La crisis vota contra Sarkozy

Considerada por muchos como un referéndum a favor o en contra del presidente saliente, la primera vuelta de las elecciones presidenciales se ha transformado en un voto de protesta, capitalizado principalmente por la extrema derecha. Y en un reto para el favorito, el socialista François Hollande.

Publicado en 23 abril 2012 a las 15:21

La crisis ha votado. Y lo ha hecho de forma masiva. Se podría decir que los franceses no han cedido al desencanto democrático. El domingo 22 abril el índice de participación ha sido alto [79,47%]. La débil movilización que se registró en los escrutinios intermedios de los últimos años (elecciones europeas o locales) no se ha producido en este caso.

Las elecciones presidenciales consolidan su posición de «elecciones reinas» en nuestro sistema institucional. En ellas sin duda hay que ver al mismo tiempo las consecuencias y la mejor expresión de la presidencialización de nuestro régimen político. Éste ya se había visto favorecido por la adopción del quinquenio y la simultaneidad de las elecciones presidenciales y legislativas. Se reforzó con la concentración del poder aplicado por el hiperactivo Nicolas Sarkozy durante su mandato.

Sin embargo, si los franceses se han movilizado tanto, es sobre todo para expresar un desconcierto que se transforma en exasperación ante la crisis y no por un entusiasmo por los proyectos propuestos. El inquilino del Elíseo y candidato a su propia sucesión, temía que la primera vuelta de este escrutinio pareciera un referéndum anti-Sarkozy. Y es precisamente lo que ha sucedido: el presidente saliente no ha logrado convencer a sus electores de 2007, ni salir en cabeza en la primera vuelta.

Responder a la cólera

Al igual que los pueblos del mundo árabe, los franceses pretenden despedir a su jefe de Estado, de forma educada, pero tajante. «Que salgan los salientes»: la crisis ha legitimado la fórmula en la mayoría de los países europeos en los últimos años. En Francia, nuestros conciudadanos han enviado su mensaje primero mediante un voto que se impone a favor de Marine Le Pen. El resultado histórico de la directora del Frente Nacional (con más del 18 % de los votos) es sin duda el mayor acontecimiento de este domingo. El partido de extrema derecha da un paso más hacia delante.

Por su personalidad, su estilo y sus propuestas, la hija del fundador del FN ha logrado acabar con la demonización de su partido, una tarea a la que se consagró hace varios años. Ha sabido mejor que Jean-Luc Mélenchon [candidato de la izquierda radical] navegar por las inquietudes de los estratos populares más afectados por la crisis y beneficiarse de un voto de protesta en busca de una expresión fuerte. Sin duda no se detendrá aquí. Sea cual sea el vencedor final el 6 de mayo, tendrá que tener en cuenta al FN.

François Hollande, a la cabeza en la primera vuelta, ha sido el otro beneficiario del rechazo a Sarkozy. El reflejo del «voto útil» ha funcionado, a expensas del líder del Frente de Izquierda, pero también de François Bayrou [candidato de centro]. No obstante, no logra una auténtica oleada rosa. La izquierda sale reforzada, pero no como para tener la victoria asegurada.

El domingo por la noche, Nicolas Sarkozy afirmaba que este lunes comienza otra campaña. Para la segunda vuelta, los dos postulantes van a intentar convencer a esos franceses seducidos por los discursos de protesta, sobre todo el de Marine Le Pen. La mejor manera no es hacer suyos dichos discursos, sino responder realmente a las inquietudes, e incluso a la cólera, de sus electores.

Extrema derecha

Marine Le Pen, más fuerte que su padre

“Hollande a la cabeza. Le Pen aguafiestas”, encabeza en portada Libération, al día siguiente de la primera vuelta de las elecciones, celebrada el domingo 22 de abril.

Con 6,4 millones de votos depositados a favor de Marine Le Pen, “la extrema derecha nunca se había mostrado tan fuerte en Francia”, subraya el diario de izquierda. Diez años después de que Jean-Marie Le Pen llegase a la segunda ronda en las presidenciales, con 4,8 millones de votos, la situación no es “tan trágica, pero sí igual de inquietante. Incluso más”.

Para la socióloga Sylvain Crépon, esteéxito “sin precedentes a escala nacional” de Marine Le Pen “plebiscita su estrategia” de “demonización” basada en “la republicanización del discurso” y la ruptura con la “vieja guardia del FN”

Por un lado, ella ha emprendido una campaña de normalización. Ha conseguido decir que el FN era un partido antisistema y, al mismo tiempo, un partido como el resto, un partido que se ha deshecho de su imagen tóxica. Por otro lado, ha vuelto a sus planteamientos básicos (miedo a la inmigración, a la inseguridad) en los que su padre se apoyó como sustento de sus provocaciones… Las viejas recetas han debido de servir para algo.

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