Análisis Los europeos y el Covid | República Checa, Hungría, Polonia y Eslovaquia

La recesión pone a prueba a la sociedad y a su confianza en el gobierno

Un aumento relativamente tardío en el número de casos de coronavirus en el grupo de Visegrado ha provocado una gran preocupación entre los gobiernos y las autoridades sanitarias, por lo que la popularidad de los líderes de esta región se ha visto muy afectada.

Publicado en 24 diciembre 2020 a las 14:30

En los países del "V4" – República Checa, Hungría, Polonia y Eslovaquia –  los ciudadanos se sienten frustrados por todas las oportunidades perdidas durante el verano que podrían haber mitigado la grave crisis económica que está provocando la pandemia de COVID-19. Mientras tanto, las campañas de desinformación no hacen más que obstaculizar la vacuna, que será imprescindible durante los próximos meses.

Un éxito inicial

La República Checa fue uno de los primeros países europeos que cerraron las fronteras e impusieron un confinamiento nacional generalizado. El gobierno de Andrej Babis hizo que la mascarilla fuese obligatoria (incluso al aire libre) y, en general, sus políticas fueron alagadas internacionalmente ya que mantuvieron muy bajo el número de casos. Poco después, Eslovaquia y Polonia siguieron su ejemplo. En Budapest, sin embargo, el gobierno de Viktor Orbán prefirió seguir directrices internas durante varias semanas más en lugar de imponer las mismas restricciones. 

Muchos ciudadanos centroeuropeos escucharon atentamente las instrucciones y recomendaciones de las autoridades sanitarias cuando la gravedad de la pandemia aumentaba.

Parece que la historia común de esta región ha sido uno de los motivos para su gran éxito. De nuevo la solidaridad invadió Centroeuropa. Ya estaba claro a principios de la primavera que la respuesta coordinada y centralizada de estos países estaba dando buenos resultados, ya que los países del grupo de Visegrado (V4) eran de los menos afectados en toda Europa. Sin embargo, paralelamente, el apoyo de los ciudadanos empezaba a resquebrajarse.

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Una creciente frustración

Varias encuestas llevadas a cabo en Polonia durante el mes de marzo mostraron un descenso del optimismo de los ciudadanos en cuanto a cómo creían que terminaría la pandemia. Al principio el 14 % pensaba que todo iría bien, al final del mes esa cifra descendió a la mitad. Además, el país se dividía casi perfectamente entre aquellos que creían que podrían lidiar con el impacto de la pandemia en la sociedad y en la economía, y los que pensaban que sería catastrófico. 

Desde entonces, la frustración y la desconfianza sobre la respuesta de los gobiernos a la pandemia no ha hecho más que crecer en los V4, aunque de distinta forma en cada uno.

En junio, los ciudadanos de los países centroeuropeos querían desesperadamente que se retirasen las restricciones para que la economía se pudiese recuperar. Los estragos en la salud mental ciudadana se podrían mitigar si se pudiese pasar más tiempo al aire libre, haciendo ejercicio y en compañía de otras personas. Sin embargo, como en todas partes, la retirada de estas restricciones produjo comportamientos sociales que llevaron a un aumento de los contagios. 

En la República Checa, cuando se retiró el confinamiento obligatorio, se organizaron grandes fiestas y barbacoas públicas; todo parecía volver a la normalidad. Al terminar el verano, la incidencia del virus se había multiplicado (en parte como consecuencia de dichas reuniones) y ya nadie estaba de humor para celebraciones. La situación era similar en toda la región.

Aun así, la confianza entre los cuatro países del grupo de Visegrado persistió. Cuando Viktor Orbán cerró las fronteras en septiembre (Hungría fue el primer país en reinstaurar las restricciones durante la segunda ola), el resto de los líderes de los otros tres países reaccionaron rápidamente para conseguir excepciones para sus ciudadanos. 

Solidaridad en declive

En otoño, las consecuencias de la segunda ola provocaron nuevos confinamientos en Europa, los países centroeuropeos ya no servían como amortiguador y los casos aumentaron a una velocidad alarmante.

Este cambio parece debido a la reticencia de los gobiernos para imponer los confinamientos cuando los casos empezaron a aumentar. Además, otro factor fue la pérdida de confianza en el gobierno, cuyo mensaje dejó de tener influencia en la sociedad y provocó que los ciudadanos estuviesen menos concienciados con los riesgos de la pandemia, a lo que se añadieron las campañas de desinformación.

