La vuelta de los hijos pródigos

La fuga de cerebros es un tema que preocupa a los búlgaros. Pero no todos los jóvenes abandonan definitivamente su país. Algunos regresan tras terminar sus estudios e incluso han creado una asociación para estrechar lazos con el resto de la sociedad.

Publicado en 3 marzo 2011 a las 17:14

“Es una película buena, pero eso es todo”. Así hablan los jóvenes de la asociación Aquí y Allá (Tuk-Tam en búlgaro) del éxito cinematográfico búlgaro “Emigrantes” (2002), que cuenta la historia de tres amigos que solo tienen un sueño: abandonar Bulgaria a toda costa. No ven que tengan nada en común con los protagonistas de la película, con sus objetivos ni con sus sueños.

Hoy en día, cada anuncio que muestra que el país se ve obligado a hacer venir del extranjero a especialistas de tal o cual ámbito de la economía nacional, es una piedra en su tejado. Aquí y allá es una asociación de jóvenes búlgaros que han realizado sus estudios o que estudian en el extranjero. Se trata de jóvenes que dudan entre marcharse, volver o quedarse para siempre lejos de sus hogares. El 3 de marzo, día de la fiesta nacional de Bulgaria, la asociación celebra sus tres años. “Suena un poco patriótico, pero es pura casualidad”, explica Vania Ivanova, de 27 años.

Jóvenes que han preferido quedarse

“Todo empezó con algunas reuniones informales”, recuerda la joven. “Cuando vuelves a tu país después de pasar mucho tiempo en el extranjero, a menudo te encuentras con que ya no tienes amigos. Al salir del instituto ya te vas a estudiar fuera. Cuando volví de Londres en 2008, recuerdo muy bien el vacío social: llega el viernes por la noche y no tienes con quien tomarte una copa”, recuerda todavía Vania. Entonces se encontró con dos de sus antiguos compañeros del colegio americano (situado en Blagoevgrado, al oeste del país), Mariela y Deni, que están en la misma situación que ella. En la actualidad asisten a sus reuniones una centena de personas y su grupo de Facebook tiene más de 1.500 seguidores.

Contrariamente a las afirmaciones sobre la fuga de cerebros de Bulgaria, estos jóvenes bien formados y con objetivos ambiciosos han decidido quedarse, y cada vez encuentran a más gente parecida a ellos. “Tenemos energía, conocimientos y, sobre todo, el deseo de triunfar y de ser útiles en Bulgaria”, confirma Vania. Su grupo encabeza varias iniciativas educativas y profesionales: “Juntos”, “¿Por qué has vuelto?”, “Estudiar en el extranjero”, etc. Su foro organizado en diciembre titulado “Una carrera en Bulgaria. ¿Por qué no?” sigue siendo el más seguido. Allí los jóvenes recibieron la visita del embajador estadounidense James Worlick y de la comisaria Búlgara en Bruselas (a cargo de la cooperación internacional), Kristalina Gueorguieva.

Otro miembro de Aquí y allá, Diana, antigua estudiante del Trinity College, se ocupa de las obras sociales del grupo. Son iniciativas muy sencillas, pero a menudo muy valiosas, como la colecta de ropa vieja. “El invierno pasado recogimos cosas de la basura en parques y edificios. Todavía me acuerdo de las miradas atónitas de los vecinos”, declara. ¡Nosotros ni siquiera vivíamos allí! Algunos nos han dado las gracias. Una anciana incluso nos echó una mano. Ese es el sentido de lo que hacemos: intentar cambiar la forma de pensar de la gente”.

El "choque cultural del retorno"

A menudo los miembros de Aquí y allá organizan reuniones sobre el tema del “choque cultural del retorno”, cuyo contenido podría inspirar historias dignas de un buen argumento para una película sobre la emigración. Porque la mayoría de ellos han adoptado los usos y costumbres de los países donde han estudiado, al igual que Diana, que le parece “muy bien” que los estadounidenses sean tan educados, aunque para otros se trate de una fachada. “Eso es algo que echo mucho de menos en Bulgaria”, afirma.

“Aquí nadie dice hola ni adiós, y mucho menos sonríe. Yo me enorgullezco de saludar a todo el mundo, incluidos los conductores de los autobuses, que seguramente me toman por loca”, dice ella. Pero tampoco todo es de color de rosa. Para Jény, este choque se produjo cuando estudiaba en Bélgica. Alguien le destrozó el coche en la calle en la que vivía. “Oí un ruido y salí, pero ya se habían marchado”, nos cuenta. “Mi vecino también salió a la calle, furioso y diciendo: ‘¡Los he visto y estoy seguro de que eran búlgaros o rumanos!’”.

La mayoría de sus compañeros de Aquí y Allá creen que el número de jóvenes búlgaros que estudian en el extranjero y luego regresan al país irá en aumento. Y no por nostalgia. Simplemente les parece que la vida en Bulgaria es más interesante. Existe un espíritu emprendedor, curiosidad, posibilidades profesionales y tiempo libre que pueden dedicar a intentar cambiar la mentalidad de los que los rodean. “El mundo es cada vez más global, las fronteras caen y nosotros nos movemos cada vez más. Hasta el sentido de este retorno ha cambiado por completo. Hoy puedes estar en Bulgaria y mañana volver a marcharte para trabajar en el extranjero durante una temporada. Las decisiones dramáticas y definitivas pertenecen a las generaciones anteriores”, concluyen los jóvenes de Aquí y Allá.

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