En una calle de Zagreb, Croacia.

Ni dentro ni fuera

"Nido de víboras", "polvorín sur-oriental", "cuna de Europa" o "herederos de Bizancio",…la identidad de los Balcanes es tan heterogénea que a la Unión le cuesta delimitar a esta región y encontrar la actitud adecuada para dialogar con los países que la componen.

Publicado en 30 septiembre 2010 a las 15:52
En una calle de Zagreb, Croacia.

Uno de los estereotipos de la política europea es el retrato "negro" de los Balcanes: el "polvorín" del sureste, una colección oscura de nacionalismos irreconciliables, de intolerancia y de violencia; Kosovo, la atrofia económica, el fundamentalismo, etc. Todos los vicios de la premodernidad, del totalitarismo, del no-europeísmo parecen competir para definir un territorio delicado, que empuja astutamente hacia los límites de la civilización occidental. Desde el punto de vista de los países desarrollados, es difícil determinar qué cuesta más: hacer el esfuerzo de integrar económicamente a una región atrasada, para evitar los riesgos de su involución, o abandonar a la región a su suerte pero tener que incurrir en grandes gastos militares para resolver las crisis que se produzcan como consecuencia de este abandono.

Desazonados ante tal panorama, algunos países de los Balcanes intentan desprenderse de su localización geográfica: Croacia y Eslovenia intentan "migrar" hacia una pertenencia centro-europea. Rumanía, situada al norte del Danubio, a veces se comporta, quizás con cierto de grado de justificación, como "árbitro" de la zona, situándose fuera de ésta.

Otros Estados, que no pueden alegar ningún argumento mínimamente válido a favor de su no pertenencia a esta zona, intentan salvarse construyendo una especie de utopía del "milagro" balcánico. Así, una imagen eufórica sustituye al retrato oscuro: los Balcanes son la cuna de Europa (y el origen de su nombre, inventado por los griegos), los Balcanes son la sal y la pimienta del continente, su vivero de autenticidad y de tradición. Evocan a la Grecia antigua y a Bizancio como las marcas que les definen.

Europa es demasiado paternalista

A las grandes virtudes fundadoras se añaden las connotaciones del martirio. Los Balcanes son la víctima de la política occidental, el cordero sacrificado, la capital del sufrimiento de la ingrata civilización occidental, que después de todo existe gracias a las "defensas" orientales.

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Sin embargo, el orgullo de ser balcánico apenas resuelve las tensiones crónicas que sufre la región. Cada país de los Balcanes se considera como el "auténtico" centro de la región. De este modo se engendra una feroz lucha por el liderazgo, un delirio de la vanidad de la identidad, que oscila entre patética e irrisoria. Para complicar las cosas, a esto se añade la imagen que tiene la Unión Europa de los Balcanes. Le gustaría ser condescendiente, equitativa, "políticamente correcta", pero a menudo se limita a un análisis estrictamente cuantitativo, a los prejuicios y al didactismo.

Bruselas no tiene ni tiempo para comprender ni paciencia para escuchar. Y cae en el exceso paternalista ("sabemos mejor que vosotros lo que os conviene"), o en la amabilidad deferente y contraproducente ("no queremos daros lecciones, no tenemos derecho a imponeros nada"). La primera versión irrita al orgullo local, la segunda fomenta la suficiencia estéril. La conclusión es que resulta tan difícil ayudar como dejarse ayudar.

El "núcleo" europeo aún no logra sustituir el cliché sobre los Balcanes, la carga peyorativa de una denominación geográfica, por una serie de conocimientos profundos sobre la región. Si queremos "salvar" esta zona sólo por protegernos de posibles complicaciones "fronterizas", nunca sabremos lo que salvamos realmente. La cuestión sería entonces por qué los países de la región se merecen la salvación, qué valores europeos se perderían ante el fracaso de una política balcánica arbitraria. Sin esta perspectiva, los Balcanes seguirán siendo, como dijo alguien, "un infierno, adoquinado con las malas intenciones de las grandes potencias".

Elecciones

Nasa Stranka, un partido que defiende un Estado multiétnico

En vista de las elecciones legislativas del 3 de octubre, tres intelectuales de Sarajevo —Danis Tanovic, oscarizado por su película No Man’s Land en 2001, Dino Mustafic, director teatral y Pedja Kojovic, ex camarógrafo de la agencia Reuters— vana presentar su propio partido político, afirma Le Monde. Fundado en 2008, Nasa Stranka [“Nuestro partido”] defiende una Bosnia- -Herzegovina multiétnica. En la República de Serbia, el partido a constituido “una coalición con el único movimiento antinacionalista serbio, el Nuevo Partido Socialista (NSP) de Zdravko Krsmanovic, el alcalde de Foca”. Aunque no va a presentar a ningún candidato a la presidencia, Nasa Stranka espera entrar en los tres Parlamentos (el de Bosnia-Herzegovina y el de las dos “entidades”), así como en los consejos cantonales. “En un país donde los ciudadanos están desesperados y el abstencionismo es la norma entre los electores (...) Nasa Stranka espera un milagro, una sorpresa”, concluye Le Monde.

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