Oligarquía agroindustrial y agricultura sostenible: las protestas de los agricultores europeos

¿Quiénes son y por qué protestan? La agricultura europea, un sector que agrupa a casi 9 millones de trabajadores, atraviesa una profunda crisis que ha llevado a miles de ellos a las calles de toda Europa con reivindicaciones similares, pero por causas diferentes.

Publicado en 7 febrero 2024 a las 12:30

El sector agrícola europeo está en pie de guerra. "¿Contagio o coincidencia?", se pregunta Lola García-Ajofrín en El Confidencial: "Las imágenes de Rumanía se parecen mucho a las de Alemania, donde también a comienzos de enero, decenas de miles de personas han bloqueado autopistas con sus tractores. En su caso, protestan contra una serie de recortes a los subsidios para vehículos agrícolas y combustible. También se parecen a las de Tolosa, en Francia, a las de Irlanda, en las que, en vez de tractores, los ganaderos marcharon con vacas, o a las que se vivieron la primavera pasada en Polonia, y en Bélgica, donde los tractores llegaron hasta el pleno centro de Bruselas. Y, anteriormente, a las de Países Bajos, donde los granjeros llegaron incluso a montar un partido y alcanzar representación parlamentaria. Desde el estallido de las protestas de los tractores neerlandeses hace poco más de un año, se han registrado protestas agrícolas a gran escala en más de 15 estados miembro de la UE, según un seguimiento del think tank Farm Europe". 

Según el Eurostat, en Europa hay unos 8,7 millones de agricultores, de los cuales solo el 11,9 % tiene menos de 40 años (cifras de 2020). Y poco más del 2 % votará en las próximas elecciones europeas. Desde 2005, tras la restructuración que trajo consigo la PAC (Política Agraria Común), el número de explotaciones agrarias en la UE se ha reducido en más de un tercio, explica Jon Henley, corresponsal en Europa para The Guardian.

Un mapa de Politico.eu muestra dónde tuvieron lugar las protestas y resume cuáles fueron sus principales reivindicaciones. "En 11 países de la UE, los precios de producción [el precio base que reciben los agricultores por sus productos] cayeron más de un 10 % entre 2022 y 2023. Solo en Grecia y Chipre los agricultores han experimentado un aumento correspondiente en sus ingresos por ventas, gracias al aumento de la demanda de aceite de oliva", escriben Hanne Cokelaere y Bartosz Brzeziński.

En general, escribe también The Guardian, "además de sentirse perseguidos por lo que consideran una burocracia de Bruselas que no sabe nada sobre su oficio, muchos agricultores se quejan de sentirse atrapados entre las peticiones aparentemente contradictorias de los consumidores, que exigen alimentos baratos y procesos respetuosos con el clima". Porque, al menos para muchos, no es el respeto del clima lo que hace sufrir al mundo agrícola, sino la "competencia entre agricultores y la concentración de empresas", explica Véronique Marchesseau, agricultora y secretaria general del sindicato francés de izquierdas Confédération paysanne en Alternatives Economiques. Al mismo tiempo, Nicolas Legendre, periodista especializado en el tema, añade en una entrevista con Vert, que también existe una "rabia visceral de una parte del mundo agrícola hacia los ecologistas (y la ecología en general), alimentada por ciertos actores agroindustriales".

Si bien la prensa tiende a hablar de un "movimiento", el mundo agrícola no es monolítico. Las movilizaciones de los agricultores en Europa afectan a un sector que no solo es diverso en cuanto a tipos y modos de producción, sino también en cuanto a visiones del mundo, orientaciones políticas, nivel de renta y clase social.

