Grietas en la fachada rusa

La infraestructura rusa se está derrumbando, la gente cada vez es más pobre y las crisis se están acumulando. Paulina Siegień de Krytyka Polityczna arroja algo de luz sobre lo que está pasando en la frontera este europea. En colaboración con Display Europe

Publicado en 31 enero 2024 a las 18:45

¿Serán los huevos la razón por la que Putin caiga?

Esta pregunta me hizo recordar el cuento sobre Kashchey el Inmortal, un personaje del folklore ruso. Kashchey secuestra princesas, y el héroe Iván Tsarévich debe rescatarlas matando a Kashchey. El secreto para acabar con la inmortalidad de Kashchey reside en un huevo escondido en unos nidos. Cuando Iván Tsarévich encuentra y rompe el huevo, Kashchey muere. El héroe regresa triunfante a casa con la princesa y viven felices para siempre.

Las políticas eternas de Putin hacen que sea fácil identificarlo con Kashchey, y la actual crisis del huevo en Rusia nos hace pensar en el cuento. En Rusia, el precio de los huevos ha aumentado drásticamente, incluso varias decenas de puntos porcentuales en el pasado año. En algunas regiones, los habitantes también han sufrido escasez, y han compartido fotos de las estanterías vacías de las tiendas en las redes sociales.

Putin ha achacado el incremento de precios al aumento de los ingresos. Tan solo es una quimera de la propaganda del Kremlin, que podría resumirse con una de mis frases favoritas: "Путин поручил разобраться". Más o menos: “Putin ordenó abrazar el problema”.

En la revista The Insider, Marina Dulneva ha analizado con detenimiento lo que está ocurriendo con este producto y ha preguntado su opinión a expertos y productores.

En primer lugar, sí parece que las sanciones están encareciendo la producción de huevos. La comida, los antibióticos y otras fórmulas mágicas que hacen que las gallinas sean productivas solían venir de Occidente. Ahora llegan a Rusia mediante las denominadas importaciones paralelas, es decir, a través de terceros países. De modo que los gastos se multiplican.

En segundo lugar, la mayoría de los huevos para incubar, de donde salen las gallinas y pollos, también se importan. El ciclo de vida medio de una gallina ponedora es de 18 meses a 2 años. Por esta razón ahora se está notando el déficit.

Finalmente, los huevos son una parte importante de la dieta de los rusos, pues son una fuente barata de proteína para remplazar la carne, alimento que cada vez menos pueden permitirse.

La realidad es que Rusia se enfrenta a una crisis de suministro como resultado de esta guerra. Esto no se ve reflejado en indicadores como el PIB o la inflación, ya que la economía rusa está siendo estimulada por el enorme gasto en la guerra. No obstante, tal y como informa Holod, los expertos independientes están de acuerdo en que este modelo económico no es sostenible y que el 2024 será un año difícil para el país.

La infraestructura rusa se está derrumbando sin necesidad de bombas

No solo los huevos auguran un mal año para Rusia.

Por segundo año consecutivo, la propaganda rusa está alimentando a sus habitantes con imágenes de una Europa helada sin gas ruso que derrochan una alegría malsana. Las infraestructuras de calefacción en Ucrania están siendo bombardeadas para congelar a los rebeldes ucranianos. Pero por ahora, y a pesar de su reputación de tolerancia al invierno, son los rusos los que se están congelando.

En numerosas ciudades rusas, decenas de miles de personas están pasando frío en sus casas, debido a calderas rotas y a cañerías de agua reventadas, informa Novaya Gazeta Europe. Muchos rusos están teniendo que usar los hornos de carbón de sus jardines o buscar refugio con familia o amigos.

La infraestructura rusa está derrumbándose por su propio peso, debido a una simple falta de mantenimiento. Unos resultados que dejan bastante que desear para el imperio gasístico de Putin, esa tierra de estabilidad social y económica.

Al parecer es complicado invertir en sistemas de calefacción para barrios enteros cuando se necesitan cientos de millones de dólares para lanzar cada misil a Ucrania. Y el Kremlin tiene sus prioridades.

