Federación sí, ¿pero cómo?

La idea de una mayor integración de la UE está de moda, ya sea en lo relativo al presupuesto, a la política o a la solidaridad financiera. Pero ¿cuál será la forma definitiva de esta Unión más federal? Nadie lo sabe realmente y ahí reside el problema.

Publicado en 23 octubre 2012 a las 14:58

El pasado mes de febrero, durante el Foro Económico de Davos, Angela Merkel se atrevió tímidamente a hablar de federalismo. Entonces su discurso no suscitó una gran reacción. Seis meses más tarde, abundan las propuestas sobre una Unión Europea federal. José Manuel Durao Barroso, presidente de la Comisión Europea, así como algunos ministros europeos de Exteriores también han hecho un llamamiento a una federación de Estados-naciones.

Si bien la lista de «federalistas» no deja de aumentar (una evolución que Respekt acoge positivamente), esto no significa que todo el mundo esté de acuerdo sobre qué constituye una federación. Resulta alarmante constatar que en los debates actuales sobre el futuro de Europa, muchos responsables políticos desconocen en general el significado de los conceptos institucionales. Por consiguiente, hoy impera un auténtico caos verbal.

No dejamos de ver cómo surgen nuevos conceptos cuyo sentido sólo se comprende después: unión bancaria, unión de transferencias, unión política, unión presupuestaria, etc. Algunos hablan de centralismo reforzado, otros de integración, otros de armonización de normas y otros siguen advirtiendo de los peligros de un super-Estado. Sin embargo, por mucho que intentemos buscar en un diccionario todas estas palabras y expresiones, no lo conseguiríamos porque ahora mismo es cuando se está intentando establecer la definición.

En Canadá, Estados Unidos y Alemania, la gente sabe perfectamente qué es una federación y en qué consiste el federalismo, porque viven en una federación. Por lo tanto, parece bastante paradójico que a pesar de esta realidad, los alemanes no consigan imaginarse realmente un nivel [federal] europeo y no acepten la idea de ser una federación dentro de una federación (el principio de las muñecas rusas).

Una de las características de los franceses es que no pueden, salvo contadas excepciones, pensar en absoluto en el federalismo, que consideran centralismo. Por último, para los británicos el federalismo es el símbolo de una descentralización asimétrica (un Parlamento en Escocia y en Gales, pero ningún Parlamento en Inglaterra).

Algo impensable en Estados Unidos

El presupuesto común de la Unión Europea sólo representa el 1% del PIB europeo. Y debería reducirse aún más (hasta el 0,8%), pero la UE ya ha ido tan lejos en algunas de sus orientaciones centralizadoras, que una evolución así sería impensable en la Federación real que constituyen los Estados Unidos de América. Si alguna vez una decisión procedente de un órgano central ordenara a los Estados americanos que aprobaran por una simple acción de «corta y pega» una constitución financiera y la aplicación de un comité presupuestario (es decir, modificar su propia Constitución), que sometieran a Washington su presupuesto para recibir la aprobación (incluso antes de que ellos mismos lo adoptaran) y que lo volvieran a presentar para que lo controlaran (uno de los principios del pacto presupuestario europeo), se generaría una protesta generalizada y asistiríamos a la implosión de la Federación estadounidense.

Por otro lado, la creación de una federación es un proceso largo que, según los especialistas, en Estados Unidos no se consiguió hasta los años 30 (del siglo pasado), cuando se instituyó un sistema de garantía federal de depósitos bancarios. Cabe señalar que la eurozona se acerca a grandes pasos a una garantía común de los depósitos bancarios (uno de los elementos que define una federación) y también está realizando grandes progresos en los demás asuntos relacionados con una unión bancaria. En cualquier caso, una cosa está clara: la eurozona no podrá resolver la crisis sin un presupuesto y unos impuestos comunes. Por lo tanto, a nosotros, los checos, más nos valdría darnos cuenta de lo que significaría para nosotros mantenernos al margen de una federación europea, en caso de que realmente se decidiera construirla.

Hacer historia

Los detractores del federalismo sostienen que la idea misma del federalismo es ingenua, incluso peligrosa, ya que no existe una nación política europea. El estadounidense se considera primero estadounidense y luego, de Minnesota. El alemán es ante todo alemán y quizás luego europeo.

Pero, podemos favorecer de forma «artificial» o acelerar el surgimiento de una identidad europea. Existen muchas cosas que pueden contribuir a ello: la elección de un presidente europeo por sufragio universal directo, un instituto de la ciudadanía europea, un impuesto europeo común mínimo, etc.

Recordemos también que la nación política estadounidense se constituyó por etapas (aunque por motivos y de formas distintas, con respecto a la vía que adoptará probablemente Europa). El derecho al voto se concedió primero a los propietarios, luego a los que pagaban impuestos, 100 años más tarde a las mujeres y por último, y no hace tanto tiempo, a los afroamericanos. Los estadounidenses iniciaron el proceso de construcción con un ministerio de Finanzas, los europeos, con un Banco Central.

Las voces críticas exponen que todos los proyectos políticos, los procesos de integración y de desintegración, deben ser espontáneos y auténticos, y en ningún caso de elitistas y artificiales. Pero la mayoría de evoluciones importantes que han marcado la historia de la humanidad son el resultado de la acción de unos pocos que han sabido guiar al resto.

Cómo será mañana Europa sigue siendo un misterio. Puede convertirse una federación o puede hundirse. En cualquier caso, al menos hay un aspecto importante para poder pensar en la construcción de una federación: que las élites europeas comiencen por fin a formarse sobre qué es y qué no es una federación. Las nociones elementales de esta lección podrían ser que el federalismo no es una construcción meramente decorativa, sino una realidad sólida que se basa en un conjunto de valores que son principalmente la limitación y el control del poder, el equilibrio de fuerzas, las garantías y la protección reforzada (asimétrica) de los más pequeños y los más débiles.

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