La gestión algorítmica pone a los teletrabajadores bajo (alta) vigilancia

El teletrabajo generalizado debido a la covid-19 ha acelerado la utilización de herramientas basadas en la Inteligencia Artificial (IA) y la gestión algorítmica para supervisar y evaluar el rendimiento de los empleados que trabajan desde casa. Sin embargo, las medidas de protección necesarias para proteger la privacidad y la salud mental de los empleados están tardando mucho más en llegar.

Publicado en 8 julio 2021 a las 13:33

Un informe reciente publicado por el Instituto Sindical Europeo (ETUI) titulado Algorithmic management and collective bargaining [Gestión algorítmica y negociación colectiva] destaca diferentes riesgos asociados con herramientas de gestión del lugar de trabajo basadas en la IA y los algoritmos, como los polémicos procesos de contratación y despido automatizados o la vigilancia exhaustiva de la vida privada de los trabajadores.

Desde la Revolución Industrial, siempre han existido diferentes maneras de vigilar y controlar, conocidas como “administración científica”. El informe del ETUI expone, no obstante, que la tecnología ha dado un “salto cualitativo” en su habilidad para controlar y subordinar a empleados que “supera con creces cualquier tipo de supervisión humana anterior".

La industrialización del trabajo moderno

En los últimos años, la IA y la gestión algorítmica se han generalizado, especialmente en los trabajos a través de plataformas. El ejemplo más extremo ha sido la introducción por parte de Amazon de accesorios inteligentes para los trabajadores de almacén, que monitorizan la productividad e incluso la duración de los descansos para ir al baño. Tras varias infracciones que no tienen en cuenta si los resultados esperados son factibles o no en la práctica, el algoritmo a veces rescinde el contrato.

El medio digital The Verge denunció que un almacén de Amazon despidió al 10 % de sus trabajadores de manera automática por falta de productividad entre agosto de 2017 y septiembre de 2018. Por otra parte, Uber también se ha hecho famoso por sus despidos automatizados, mediante los cuales echaron a miles de conductores con el vago motivo de "fraude", que incluye rechazar trayectos.

Los trabajos a través de plataformas fueron el campo de pruebas para supervisar a los trabajadores del sector tecnológico. Desde el inicio de la covid-19, también se está implementando de manera generalizada en otros sectores, lo que supone un punto de inflexión para los derechos laborales.

En abril de 2021, una encuesta realizada por ExpressVPN reveló que el 78 % de las empresas utilizaban herramientas de vigilancia para supervisar la productividad de los empleados o su actividad en línea, y el 51 % había empezado a utilizar este tipo de software en los seis meses anteriores al estudio. 

Vigilancia sin límites

Las maneras de someter a los empleados a un microescrutinio constante están aumentando drásticamente: monitorizar correos electrónicos y ventanas de chat privadas, pedir capturas de pantalla espontáneamente para asegurarse de que los empleados están en sus puestos de trabajo, controlar la ubicación GPS... 

Una vigilancia así genera muchísimos datos que deben gestionarse, así que las empresas están recurriendo a la toma de decisiones automática, susceptible de cometer errores que permanecen para siempre en la esfera digital y podrían perjudicar las trayectorias profesionales de los afectados. Asimismo, este tipo de gestión menosprecia los valores y las necesidades humanas, cualidades incompatibles con una estrategia algorítmica basada únicamente en los beneficios y la productividad. La normalización del uso de estas herramientas facilita la vigilancia de la vida privada de los empleados, y las opiniones que pueda suscitar podrían utilizarse contra ellos en el trabajo.

“Existen empresas que ofrecen recompensas cuando la aplicación de sueño muestra que el trabajador suele dormir ocho horas diarias o cuando otros programas instan a los trabajadores a tener un consumo regular de calorías. Nada de esto concierne a las empresas. Las empresas no deberían conocer estos datos y no deberían forzar a nadie a llevar un tipo de vida que no han elegido”.

Valerio de Stefano

"Hoy en día todo el mundo tiene algún tipo de dispositivo que está permanentemente conectado a su lugar de trabajo. Hace 15 años no era así", afirma Valerio De Stefano, profesor de derecho laboral en KU Leuven. Esto "podría acabar conectándonos las 24 horas del día a un dispositivo o software que monitorice lo que hacemos fuera de nuestra vida profesional".

