Los que vigilan lo que comemos

La Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria (EFSA, European Food Safety Authority) es el organismo que decide lo que puede llegar a nuestros platos. Sin embargo, mantiene estrechos vínculos con la industria, en detrimento del consumidor.

Publicado en 15 noviembre 2011 a las 15:03

Supuestamente la misión de la Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria es proteger a los consumidores. Sin embargo, sus representantes, cuya tarea es autorizar con total independencia el lanzamiento al mercado de nuevos productos, trabajan en estrecha colaboración con la industria agroalimentaria.

Albert Flynn, presidente del grupo científico de la Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria, trabaja personalmente para el gigante estadounidense Kraft. Jiri Ruprich, miembro del consejo de administración de la EFSA, también trabajó hasta marzo de 2011 para Danone en República Checa. Por último, Carlo Agostini, miembro del grupo de trabajo de la Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria, participa habitualmente como conferenciante en empresas como Nestlé, Danone, Heinz, Hipp, Humana y Mead Johnson.

Reglas muy laxas

Por todo ello hay motivos para preocuparse, porque esta institución es la que decide lo que puede o no llegar a los platos de los consumidores europeos. Con sus 450 empleados, esta autoridad de control con sede en Parma (Italia), constituye el pilar del dispositivo europeo de seguridad alimentaria y dispone de un presupuesto de 73 millones de euros.

Hoy se reprocha a la Autoridad que no lucha con suficiente eficacia contra los conflictos de intereses, a pesar de los numerosos escándalos. "Es inaceptable que se permita a los representantes de un sector industrial formar parte del organismo encargado del control de sus productos", declara Timo Lange, responsable de LobbyControl. Sin embargo, el principal obstáculo para aplicar cualquier reforma se debe a una disposición europea: no existe ninguna prohibición formal de que los miembros de la Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria puedan ejercer una actividad para la industria agroalimentaria, siempre que la declaren.

El ejemplo del irlandés Albert Flynn, responsable del grupo científico sobre productos dietéticos, nutrición y alergias demuestra la ambigüedad de estas relaciones. El pasado 21 de julio, el comité que él mismo dirige anunció una decisión especialmente delicada sobre la autorización del lanzamiento al mercado de un producto de Kraft Foods Europe. Al parecer, la autoridad europea ni se inmutó por el hecho de que este científico, empleado por Kraft, ocupara simultáneamente estos dos cargos.

Dos ámbitos con importantes intereses económicos

La actuación de la comisión presidida por Flynn favorece totalmente a Kraft. Su producto basado en cereales con alto contenido en almidón de digestión lenta recibió el beneplácito de los científicos. Según el fabricante, se supone que este producto limita el nivel de azúcar en la sangre tras una comida, una ventaja para las personas que padecen diabetes. En el origen de esta aprobación se encuentra una disposición europea sobre la verificación de las alegaciones de los beneficios de ciertos productos alimentarios, en vigor desde 2007. Todos estos productos que se jactan de aportar un beneficio para la salud deben someterse a un examen científico y la Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria es quien se encarga de realizarlo.

Para los fabricantes, esta cuestión oculta importantes intereses en términos monetarios y de cuotas de mercado. Las alegaciones de beneficios para la salud constituyen un argumento de venta perfecto.

La Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria no sólo mantiene estrechos vínculos con los fabricantes, sino también con las organizaciones próximas de los medios industriales. De este modo, Albert Flynn también es miembro del comité científico del grupo de presión International Life Sciences Institute Europe, en el que se encuentran igualmente empresas como Monsanto, Coca-Cola, Nestlé, Unilever, Danone, Bayer y Kraft. Varios expertos de dicha autoridad ocupan incluso funciones dentro de este instituto inscrito en la lista negra de la Organización Mundial de la Salud (OMS).

En su sitio web, la Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria afirma que sus actividades respetan los valores fundamentales "de independencia, de transparencia y de capacidad de reacción". Va siendo hora de que se apliquen realmente.

Investigación

Transfuguismo hacia la empresa y conflicto de intereses

"Acusan a las autoridades sanitarias europeas", titula en portada Le Monde, que informa acerca delas sospechas de conflicto de intereses que pesan sobre la Agencia Europea del Medicamento (AEM) y la Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria (EFSA por sus siglas en inglés).

A la Agencia Europea del Medicamento se le imputa claramente la lentitud con la que ha obrado para retirar del mercado el medicamento Mediator, que ha podido ser la causa de la muerte de unas 2.000 personas en Francia, a pesar de las alertas presentadas ante la autoridad desde 1998. Numerosas asociaciones de consumidores sospechan también que los expertos de la Agencia Europea del Medicamento incurren en conflicto de intereses. Empezando por su ex director, ThomasLönngren, que desde el 1 de enero de 2011 se ha reciclado prestando servicios de asesor para la industria farmacéutica.

Por su parte, el Observatorio Corporativo Europeo (Corporate Europe Observatory, CEO) acaba de poner en tela de juicio a la Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria, puesto que denuncia la integridad del proceso de autorización de la patata transgénica Amflora, producida por la alemana BASF y autorizada en Europa desde 2010. Según el observatorio, 12 de los 21 miembros del grupo de expertos de la Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria, que ha dado su visto bueno a Amflora en junio de 2009, se encontraban en una situación de conflicto de intereses:

En los años o los meses precedentes a emitir su juicio acerca de Amflora, doce investigadores han ejercido temporalmente funciones de asesoría para empresas agroquímicas o han estado implicados en estudios científicos financiados por industriales que manifestaron su interés por los organismos genéticamente modificados […] En concreto, ocho de ellos han estado vinculados al International Life Science Institute (ILSI), una organización internacional sin ánimo de lucro creada en 1978 por Heinz, Coca-Cola, Pepsi, Procter&Gamble y Kraft y a la que posteriormente se adhirieron decenas de empresas del sector de la nutrición, la agroquímica o incluso la farmacia.

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