Datos Pacto Verde Europeo

La inversión de los bancos en el carbón retrasa la transición energética

La Unión Europea planea abandonar el carbón para 2050, pero para ello requerirá de un considerable apoyo de los bancos europeos, los cuales financian aún un 26% de todos los avances internacionales en energía de carbón.

Publicado en 31 agosto 2020 a las 09:42

La Comisión Europea presentó hace poco su susodicho “Pacto Verde Europeo”, un conjunto de iniciativas cuyo objetivo es neutralizar el impacto de la UE sobre el clima para 2050. No obstante, a su aplicación la precede un camino tortuoso, ya que algunos Estados miembros del este vetaron el mismo objetivo durante la cumbre de junio en el Consejo Europeo.

Los países de Europa Central y del Este dependen fuertemente del carbón para la producción de electricidad y temen que una transición poco estructurada hacia otras formas de producción de energía pueda generar un impacto negativo en su crecimiento económico. El uso del carbón representa en concreto uno de los principales obstáculos para la reducción de las emisiones, ya que además de ser en sí uno de los recursos más contaminantes, el carbón produce alrededor de un 15% de los gases de efecto invernadero en la Unión Europea y un 38% de las emisiones de CO2.

Muchos países de Europa Occidental (incluyendo Italia y España) ya programaron un abandono total del carbón para 2030, mientras que Alemania planea alcanzar esta meta en 2038, tomando en cuenta que un 40% de su energía depende del carbón. No obstante, según datos de Europe Beyond Coal [Europa más allá del carbón], aún falta mucho para lograr una transición total. Solo 38 de las 287 centrales eléctricas de carbón en Europa (en los 27 Estados miembros de la UE, los países balcánicos y Turquía) planean un cierre oficial en un futuro cercano, lo que representa una reducción de tan solo 18 162 Megavatios (MW) de capacidad de un total de 179 157.

Polonia planea construir tres centrales de carbón, lo que equivale a un aumento de capacidad de aproximadamente 5000 MW. Este sería por mucho el incremento más significativo entre los Estados miembros. Si bien Hungría, Rumanía y Bulgaria no son tan ambiciosas, de igual manera se interesan en aumentar el uso del carbón en lugar de reducirlo.

Entre los países vecinos y los candidatos a la UE, Turquía alberga las peores intenciones, pues planea construir 48 centrales de carbón nuevas, lo que representa un aumento de 35 000 MW en la capacidad de producción. Serbia y Bosnia-Herzegovina también parecen tener la intención de construir nuevas centrales, lo cual no sería muy sostenible para la UE si se uniesen a ella. De hecho, según parece, la aplicación del Régimen de comercio de derechos de emisión de la Unión Europea podría conducir a la bancarrota de todas las centrales de carbón de la región. El régimen limita las emisiones de efecto invernadero mediante la asignación de cuotas adaptadas a varias centrales eléctricas e industriales. De esta manera, resulta más rentable disminuir el volumen de emisiones que adquirir más cuotas. 

Una transición no muy verde

A decir verdad, en la primera mitad de 2019, la Unión Europea ya percibió una reducción de un 19% en la energía de carbón con respecto a 2018. En el caso de Irlanda la reducción fue de un 79% y en Alemania fue de un 22%. Este resultado también fue posible gracias a los aumentos en los precios resultantes del Régimen de comercio de derechos de emisión, el cual incrementó los costes emisión de CO2 de 5 euros por tonelada en 2017 a 25 euros en 2019 y ocasionó así pérdidas significativas para las centrales europeas.

No obstante, tan solo la mitad de la energía derivada del carbón se ha reemplazado por recursos renovables, aún cuando el cambio se ha dado en casi toda Europa Occidental. La otra mitad se ha reemplazado con gas (igual de contaminante, o incluso más), que se ha vuelto más accesible desde que los precios del carbón incrementaron. Esta solución no es muy sostenible a largo plazo, no solo desde un punto de vista ambiental, sino también en términos prácticos, ya que las centrales de gas pronto alcanzarán su capacidad máxima.

Por consiguiente, los recursos renovables son la respuesta, un sector que, por ser cada vez más conveniente y eficiente, se mantiene en crecimiento constante: sus costes de producción ahora son equivalentes a los de la producción de energía a partir de combustibles fósiles. Sin embargo, no se puede llegar a una verdadera transición verde sin realizar inversiones significativas en las redes eléctricas y las instalaciones de almacenamiento, entre otras cosas. Actualmente no se cuenta con los fondos suficientes, sobre todo en los países de Europa Central y del Este.

