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Luca, el chef de Appio Claudio, en Roma

Actualmente, casi un millón de personas nacidas en Italia no pueden obtener la nacionalidad, ya sea por tener menos de 18 años o por no haber cumplido con los estrictos criterios y plazos. Como Luca Neves, si no pueden renovar su permiso de residencia por motivos familiares o laborales, su situación podría fácilmente pasar a ser irregular. Este es el primer artículo de la colección sobre los jóvenes europeos indocumentados en tiempos de covid-19, en asociación con Lighthouse Reports y the Guardian.

Publicado en 11 septiembre 2020 a las 08:20

Los primeros rayos del sol se filtran a través de la persiana de la cocina cuando Luca Neves comienza su sesión de cocina diaria en Facebook. Hoy va a preparar polenta asada con queso fundido y calabacín salteado.

Desde que los italianos se confinaron a principios de marzo para frenar el avance del coronavirus, estos streamings informales son “mi forma de desahogarme y superar esta época”, explica.

Cuando Neves se da cuenta de que entre sus espectadores hay otro chef, se torna reflexivo. “Es una mala época para todos los que trabajamos en restauración», dice a la cámara antes de relajar el ambiente, «ahora solo tenéis que pincelarlo con el aceite y vencer el miedo. ¿No oís cómo los calabacines cantan en la sartén?”

Mientras emite desde su cocina, en un bloque de pisos desconocido situado en Appio Claudio, un concurrido barrio del este de Roma, Neves oculta una herida. No tiene papeles desde hace más de doce años.

En Italia hay muchos más en su situación. Según los datos del grupo de expertos del Istituto per gli Studi Politici Internazionali, unas 600 000 personas residen en el país sin papeles. El número ha aumentado considerablemente desde que en 2018 el exministro de Interior Matteo Salvini, del partido de extrema derecha Lega Nord, aprobó un «decreto de seguridad» que suprimía los permisos de protección humanitaria.

Un pequeño error

Sin embargo, a diferencia de la mayoría de estas personas, Neves, que cumplirá 32 años en unos meses, nunca ha entrado en Italia, sino que nació aquí. En Italia, cuando eres hijo de extranjeros, un pequeño error en los últimos años de la adolescencia puede afectar toda tu vida y convertirte en un fantasma.

En 1975, el padre de Luca, Joaquim Antonio Neves, desembarcó en el puerto de Nettuno, situado a unos 50 kilómetros hacia el sureste de Roma. Su madre, Maria Araujo Geltrudes, trabajaba como criada en la capital. Como ya había ocurrido con cientos de jóvenes mujeres caboverdianas, Maria Araujo (conocida como Cristallina por su deslumbrante sonrisa) había abandonado la adversidad del archipiélago del Océano Atlántico para suplir la demanda de trabajo doméstico de la creciente burguesía romana.

Joaquim Antonio, un hombre testarudo e irónico, había recorrido el mundo como marinero desde los 15 años. Durante una escala en Nettuno, un pescador local le ofreció asentarse y trabajar allí con él. Cuando aquel hombre murió debido a un explosivo de la Segunda Guerra Mundial sin detonar enganchado en la red de pesca, dejó el trabajo y se convirtió en mozo de cuadra de una escuela de hípica. Poco después, él y Cristallina se establecieron ahí.

Neves creció en Trigoria, un barrio conocido por alojar el campo de entrenamiento del club de fútbol de Roma, uno de los mejores de Italia. Cuando era adolescente, a veces entregaba pizzas a jugadores famosos como Cafu, Francesco Totti y Gabriel Batistuta. Su tiempo se dividía entre la música, una formación profesional en hostelería y restauración, y trabajos esporádicos.

“Sucio negro”

En los 90, los Neves eran una de las pocas familias negras en un barrio tradicionalmente conservador. Luca aprendió a responder a los comentarios racistas con dignidad. «Mi madre me dio una lección que me cambió la vida. Una vez un compañero de clase me llamó “sucio negro” y, de camino a casa, en lugar de escuchar mis quejas me miró fijamente y me dijo que decidir cómo debía tratarme el resto dependía de mí», recuerda.

Como muchos de sus amigos, a los 18 años barajaba diferentes opciones para su futuro: una carrera incierta en la música o una formación en restauración para convertirse en chef.

Pero, a finales de 2007, sus planes se interrumpieron súbitamente.

De acuerdo con la ley de nacionalidad italiana de 1992, una de las más restrictivas de la UE, los niños nacidos en Italia de progenitores extranjeros disponen de un año (entre los 18 y los 19) para solicitar la nacionalidad.

En aquella época, mientras sus padres «trabajaban sin parar», Luca tuvo que enfrentarse a una burocracia abrumadora. Cuando finalmente se hizo con todos los documentos necesarios, le dijeron que era demasiado tarde: había hecho los 19 un mes antes.

“Ahí empezó mi calvario”, afirma sacudiendo la cabeza.

La educación algo rígida y militar inculcada por su padre y la visión más compasiva y segura de su madre le ayudaron a hacerse camino los años siguientes.

Spaghetti alla carbonara

En 2013, unos meses antes de que su madre falleciese de un ictus, fue detenido por la policía y recibió una orden de deportación. “Estaba tan ocupado ayudándola que se me pasó el plazo para apelar la orden”, afirma. Para Luca es una cuestión de principios: si has nacido en Italia y tus padres han pagado impuestos durante años, no se te debería denegar la solicitud de nacionalidad por un simple retraso.