Por ejemplo, en Francia, donde yo vivo, la superficie media de una explotación agrícola es de 96 hectáreas, señala Reporterre, diario especializado en ecología y luchas sociales que incluimos a menudo en Voxeurop. Arnaud Rousseau, líder de la FNSEA, el sindicato mayoritario de los agricultores franceses, posee una explotación de 700 hectáreas. ¿Por qué lo menciono? Porque, volviendo a la representación de los movimientos –quién habla por quién–, es importante señalar que la voz mayoritaria de un movimiento de protesta es la de un oligarca de la agroindustria. Un retrato‑investigación de Amélie Poinssot para Mediapart da cuenta de la dimensión política de Rousseau: "Es el jefe de un gigante de la economía francesa: Avril-Sofiprotéol, un gigante de las llamadas oleaginosas y proteaginosas, fundado por el sindicato. No es nada más y nada menos que el cuarto grupo agroalimentario de Francia".

Como explica Ingwar Perowanowitsch en taz: "Hay poderosas explotaciones agrícolas que reciben hasta 5 millones de euros al año en subvenciones. Y hay pequeñas explotaciones familiares que reciben unos cientos de euros. Hay ganadería y cultivo. Hay agricultores convencionales y ecológicos. Unos producen para el mercado mundial, otros para el mercado semanal". El diario alemán cita a un agricultor de Leipzig que trabaja para una granja solidaria, que en enero decidió no manifestarse debido a la infiltración de la extrema derecha en las protestas y porque no se siente representado: "La asociación de agricultores defiende los intereses de las grandes empresas que producen para el mercado mundial y no los de la pequeña agricultura".

Agricultores y violencia: un doble rasero

Para el primer ministro belga, Alexander De Croo, "la mayoría de las preocupaciones de los agricultores son legítimas", contó Le Soir sobre las manifestaciones que el 1 de febrero llevaron a miles de agricultores a prender hogueras y lanzar huevos contra el edificio del Parlamento Europeo en Bruselas. En El País, Marc Bassets afirma: "El poder les teme. La mayoría de sus conciudadanos mira a los agricultores con una mezcla de distancia y respeto”.

Una actitud que alcanza su punto álgido en Francia, donde la diferencia de trato de la policía a los manifestantes es flagrante. Europa ya denunció la violencia excesiva de la policía, primero hacia los "Gilets Jaunes", y las diversas manifestaciones que han atravesado el país (contra la reforma de las pensiones o durante los disturbios en la banlieue), pasando por las 5000 granadas lanzadas contra los "ecoterroristas" en Sainte-Soline.

En los últimos días, los agricultores no solo han bloqueado carreteras y autopistas, o vertido paja y estiércol, sino que también han detonado una bomba en un edificio y prendido fuego a otro. Sin embargo, nadie habla de "agroterrorismo" y la policía no ha intervenido nunca; más bien al contrario. El ministro del Interior, Gérard Darmanin, abandonó su habitual tono marcial expresando en TF1 su "compasión" por los agricultores y afirmando que "no se responde al sufrimiento enviando a los CRS [antidisturbios]".

“Desde la Segunda Guerra Mundial, los poderes públicos han tolerado de los agricultores lo que no habrían tolerado de otras categorías sociales”, explica a Libération el historiador Edouard Lynch, experto en estudios rurales. Además, no todos los agricultores son iguales: "Incluso en el seno de los movimientos campesinos, el Estado toma como blanco a grupos minoritarios, como demuestra la represión de las manifestaciones contra los megaembalses de Sainte-Soline", prosigue Lynch. Sobre Arrêt sur Image el historiador añade: "Hoy uno puede ver [en estas manifestaciones] cómo la violencia de la que hemos sido testigos en los últimos años es el resultado de las estrategias de las fuerzas del orden. [...] La violencia de los movimientos sociales es fruto de la gestión del mantenimiento del orden: se toma la decisión de pasar a la confrontación para estigmatizar al adversario". Detrás, explica, hay una especie de mitología nacional del "buen campesino que alimenta a la nación".

Thin Lei Win se hace eco de sus palabras en el Green European Journal: existe "una imagen europea positiva de los agricultores como custodios de las tradiciones rurales y el patrimonio cultural, así como proveedores de nuestro sustento. Esto significa que una parte mucho mayor del electorado simpatiza y se identifica con ellos". 

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