El Grupo V4 sobrevive, aunque sin prosperar, en medio de la discordia 

La prensa centroeuropea de este mes, analizada en colaboración con Display Europe, destaca las crecientes desavenencias entre los Cuatro de Visegrado (V4), la invitación de Hungría a la policía china y el ansia por aferrarse a la neutralidad por parte de Austria.

Publicado en 27 marzo 2024 a las 14:55

El Grupo de Visegrado, formado por la República Checa, Eslovaquia, Polonia y Hungría, se concibió tras la desaparición del comunismo como una vía de colaboración centroeuropea y con el fin de que estas naciones formaran parte del tapiz euroatlántico. Ahora, el cuarteto parece dividido en dos, como si obedeciera a la fórmula V4 = V2 + V2, separados por sus estrategias con respecto a la agresión de Rusia en Ucrania. Checos y polacos abogan por la ayuda militar, mientras que, por su parte, Hungría y Eslovaquia sostienen que más armas no resolverán el conflicto. El cisma en el seno del Grupo ha llegado a tal punto que se ha hablado de una ruptura de facto.

Sin embargo, tras la cumbre del Grupo de Visegrado, celebrada en Praga el pasado mes de febrero en medio de una tensión palpable, los medios de comunicación centroeuropeos están de acuerdo en que, más allá de las divisiones regionales y políticas, la alianza perdura y debe seguir colaborando. El politólogo eslovaco Tomas Strazay disipa en Pravda el fantasma de la desaparición del grupo V4, afirmando que el cónclave de primeros ministros no supuso el fin de la iniciativa de 33 años, como algunos habían pronosticado. Al fin y al cabo, el Grupo V4, “nunca ha aspirado a ser una entidad regional monolítica que cante a coro. Precisamente la carencia de instituciones rígidas es lo que confiere al grupo la libertad de mantener una pluralidad de puntos de vista, incluso en cuestiones de importancia estratégica”.

Esa misma ausencia de uniformidad permite forjar coaliciones pragmáticas en frentes que se consideran mutuamente ventajosos: por ejemplo, el apoyo a la agricultura, la energía o la migración. Ivan Hoffman se hace eco de esta opinión en una columna anexa en Pravda, en la que califica al Grupo V4 como un cónclave de Estados centroeuropeos, “unidos menos por vínculos económicos o ambiciones políticas compartidas que por una memoria colectiva de la existencia tras el Telón de Acero: una fraternidad de naciones unidas por destinos geopolíticos afines en la periferia oriental de Occidente”.

“Aunque se anticipaba un funeral en Praga, el Grupo V4 surge renacido”, proclama un titular del diario conservador húngaro Magyar Hírlap, que acompaña a una entrevista a Ágnes Vass, directora de investigación del Instituto Húngaro de Asuntos Exteriores. Vass sostiene que el talón de Aquiles del bloque y su baza más formidable es su maleabilidad, un rasgo gracias al cual, a pesar de los abismos generados por la crisis ucraniana, sigue llegando a acuerdos pragmáticos en ámbitos como la energía y la migración.

Martin Ehl plantea en Hospodářské noviny un diagnóstico similar desde Praga: “El Grupo de Visegrado no se está muriendo, como algunos podrían vaticinar, sino que acaba de recalibrarse hacia el enfoque quizá más pragmático de sus tres décadas de existencia”. Tras la cumbre, los primeros ministros del Grupo se apresuraron a desmentir cualquier rumor, afirmando el potencial del Grupo de Visegrado como un potente bloque de defensa dentro de la Unión Europea.


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Las cuatro naciones se ponen de acuerdo en un dilema que amenaza con sembrar la discordia en Europa Central: la afluencia de productos ucranianos a bajo precio. Es un problema que acapara titulares en la actualidad entre las protestas de los agricultores y que proyecta una larga sombra sobre el marco financiero de la Unión Europea, donde un generoso tercio del presupuesto nutre al sector agrícola.

En las páginas principales del diario polaco Rzeczpospolita, el politólogo Tomasz Kubin expone una postura utilitaria similar en una carta titulada “No matemos al Grupo de Visegrado: aún puede ser muy útil”. Aboga por una “congelación” de las actividades del Grupo V4 en lugar de una paralización total. Según Kubin, la alianza podría desempeñar una función importante en los debates sobre las reformas de los Tratados de la UE o en los escarceos diplomáticos con otros países más allá de su redil, a menudo realizados con el formato ampliado “V4+”. Kubin subraya la conveniencia de reactivar un marco existente frente a la laboriosa tarea de crear una nueva coalición desde cero.

Budapest abre la puerta a la policía china

La administración húngara, proclive al nacionalismo y que el año pasado promulgó una ley supuestamente desobedeciendo las normas de la UE para protegerse de la injerencia política extranjera, está a punto de ceder parte de su soberanía a Pekín, al autorizar a agentes chinos a pisar suelo húngaro a título oficial. El periódico económico de Budapest Világgazdaság no encuentra motivos para alarmarse y considera que la colaboración policial es una gran ayuda para reforzar la seguridad en las zonas de mayor afluencia turística durante la temporada alta y en las concentraciones multitudinarias.

En cambio, el semanario Heti Világgazdaság expresa su desacuerdo y desconfía de las implicaciones que se extienden más allá de la mera protección turística. Señala la preocupación de que entre las competencias de estos funcionarios se incluya también la vigilancia de la comunidad china local y de la mano de obra asiática en las florecientes fábricas chinas de baterías que se extienden por el paisaje húngaro. Durante años, la revista ha denunciado el funcionamiento oculto de las llamadas “estaciones de servicio” en al menos tres ciudades húngaras, unos establecimientos que, según los activistas, son en realidad puestos policiales chinos que ejercen presión sobre la diáspora.


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La UE y la neutralidad de Austria

Ralph Janik | Die Presse | 13 de marzo | DE

A la sombra de las incursiones rusas en Ucrania, Finlandia y Suecia han dejado a un lado su tradicional neutralidad para unirse a las filas de la OTAN, una clara muestra de los nervios nórdicos crispados por la beligerancia de Moscú. En cambio, Austria, enclavada entre las naciones de la OTAN, parece una isla de distanciamiento. La maniobra del Kremlin apenas ha irritado a los políticos de la república alpina, ni ha hecho que se replantee su postura neutral en el tenso escenario geopolítico actual.

Ralph Janik, investigador de derecho internacional, señala en Die Presse que la pertenencia de Austria a la UE la involucra en la red de la Política Común de Seguridad y Defensa, lo que contradice en cierta forma la afirmación de Klaudia Tanner, ministra de Defensa, de no intervenir en caso de que un aliado de la UE sufra un ataque. La neutralidad, aunque no se ha negado, se ha transformado; Austria conserva la prerrogativa de esquivar ciertas acciones de la UE, como la financiación de armas para Ucrania. Sin embargo, la pertenencia a la UE amplía el margen diplomático de Viena. La neutralidad de Austria se ha convertido en un híbrido matizado: flexible, pero vinculado a las acciones colectivas de la UE. Si quisiera, podría prestar apoyo militar en un gesto de solidaridad más que de neutralidad.

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