Al menos un bando ya ha salido ganando de la guerra que comenzó el 28 de febrero con los ataques israelíes y estadounidenses en Irán: el de los hidrocarburos. Mientras el conflicto entra en su segunda semana, los precios del petróleo y el gas han aumentado enormemente, alimentando la inquietud de los mercados y gobiernos.
Aunque haya perdido un aliado desde la muerte del líder supremo iraní Alí Jameneí, la Rusia de Vladímir Putin ha sacado beneficio económico; al menos a corto plazo. El país, importante exportador de gas y petróleo afectado por las sanciones económicas, se beneficia directamente del aumento del precio de estas materias primas.
La situación sigue siendo volátil. Rusia, cuyos beneficios ligados a la venta de gas y petróleo se sitúan en mínimos históricos desde 2020, podría aprovechar este aumento de precios para impulsar su ofensiva en Ucrania.
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