Una extralimitación especialmente preocupante es la vigilancia de la salud física y mental de los empleados mediante software de reconocimiento de voz para recopilar datos de carácter emocional y escáneres faciales basados en la IA para supervisar el nivel de entusiasmo a la hora de asumir tareas.

Algunas empresas incluso obligan a utilizar accesorios tecnológicos que monitorizan la frecuencia cardiaca, los niveles de estrés y los patrones de sueño como parte de paquetes de "bienestar". No obstante, la constante conexión a estos dispositivos está derivando en que "las líneas entre la vida laboral y la privada se difuminen", tal y como lo expresa el informe del ETUI.

"Existen empresas que ofrecen recompensas cuando la aplicación de sueño muestra que el trabajador suele dormir ocho horas diarias o cuando otros programas instan a los trabajadores a tener un consumo regular de calorías. Nada de esto concierne a las empresas", dice De Stefano. "Las empresas no deberían conocer estos datos y no deberían forzar a nadie a llevar un tipo de vida que no han elegido".

Salud mental

Si bien se supone que estas herramientas recopilan datos sanitarios personales sensibles para ayudar a mejorar el bienestar de los empleados, la vigilancia continua basada en el algoritmo corre el riesgo de tener el resultado opuesto y de exacerbar la grave crisis de salud mental originada por la covid-19.

El estudio realizado por ExpressVPN descubrió que el 59 % de los trabajadores informaron "que les estresaba y/o les daba ansiedad que su empresa les vigilase su actividad en línea", con "trabajadores preguntándose continuamente si los están vigilando" (41 %) y "sintiendo más presión por estar en línea que haciendo un trabajo productivo" (38 %). 

“Debido a la falta de transparencia, los trabajadores tendrán que obedecer a un sistema que no saben cómo funciona. Así que primero tienen que imaginar cómo funciona el sistema y luego cambiar su comportamiento de acuerdo con lo que creen que hará el sistema”.

Nicolas Kayser-Bril, AlgorithmWatch

La desconfianza va a aumentar debido a la falta de transparencia que rodea la implementación de la gestión algorítmica. El 81 % de los empleados utilizan como mínimo un dispositivo proporcionado por la empresa, aunque solo el 54 % saben que los están controlando.

"Debido a la falta de transparencia, los trabajadores tendrán que obedecer a un sistema que no saben cómo funciona. Así que primero tienen que imaginar cómo funciona el sistema y luego cambiar su comportamiento de acuerdo con lo que creen que hará el sistema", dijo Nicolas Kayser-Bril, de AlgorithmWatch, a Voxeurop.

"Esto crea una nueva capa de conciencia. Tienes que juzgar tus propias acciones en función de lo que crees que hace el sistema. Y esto, por supuesto, crea mucho más estrés para los trabajadores implicados", añadió.

Legislación insuficiente

La propuesta de Reglamento de la UE sobre la Inteligencia Artificial no logra aclarar del todo si los derechos laborales estarán protegidos contra estas prácticas de vigilancia, pues serán las empresas las encargadas de implementar medidas de protección.

Según De Stefano, uno de los mayores problemas es que "la mayoría de las veces, las empresas ni siquiera son conscientes de los riesgos que suponen las tecnologías que utilizan". 

Asimismo, una legislación a nivel europeo remplazaría leyes nacionales, algunas de las cuales protegen mejor contra la recolección y procesamiento de datos.

"Esta regulación no protege lo suficiente a los trabajadores, [pues] no prevé la implicación de sindicatos o asociaciones de trabajadores en las negociaciones para decidir lo que ocurre en su lugar de trabajo", añade De Stefano.

Sin unas medidas de protección adecuadas, las herramientas de vigilancia modernas corren el riesgo de crear lugares de trabajo donde se trataría a los empleados como engranajes de una máquina, en lugar de como miembros de un equipo.

Sin unas medidas de protección adecuadas, las herramientas de vigilancia modernas corren el riesgo de crear lugares de trabajo donde se trataría a los empleados como engranajes de una máquina, en lugar de como miembros de un equipo. La tentación en la era digital de cuantificar todos los aspectos de la vida se ha aprovechado ostensiblemente para optimizar la producción y los beneficios. Sin embargo, los algoritmos jamás podrán medir el valor de las cualidades humanas, incluidas aquellas consideradas superfluas.

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