Incluso sin papeles, Neves luchó por subir en el escalafón de la escena culinaria romana. Recuerda con orgullo el día en que le felicitaron por sus spaghetti alla carbonara, el plato más emblemático de Roma, mientras trabajaba ilegalmente en una trattoria típica. «Me ofrecieron contratos de hasta 4000 euros al mes como jefe de cocina, pero tuve que rechazarlos», afirma. Ningún contrato laboral podía revocar la orden de deportación pendiente.

Entretanto, Neves inició una carrera en el hip hop. Hizo un tour por Italia bajo su sobrenombre Fat Negga, con unas canciones que combinan el criollo caboverdiano con el argot romano. «Roma es mi historia, me da mi identidad y mi libertad. Dime, ¿a dónde quieres perseguirme?», canta en la última canción inédita de Fat Negga, llamada «La mia città» [Mi ciudad].

En 2017, se enamoró de Hélène Mastroianni, una profesora de baile, y decidieron hacer un tour juntos combinando música y baile. Sin embargo, tuvieron que rechazar varias ofertas para actuar fuera de Italia. «Muchas veces siento que tenemos dos vidas: la ordinaria, en la que hacemos planes, discutimos, reímos; y una paralela, donde todo se echa a perder por la invisibilidad de Luca, por el miedo constante», explica Hélène.

A finales de 2019, su segunda vida estuvo a punto de devorar definitivamente a la primera.

Para intentar evitar su deportación, Luca había solicitado la reunificación familiar con su padre, que se encuentra ingresado en una clínica tras haber sufrido varios infartos y haberse contagiado recientemente de la covid-19. La mañana del 19 de septiembre Neves se presentó, temblando de alegría, en la oficina central de inmigración para recoger su documentación. Sin embargo, poco después se vio encerrado en una gran celda en el sótano del edificio.

Sin que se notase, había metido su teléfono en la carpeta con la documentación. Envió un mensaje a su novia, que estaba esperándole fuera de la oficina, y a su abogado. «Fue como si nos arrastrasen a un pozo sin salida: nos llevó un rato poder respirar otra vez», rememora Mastroianni.

Un funcionario contó a Neves que solo saldría para coger un avión a Cabo Verde, lugar en el que solo había estado durante unas breves vacaciones a los 6 años. Pero el Centro de Internamiento de Extranjeros local en Ponte Galeria estaba lleno. Le dieron una orden de un mes que debía firmar con las autoridades dos veces por semana. Sin embargo, un juez la revocó al día siguiente estableciendo que no había ninguna posibilidad realista de deportarlo, ya que había nacido en Italia. Cuando lo liberaron, era de noche.

Al menos 900 000 personas nacidas en Italia no pueden obtener la nacionalidad, ya sea por tener menos de 18 años o por no haber cumplido los estrictos criterios y plazos.

Paula Baudet Vivanco es una de las portavoces de Italiani Senza Cittadinaza (Italianos Sin Nacionalidad), un movimiento social que aboga por una reforma de la ley de nacionalidad italiana. Según ella, el caso de Luca «es extremo y expone todos los fallos de las leyes antiguas» respecto a lo que significa ser italiano. Su organización reivindica que los niños de inmigrantes obtengan la nacionalidad en el nacimiento o durante la escolaridad.

Italiani Senza Cittadinaza estima que al menos 900 000 personas nacidas en Italia no pueden obtener la nacionalidad, ya sea por tener menos de 18 años o por no haber cumplido los estrictos criterios y plazos. Si no pueden renovar su permiso de residencia por motivos familiares o laborales, su situación podría fácilmente pasar a ser irregular.

«Normalmente a los 18, los jóvenes italianos piensan en el carnet de conducir, en votar por primera vez… Para nosotros, es como si la vida adulta llegase mucho más tarde», afirma Baudent Vivanco. «Te pasas tus mejores años esperando, rechazando empleos… es un ciclo infernal del que no puedes salir.»

Debido a las posibilidades de una crisis económica por la pandemia del coronavirus, «está todavía más claro que la idea de que todos estamos en el mismo barco ante el virus es falsa: a los italianos sin nacionalidad los están dejando ahogarse», afirma.

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En lo que respecta a Neves, estaba a punto de apelar la desestimación de la reunificación familiar el 25 de marzo, pero los tribunales civiles cerraron semanas antes. No han comunicado ninguna otra fecha. ¿Y qué hay de las ayudas financieras? «Olvídalo, ni siquiera tengo carnet de identidad ni tarjeta sanitaria. Simplemente no existo», me cuenta durante uno de nuestros largos paseos por Parco degli Acquedotti, una de las zonas verdes más extensas de Roma.

Desde donde estamos, podemos ver la gran superficie donde Federico Fellini grabó la primera escena de La dolce vita. La historia de Luca se parece más a la de otra obra maestra que también se rodó parcialmente aquí, Mamma Roma, de Pier Paolo Pasolini, cuya heroína es trasladada a un pasado del que quiere huir. «Este virus ha sido una sorpresa amarga,» afirma Neves, «pero estoy acostumbrado a hacer cuarentena, la llevo haciendo doce años.»

Este artículo es parte de la serie Europe Dreamers, en colaboración con Lighthouse Report y el Guardian. Revise los otros artículos de la serie aquí.

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