En resumen, la infraestructura rusa está en ruinas, sus habitantes viven en la pobreza, y las crisis se acumulan. Putin es mayor, su sistema político no es eficiente, y la violencia del frente está volviendo a la madre patria. La guerra se ha convertido en un claro reflejo de la estructura colonial del país. Putin no ha empezado el año con buen pie, estaría bien que su régimen no sobreviviera.

Bielorrusia: una nueva oleada de represión política

Mientras Rusia se pelea con el invierno, en Bielorrusia está teniendo lugar una nueva oleada de represiones violentas. En los últimos días, los cuerpos de seguridad han estado haciendo redadas a los familiares de prisioneros políticos. Las ONG y los políticos exiliados bielorrusos creen que unas 150 personas han sido detenidas.

Una de las razones aportadas para estas detenciones es que las familias de los prisioneros políticos (y antiguos prisioneros que ya han vuelto a casa) estaban recibiendo ayuda financiera de organizaciones bielorrusas ubicadas en el extranjero.


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En realidad, esta nueva ola de represión se puede vincular a las próximas elecciones en Bielorrusia, que paradójicamente no tendrán ninguna relevancia política. La escritora Anna Zlatkowskaja cree que esta campaña no es más que otro intento de sofocar la solidaridad en la sociedad bielorrusa mediante su criminalización.

Por otro lado, el portal bielorruso Zerkalo cuenta que al menos 200 personas fueron detenidas en 2023 tras haber vuelto a Bielorrusia. El régimen está usando zanahorias y palos para atraer a sus emigrantes de vuelta. Les promete seguridad si expresan su arrepentimiento por haber criticado al régimen y haber participado en las protestas. Y al mismo tiempo les está haciendo imposible gestionar sus propiedades desde el extranjero u obtener documentos oficiales en los consulados bielorrusos.

Estar en Bielorrusia resulta un peligro para cualquiera que haya pronunciado una sola crítica hacia Lukashenko o que haya organizado cualquier acción o iniciativa. Con todo, los exiliados políticos se encuentran en una situación terrible, sobre todo si su familia sigue en Bielorrusia.

Polonia: la derecha derrotada se niega a rendirse

La coalición prodemocrática que ganó las elecciones el pasado octubre en Polonia se está enfrentando a ocho años de mandato de Jaroslaw Kaczynski y sus compinches.

Tal y como Grzegorz Sroczyński apunta en Gazeta.pl, nadie dijo que fuese a ser fácil rehabilitar un país cuyos sistemas de control y equilibrio han sido sistemáticamente desmantelados y donde el propio presidente sigue siendo una figura hostil. La polarización está empeorando, señala Jakub Majmurek en Krytyka Polityczna, y está creando un ambiente de desesperanza y desconfianza hacia la viabilidad de las instituciones polacas.

Un símbolo de esta guerra cultural es el caso de dos diputados del antiguo partido gobernante, Mariusz Kaminski y Maciej Wąsik. Ambos diputados fueron condenados a dos años de prisión por obtener documentos falsos hace unos doce años, cuando habían sido esenciales para la creación de la Oficina Central Anticorrupción. Desde fuera, su detención parece una comedia de enredos. Sin embargo, si lo examinamos con detenimiento, parece más bien un triste caso de artimañas políticas, en el que el presidente de turno está protegiendo a unos delincuentes que han resultado ser sus amigotes. La historia nos ha demostrado que ni la ley ni las buenas costumbres políticas importan cuando los intereses del partido están en juego.

Por desgracia, esta podría ser la cara de la política polaca hasta las próximas elecciones presidenciales en 2025. Ahí se presentará al fin la oportunidad de escoger un jefe de Estado que apoye a la coalición en el poder en lugar de sabotear deliberadamente sus acciones para obtener un beneficio político para su partido.

En colaboración con Display Europe, cofinanciado por la Unión Europea. No obstante, los puntos de vista y opiniones expresados son exclusivamente los del autor o autores y no reflejan necesariamente los de la Unión Europea ni los de la Dirección General de Redes, Contenidos y Tecnología de las Comunicaciones. Ni la Unión Europea ni la autoridad otorgante pueden ser consideradas responsables de las mismas.
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