En Hungría, a pesar de las previsiones de Bucarest, solo el 13% de los ciudadanos intentaron ahorrar para poder lidiar con una posible crisis económica futura, que ahora era muy probable debido a los confinamientos (continuos o esporádicos) y al no haberse conseguido un acuerdo en el presupuesto de la UE.

Esta situación es especialmente preocupante en Hungría ya que es el país que más ha sufrido económicamente en Europa. 

«La economía húngara bajará un 6,4 % al final del año 2020», según comentó el ministro de finanzas Mihály Varga en el periódico económico Világgazdaság el 24 de noviembre. Además, al terminar este año faltarán 4,7 mil millones de euros para alcanzar las cifras previstas por el presupuesto nacional.

La preocupación por la situación económica en los cuatro países del grupo de Visegrado es similar, sin embargo, discrepan en lo que respecta al descontento con sus gobiernos. El editor jefe del Visegrad Insight, Wojciech Przybylski, wrote: «Según el último sondeo de Kantar para la Unión Europea, casi la mitad de los húngaros entre 16 y 54 años (48,1 %) creen que su situación económica ha empeorado; mientras que la mayoría (55,9 %) están descontentos con las acciones del gobierno durante la crisis».

En comparación, el 34,7 % de los checos y el 44,3 % de los polacos creen que su situación económica se ha visto o se verá afectada por la recesión, por otra parte, la cifra de ciudadanos satisfechos con el gobierno es, respectivamente, de 60,5 % y 63,3 %.

Hasta hace muy poco, parecía que el gobierno eslovaco no sufriría el descontento ciudadano, pero como las políticas del primer ministro Igor Matovic de confinamientos y tests generalizados para toda la población no han provocado una relajación de las restricciones, la popularidad del gobierno ha caído de un 25 % en febrero a un 14 % en noviembre, a pesar de tener una de las cifras de casos y de fallecimientos más bajas de Europa.

Los esfuerzos de los detractores de la vacuna

La campaña de desinformación se propagó tan rápido como el coronavirus en los V4. En la República Checa, se crearon ONG cuyo único propósito era luchar contra las noticias falsas sobre el virus y consiguieron desmentir muchos argumentos antes de que se propagasen demasiado. Desgraciadamente, Hungría no fue tan eficiente en esta lucha.

Así empezaron las mayores discrepancias entre la información de cada uno de los miembros de los V4. Mientras que la estrategia de Bratislava de vacunación y test generalizados estaba alineada con los países occidentales, Varsovia y Praga se iban quedando atrás. Además, la propaganda de Budapest iba claramente en contra de la estrategia de Bruselas y de sus compañeros centroeuropeos.

La decisión de Orbán de utilizar las vacunas de Rusia y de China antes de que obtuviesen los certificados de la Unión Europea (incurriendo así en una violación de la ley de la UE) ha sido el último de los esfuerzos de Budapest para crear desconfianza hacia la UE y la OTAN entre sus ciudadanos, permitiendo la importación de noticias desde el este que manipulan la imagen que recibe el público.

En todos los V4, los expertos están alarmados por el aumento de desinformación sobre la vacuna.

Además, está aumentando la popularidad de grupos de seguidores de teorías conspiratorias y organizadores de protestas, que llevan años alimentando los argumentos de los detractores de las vacunas. Sin embargo, los medios de comunicación tradicional intentan ser más cautos, tanto al informar como al desmentir estas teorías, sobre todo dada la gran cantidad de artículos que comparten los argumentos chinos y rusos.

A la vuelta de la esquina

La falta de credibilidad y la creciente frustración de los ciudadanos de los V4 ha creado un vacío ideológico que, en lugar de llenarse de ideas democráticas que llamen a la concordia y a la unidad europea, está siendo conquistado por fuerzas nacionalistas.

Con el final del año a la vuelta de la esquina, la previsión mensual del Visegrad Insight advierte de que el aumento del populismo es un riesgo para el electorado rural. Carpathian Basin Hypothesis afirma que el electorado rural, que votará a los partidos populistas, va a sufrir las graves consecuencias económicas de los confinamientos, ya que las pistas de esquí están cerradas. A su vez, esto alimentará el radicalismo, aunque también podría hacer que los partidos populistas ya existentes pierdan popularidad.

Quizá sea esto por lo que Varsovia y Praga están intentando que las pistas de esquí abran durante la temporada de vacaciones, pero aún es demasiado pronto para saber qué consecuencias tendría esto en la población y en la economía. 

Con vistas al futuro, los ciudadanos más vulnerables a los problemas económicos por la crisis del coronavirus serán también los más vulnerables a las campañas de desinformación y a las ideologías populistas que ofrecen soluciones y razones simples a sus desgracias económicas. 


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