"Universidades". Manifestación ante el Parlamento griego contra el despido de alrededor del 40% del personal universitario, el 17 de octubre, en Atenas.

Los estudiantes, sin horizonte

Entre los jóvenes griegos que pueden salir a estudiar al extranjero y los que permanecen en el país, las oportunidades para tener éxito en los estudios y encontrar un trabajo son cada más desiguales. Retrato cruzado de dos estudiantes, a dos meses cumplidos de la huelga en las universidades griegas.

Publicado en 26 noviembre 2013 a las 12:24
"Universidades". Manifestación ante el Parlamento griego contra el despido de alrededor del 40% del personal universitario, el 17 de octubre, en Atenas.

Para los estudiantes de Grecia la mayor tragedia es indudablemente que sus posibilidades de obtener un título de grado se reducen porque las universidades permanecen cerradas. Mientras ellos se encuentran lejos de las clases impartidas en las aulas magnas y en los laboratorios, quienes estudian en el extranjero no pierden ni una hora de formación y reciben el saber necesario para comenzar a encauzar su futura vida profesional. Aunque no tienen más talento que sus homólogos de las universidades griegas, los estudiantes en el extranjero se preparan activamente para afrontar los retos profesionales del futuro. Desde el primer año, siguen religiosamente un programa muy bien pautado.

Tanto Mihalis Dinalexi como Stefanos Marguaritis quieren ser ingenieros. Están en último año de carrera, el primero en el Imperial College de Londres y el segundo en la Universidad de Atenas. Mihalis ya sabe cuándo defenderá su tesis. Stefanos, por su parte, no pudo presentarse a la convocatoria de septiembre por las huelgas y como poco empezará el curso con tres meses de retraso. Casi es seguro que Mihalis se incorporará al mercado laboral cuando Stefanos todavía esté luchando por conseguir su título de grado.

Mihalis Dinalexi tiene alrededor de tres horas de clase al día. Que obtenga o no su título de ingeniero dependerá exclusivamente de él, puesto que la universidad ha establecido el programa todos sus cursos hasta el mes de junio. “Yo me organizo ahora para los próximos meses. La universidad ya ha fijado la fecha en que presentaremos nuestras tesis. Ya sé qué me espera hasta el próximo verano y ahora ya todo funciona como un reloj”, explica él.

Proyectos retrasados

[[Cuando se entera de cuál es la situación en las universidades en Grecia, se da cuenta de la suerte que ha tenido de poder ir a estudiar al extranjero]]. “Que se den esas situaciones en Inglaterra resulta impensable. No se puede imaginar que la universidad cierre por una huelga del personal administrativo. Puede que hubiese algún problema pero se resolverían rápidamente con la dirección de la universidad y, sobre todo, sin repercusiones en los estudiantes. El personal administrativo y los profesores tienen como única misión mantener la reputación de la universidad. En cuatro años de estudios yo no he suspendido ningún curso. En contra de lo que se cuenta, los estudiantes en Inglaterra tienen derecho a expresar su opinión, a manifestar su descontento al rector, pero sin perjudicar en ningún caso el funcionamiento general. Los estudiantes eligen a sus representantes que son invitados a mesas redondas con la dirección, donde debaten y dan su punto de vista. El año pasado, aplicando ese procedimiento conseguimos retrasar unos días el plazo de entrega de un trabajo”, nos cuenta Mihalis.
El Imperial College es el mejor del mundo, sobre todo para los ingenieros, tal y como Mihalis confirma: “A final del curso, pasamos por la oficina de carrera profesional y, en muy poco tiempo, nos ayudan a encontrar trabajo”.

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Si fuese un año normal en el que todo funcionase con normalidad, Stefanos Maguaritis debería haber presentado su proyecto en primavera de 2014, ya una vez graduado en ingeniería por la Universidad de Atenas. Sin embargo, como los exámenes de septiembre se han retrasado, cualquier proyecto queda a su vez emplazado ya para el próximo otoño. “Las cosas son bien simples: en septiembre debía haberme presentado a dos asignaturas, lo que me hubiese permitido empezar con mi tesis a principios de octubre, al comienzo del semestre. Entonces lo habría defendido y hubiese obtenido mi grado en primavera… Pero todo se va a ver retrasado unos meses”, lamenta Stefanos.

Tiempo perdido

Preparar su tesis es lo que más le preocupa. Debería tener acceso a la biblioteca, hacer investigaciones y reunirse con sus profesores. “Pero la única cosa que puedo hacer ahora mismo, es fijar una cita con ellos para hablar del tema. No puedo hacer nada más. Hasta que la universidad funcione con normalidad, trato de ganar tiempo y de avanzar en mi tesis buscando en bibliotecas electrónicas”, explica él.

El tiempo perdido, aunque sean unos meses, perturba la organización de Marguaritis y, más allá de eso, sus opciones; tendrá que decidir entre hacer una titulación superior o alistarse en el Ejército. “Lo que es seguro es que voy a tardar en enviar cartas a las universidades que me interesan a la hora de plantearme una titulación superior”.
Para él, la Escuela Politécnica es un centro excelente, el 25º en la clasificación de la lista mundial de universidades, y no ve que su reputación pierda valor en el ámbito internacional. “Lo que hacemos aquí se reconoce en todo el mundo. Sería una pena hacer que el nivel bajase. Hay que encontrar rápidamente un espacio de acuerdo para no perder el curso”, se lamenta.

Huelga universitaria

Un coste muy alto para las familias

Las dos universidades principales de Atenas todavía no han empezado el curso debido a la huelga del personal administrativo. Ta Nea explica que el principal escollo es el plan de movilidad de los funcionarios, impuesto por la troika de acreedores internacionales y, en su momento, el despido del personal administrativo de estos establecimientos, que consideran excesivo. El rector de la Universidad de Atenas se niega a realizar cualquier despido y prefiere mantener las puertas de sus facultades cerradas hasta que se llegue a un acuerdo con el ministro de Educación.
Ta Nea subraya que esta actitud supone un alto coste para las familias de los estudiantes, porque “la pérdida de un semestre asciende, de media, a entre 4.000 y 5.000 euros”.
El diario añade que:

además del peso económico, también hay un coste que no está medido, que es el del sufrimiento moral, el de el exceso de estudiantes previsto en las aulas en las que el curso vuelva a comenzar, cuando deberán ser repartidos el doble de estudiantes, sin hablar del insuficiente número de talleres de prácticas.

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