Noticias Éxodo en el Este

No hay forma de evitar la crisis demográfica

En algunas regiones de Europa, la emigración se ha convertido en un problema más grave que la inmigración. Según Slavenka Drakulić, dentro de solo algunas décadas, Croacia será un país lleno de ancianos y no quedará nadie que cuide de ellos. En lugar de soluciones reales, los políticos solo ofrecen promesas vacías y eslóganes patrióticos.

Publicado en 10 marzo 2020 a las 23:03
Eloisa D'Orsi |  Estación de Zagreb. De la serie: “Accession, the great illusion”, por Eloisa d’Orsi para Presseurop/VoxEurop.

En diciembre, muchos quedaron perplejos tras conocer la noticia del nombramiento de una parlamentaria europea croata como nueva vicepresidenta de Democracia y Demografía de la Comisión Europea. Los ciudadanos croatas fueron los que más sorprendidos estaban, ya que Dubravka Šuica, exalcaldesa de Dubrovnik, nunca destacó por sus contribuciones ni a la democracia, ni a la demografía.

El nombramiento de Šuica parece un tanto absurdo ya que Croacia es precisamente uno de los países de la Unión Europea que más ha sufrido por la reciente crisis demográfica que ha invadido Europa central y del Este. Se podría pensar que Šuica habrá sido elegida para encargarse de esta responsabilidad debido a sus grandes logros en Croacia en este ámbito, pero desgraciadamente no es el caso. Es probable que ni siquiera haya oído hablar de todos los jóvenes que están emigrando a Irlanda o Alemania, ni de pueblos abandonados en Slavonia, donde las casas valen menos que coches de segunda mano, ni de los colegios vacíos por todo el país, que perdieron 40 clases en 2019. ¿Será al menos consciente de cifras, tanto oficiales como no oficiales, como el índice de natalidad de 1,4 hijos por cada mujer o las 200 000 personas que han abandonado el país en la última década?

Quizá pretenda resolver la crisis priorizando este problema ahora que Croacia está al timón de la Unión Europea durante los primeros seis meses del 2020. Es una lástima que no parezca tener ninguna intención de hacerlo.

En un artículo reciente, Tim Judah, periodista y experto en países balcánicos, advierte sobre los preocupantes pronósticos demográficos. Él mismo predice que para el 2050, Croacia habrá perdido el 22% de sus habitantes y será un país pobre lleno de ancianos que no tendrán quién cuide de ellos. Pero Croacia no es la única, aunque esto no sea un gran consuelo. Hoy día, más de 20 millones de ciudadanos de la Unión Europea (alrededor de un 4%) viven en un país miembro distinto al suyo de origen, y estas cifras no hacen más que aumentar. Durante las próximas décadas, Bulgaria perderá alrededor de un 39% de sus habitantes, seguida de Rumanía con un 30% y de Polonia con un 15%. En cuanto a los países no miembros de la Unión Europea de la misma región, Serbia y Bosnia-Herzegovina perderán alrededor de un tercio de sus habitantes y Albania un 18%.

La despoblación no es un problema nuevo en esta región que ya vivió la emigración masiva a Estados Unidos en los inicios de siglo XIX y los cientos de miles de gastarbeiter (trabajadores invitados) que abandonaron Yugoslavia para trabajar en Alemania y otros países de Europa Occidental en los años 60 y 70, salvando así la economía yugoslava. Muchos nunca volvieron y el equilibrio solo se mantuvo gracias al alto índice de natalidad. Sin embargo, ahora la situación ha cambiado y durante las guerras que se produjeron en la antigua Yugoslavia en los 90, Croacia perdió más de 300 000 personas, tanto víctimas mortales como refugiados y emigrantes. Finalmente, la última ola de emigración al Este ha reducido la población a menos de 4 millones.

Pero esta nueva ola de migración interna europea es diferente, por primera vez en la historia, esta región está experimentando una verdadera fuga de cerebros. Antes, los emigrantes eran trabajadores sin formación, mientras que ahora se van los más cualificados: desde los famosos fontaneros polacos que tanto preocupaban a Francia hace unos años, hasta electricistas, técnicos e informáticos. El 32% de estos migrantes internos de la UE tiene estudios universitarios, un hecho sin precedentes, mientras que en Bulgaria y Rumanía se enfrentan a una gran escasez de médicos y enfermeros. El problema es tan grave que un exministro rumano sugirió legislar contra la emigración que superase los cinco años de duración.

Además, los jóvenes ya no se van solos, sino que se llevan a sus familias, una clara prueba de que pretenden irse para siempre. Según numerosos estudios, incluso los motivos para emigrar han cambiado y ya no son exclusivamente económicos, sino también sociales. Motivos como la corrupción, la injusticia o la falta de esperanza por un futuro mejor.

Mientras que Occidente palia su falta de trabajadores con la inmigración o Polonia, por ejemplo, se beneficia de la llegada de trabajadores ucranianos, otros países más pequeños del Este sufren las consecuencias. En estos lugares, el etnonacionalismo se impone, y temen que la nación desaparezca. A aquellos para los que 1989 supuso la creación de un estado étnicamente homogéneo les disgusta la idea de la inmigración de fuera de Europa, por lo que consideran seriamente limitar la inmigración. El ya antes mencionado ministro rumano no está solo, en torno a la mitad de los húngaros y polacos comparten sus ideas, tal y como explican Stephen Holmes e Ivan Krastev en su último libro: La luz que se apaga.

Hasta ahora, las políticas nacionales han fracasado porque los gobiernos nacionalistas, apoyados por las Iglesias Católica y Ortodoxa, siguen apelando al patriotismo en lugar de satisfacer necesidades básicas como el empleo o la vivienda, que convencerían a los jóvenes y a los trabajadores cualificados a quedarse. No es tan difícil de entender, la gente se quedaría si tanto ellos como sus hijos pudieran tener un futuro en el país. Pero parece que eso es lo último que los gobiernos quieren ofrecer y sus mentiras y promesas vacías solo acrecientan la desconfianza en la élite política, siendo éste un motivo más para emigrar.

Algunas reformas para enfrentarse al descenso de la natalidad parecen dar sus frutos, como la de la ministra de Salud y Asuntos Sociales de Finlandia, Aino-Kaisa Pekonen, que
a principios del mes de Febrero anunció una baja parental pagada de siete meses para ambos padres. Pero estas políticas no son realistas en Europa del Este. En Croacia, el gobierno creó recientemente el Ministerio de Demografía, Política Social y Juventud para lidiar con esta crisis. Sin embargo, incluso si este ministerio fuese capaz de imponer medidas significativas, carecería de financiación.

En este contexto, la recientemente nombrada vicepresidenta de Democracia y Demografía no hará más que repetir antiguas promesas vacías. Pasará tiempo antes de que ella y la Comisión Europea se den realmente cuenta de la revolución demográfica que se está produciendo en el corazón de Europa.

Este artículo se publica en colaboración con Eurozine

¿Eres un medio de comunicación, una empresa o una organización? Consulta nuestros servicios editoriales y de traducción multilingüe.

Apoya el periodismo europeo independiente

La democracia europea necesita prensa independiente. Voxeurop te necesita a ti. ¡Únete a nosotros!

Sobre el mismo tema