El papel de los bancos privados

Al principio, el abandono del carbón saldrá caro para los países europeos. Deberán replantear sus estrategias de energía y realizar una redistribución de la fuerza laboral empleada en el sector. Pero al mismo tiempo, la transición hacia las energías renovables creará nuevas oportunidades laborales y se tornará cada vez más económica. La Unión Europea busca convencer a los países que más dependen del carbón para que abandonen los combustibles fósiles mediante un plan de pago directo de casi diez mil millones de euros.

No obstante, las inversiones y la presión del sector público no bastan para resolver un problema tan internacional como el cambio climático. El sector privado también debe ponerse manos a la obra, tomando en cuenta que se le está pidiendo ayuda a los bancos para que desempeñen específicamente un papel central.

Los bancos multilaterales de desarrollo supervisados por la UE a nivel regional — el Banco Europeo para la Reconstrucción y el Desarrollo (BERD) y el Banco Europeo de Inversiones (BEI) — actualmente invierten un gran capital en las centrales de combustibles fósiles. Estos proyectos reciben alrededor de la mitad de los 6 700 millones de euros anuales destinados al financiamiento de la energía, mientras que el BEI concedió préstamos de un total de 11 800 millones entre 2013 y 2017. Sin embargo, este último manifestó recientemente su intención de suspender todo financiamiento para las industrias de combustibles fósiles para 2021. Esta decisión debería conducir a una inversión de alrededor de un billón de euros en energías renovables a lo largo de los próximos diez años y podría persuadir a otras instituciones apoyadas por el sector público para que sigan sus pasos.

El BEI también espera poder suscitar una verdadera reacción en otros bancos privados europeos que se mantienen aún demasiado activos en el mercado de los combustibles fósiles mediante financiaciones directas o indirectas, que financiaron hasta un 26% de los avances en energía de carbón en todo el mundo entre 2017 y 2019. Según el informe «Banking on Climate Change»,  publicado recientemente por una red de ONG implicadas en cuestiones ligadas al financiamiento de los combustibles fósiles, 15 de los 30 principales inversores en el sector internacional de las innovaciones en minería y energía de carbón son europeos y han invertido casi 21,5 millones de dólares entre 2016 y 2018. A la cabeza de la clasificación de los bancos europeos se encuentran el Credit Suisse, que invirtió un poco más de dos mil millones de dólares en la industria minera durante tres años, y el British Barlclays, con una inversión de más de 3000 millones en energía de carbón.

Nadando entre dos aguas

Para septiembre de 2019, 13 de las 15 instituciones bancarias estudiadas ya habían introducido una política institucional para limitar o prohibir el financiamiento de la minería de carbón y/o el desarrollo de dicha energía. No obstante, algunos solo planean dejar de financiar los nuevos proyectos, mientras que otros, como el Credit Suisse, han manifestado constantemente su intención de no invertir en carbón pero sin haber actuado por el momento.

Por otra parte, estos mismos bancos, atraídos por la creciente rentabilidad de las energías renovables, han comenzado a financiar cada vez más este sector, pues entre 2013 y 2019, la inversión total en el mercado europeo de energías renovables (incluyendo a bancos no europeos) superó los 100 000 millones de euros. Sin embargo, 6 de los 15 prestamistas más activos en el sector de la energía solar y eólica (Santander, ING, Natixis, Credit Agricole, BNP Paribas y Unicredit) también encabezan la lista de los mayores inversionistas de la industria del carbón en el mundo.

Los datos muestran que las instituciones de crédito han estado activas por años en el sector de la energía renovable. Dichas inversiones no solo son benéficas desde una perspectiva ética y para la reputación, sino también desde el punto de vista económico.  Lo que sí está bastante claro es que centrarse en energías renovables no será suficiente si los bancos europeos continúan sus inversiones en el carbón a pesar de los compromisos que han manifestado. Si las principales instituciones de crédito frenasen todo tipo de inversión en el sector, lograrían compensar aquello que la legislación europea no puede cubrir (tanto económica como geográficamente), pero la meta seguirá pareciendo inalcanzable mientras estas continúen nadando entre dos aguas.

Este artículo es una asociación con European Data Journalism Network.

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