a sus amigos, familiares, hogares y trabajo para optar por una nueva vida en Europa.

Algunos de mis “Brexiles” habían sido víctimas de racismo por asociación por estar casados con un ciudadano de la UE y expresaron temer por su cónyuge y sus hijos. Hannah Visan de 28 años, residente en Rumanía y madre de tres niños con doble nacionalidad, expresó lo siguiente: “Tener que identificarme como ciudadana británica me deja un mal sabor de boca porque todo pensamiento ligado al Reino Unido está teñido de recuerdos de lo mal que se trata ahí a la gente”.

Los “Brexiles” de mayor edad estaban enojados de que se les estuviesen negando oportunidades a sus hijos, mientras que los más jóvenes parecían determinados a darle la espalda al Reino Unido. Olivier Trouille, mi Brexile de 27 años residente en Bélgica, lo explicó concisamente, “¿Por qué debería optar por desperdiciar mi tiempo en un ambiente tóxico y populista cuando puedo sobresalir en mi carrera y prosperar en una de las ciudades más internacionales del continente?”.

Entre el Brexit y la pandemia de covid-19, me siento atrapada en esta isla, profundamente entristecida por la creciente cultura de intolerancia y deprimida por las sombrías perspectivas para el futuro. El daño económico podría devastar el mercado laboral y las oportunidades durante las próximas décadas. Aguardo con temor a presenciar el alcance total del impacto, y tan solo puedo esperar que mis amigos y seres queridos no vayan a ser víctimas de la catástrofe económica.

Me encantaría adoptar un optimismo imprudentemente arrogante, al estilo de Johnson, sobre las futuras perspectivas del Reino Unido fuera de la UE, pero soy realista y no creo en los unicornios. Mi única esperanza es que los británicos se den cuenta de su error más pronto que tarde, y que así podamos restaurar la reputación internacional del Reino Unido al unirnos de nuevo a la UE como miembros integrales.

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