El de Dalías es un campo experimental del proyecto COMPAS con el que se están estudiando los efectos de los incendios controlados en este territorio, de clima particularmente seco, sujeto a desertificación y fácilmente incendiable. Una situación compartida por muchas otras zonas de la cuenca mediterránea y más allá.

La utilización del fuego para eliminar combustible natural, es decir, la vegetación silvestre seca que se ha acumulado con el tiempo no es nada nuevo. En el pasado, quemar parte de la vegetación para eliminar la maleza y, por lo tanto, el combustible potencial para incendios mayores e incontrolados, era una práctica común.
El paisaje natural siempre se ha modificado gracias al fuego, utilizado como herramienta para "domesticar" la vegetación y fertilizar el suelo. Los antiguos romanos habían acuñado el término "lucus" para describir el acto de quemar el bosque con fuego, palabra que tiene la misma raíz que "luz" y "lúcido". En Australia, país que en 2020 vio arder 25 millones de hectáreas -el equivalente a la península italiana-, los aborígenes utilizaban antiguamente el fuego como herramienta de domesticación del paisaje, como relata Victor Steffensen en su libro en el que intenta recuperar y redimir las técnicas de control de incendios de los habitantes originales de aquel continente.
Hasta mediados del siglo XX, en el sur de Europa el paisaje montañoso era un mosaico de zonas tradicionalmente agrícolas entremezcladas con bosques y pueblos.
El uso del fuego era una herramienta muy utilizada para modelar el paisaje y existía un amplio conocimiento de esta práctica. Con el éxodo rural de las últimas décadas este equilibrio ha cambiado, el paisaje se ha vuelto más homogéneo y vulnerable a grandes incendios, y el fuego como instrumento va poco a poco siendo desterrado de nuestro imaginario y uso.
El objetivo de los proyectos como el COMPAS es reintroducir el uso del fuego y de los pasturajes de una forma combinada, el “herbivorismo pírico” que se menciona más arriba. “En primer lugar se identifica una zona donde estén presentes pasturajes adecuados y donde exista un alto riesgo de incendio, tras lo cual se organiza con las autoridades adecuadas la “quema” de una zona específica para eliminar matorral y vegetación baja.
Al cabo de unos meses, se llevan a pastar los herbívoros, típicamente cabras y ovejas, que prefieren los brotes que nacen del fuego, que son más tiernos que las plantas silvestres que han crecido y se han secado con el tiempo”, explica Justo Porfirio Arroyo, técnico de REPCA (Red de Áreas Pasto-Cortafuegos de Andalucía) del INFOCA y miembro de la asociación Pastores de la Montaña Mediterránea, responsable de identificar las zonas donde aplicar quema prescrita y contactar con los pastores presentes en la zona.
"Aunque sea sorprendente, estamos viendo que la biodiversidad de la flora aumenta tras la quema y el pastoreo. Ahora estamos viendo que la biodiversidad de los insectos también mejora. Con incendios controlados no se alcanzan temperaturas elevadas, como ocurre en incendios de gran tamaño, y el ciclo de fertilidad del suelo es más rápido”, afirma Ana Belén Robles, de la Estación Experimental Zaidín de Granada, e integrante del proyecto COMPAS.
“El problema de hoy en día es encontrar pastores. "El problema hoy en día es encontrar pastores. Quedan muy pocos. Es importante darse cuenta de que el pastoreo extensivo no se traduce sólo en 'carne y leche' para el consumo, sino que proporciona una serie de servicios ecosistémicos al paisaje".
En tiempos pasados eran los mismos pastores quienes empleaban el fuego para gestionar los pastos de montaña, pero esta práctica se ha abandonado en parte debido a las leyes más estrictas sobre los incendios: "Hoy la cantidad de combustible orgánico es mucho mayor que en el pasado, después de décadas de abandono; los pastores ya no confían en el uso del fuego, por miedo a que se les vaya de las manos", añade Ana Belén Robles.
Por esta razón el proyecto COMPAS prevé la creación, mediante la debida formación, de una nueva figura profesional, la del "gestor de combustible", es decir, personal experto en reducir la acumulación de la llamada "masa silvícola", la que hace que los bosques sean densos e impenetrables. Esta masa se llama "combustible" porque es fácilmente inflamable durante los meses más secos y áridos y, en combinación con los efectos del cambio climático, crea las condiciones ideales para grandes incendios, incontrolables y destructivos.
“Para ello es necesario entender qué dificultades legales hay, o qué legislación autonómica lo impide, y facilitar el uso de quemas controladas combinadas con pastoreo extensivo”, continúa Robles. En España, alrededor del 60 por ciento de los bosques son de propiedad privada, por lo que no siempre es fácil convencer a los propietarios de estos terrenos con alto riesgo de incendios de los beneficios que puede tener el fuego controlado como forma de prevención. Por lo tanto, es fundamental que la iniciativa vaya acompañada de educación y concienciación sobre el fuego como "aliado" en la adaptación al cambio climático, en lugar de suprimirlo en todas sus formas.
El uso del pastoreo extensivo es una técnica adoptada desde hace años por autoridades como el INFOCA, pero no es la única. La retirada de la maleza que genera combustible también se puede realizar con maquinaria pesada o manualmente por operarios especializados. "Pero algunas zonas son de muy difícil acceso con máquinas o herramientas más ligeras, mientras que animales como las cabras y ovejas llegan sin problemas. La acción mecánica cuesta entre 900 y 1.000 euros por hectárea, y puede llegar hasta los 2.500 euros si la vegetación es densa. Con el uso del pasturaje, el mantenimiento cuesta una media de 60 euros por hectárea", explica Justo Porfirio Arroyo. Los pastores reciben entonces una subvención del INFOCA en función de varios factores, como la pendiente del terreno y el tipo de vegetación, y crean así zonas "cortafuegos" con menos combustible acumulado, con lo que se vuelve a controlar el paisaje.

Por lo tanto, la utilización del fuego prescrito se presenta como una solución posible -y necesaria- para la zona del Mediterráneo, hasta el punto de que ahora también cuenta con el apoyo de la Agencia Europea de Medio Ambiente (AEMA) como forma de mitigación del cambio climático. Una sinergia entre las competencias de bomberos, técnicos forestales y pastores, con la ayuda de centros de investigación, podría ser la clave para prevenir los megaincendios del futuro y reencontrar una alianza con el fuego.
Este artículo se ha elaborado en el marco del proyecto "FIRE-RES" cofinanciado por la Unión Europea (UE). La UE no es responsable en modo alguno de la información u opiniones expresadas en el marco del proyecto. La responsabilidad del contenido corresponde exclusivamente a Voxeurop. Lee otros artículos del proyecto FIRE-RES en el sitio web de la Red Europea de Periodismo de Datos.
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