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Stephanie Saldaña sobre migración: “El papel de una escritora es concienciar a la gente”

Escapar de países desgarrados por la guerra significa, muy a menudo, llevar consigo lo mínimo indispensable y dejar todo lo demás atrás, para no volver a verlo jamás. ¿Qué llevan consigo los exiliados en su viaje hacia un nuevo hogar y qué nos dicen estos objetos de una vida pasada? En What We Remember Will Be Saved, la autora y periodista Stephanie Saldaña reflexiona sobre la migración, la resiliencia y los recuerdos.

Publicado en 10 abril 2024
Stephanie Saldaña

Stephanie Saldaña es una escritora y periodista norteamericana que ha pasado muchos años viviendo en Oriente Medio y documentándolo a lo largo de muchos de ellos. En su nuevo libro What We Remember Will Be Saved ("Aquello que recordemos se salvará", Broadleaf Books, 2023), narra la historia de seis migrantes que abandonaron sus hogares después de la guerra civil en Siria y nos dice las cosas que se llevaron consigo. En un relato profundamente humano, la autora reflexiona sobre la memoria, la conservación de la cultura y lo que verdaderamente se salva cuando nada más sobrevive. 

Voxeurop: El libro lleva en el mercado cosa de un año. ¿Qué piensa ahora de él?

Stephanie Saldaña: Fue un libro que me llevó mucho tiempo escribir. El seguir estas vivencias y conocer a estas personas fue un trabajo verdaderamente hecho con amor. Y yo, por supuesto, me preocupé mucho de hacer justicia a sus relatos. En ese sentido, fue un alivio sacarlo al mundo, pero aun así, siempre me he sentido muy protectora de él. Se publicó el 12 de septiembre y luego el 7 de octubre se produjo la invasión de Hamás y el mundo miró hacia otra parte. Solo espero que sea una historia a la que el público vuelva a prestar atención, con el tiempo. Creo que ahora más que nunca la gente necesita ser consciente de los mundos que se destruyen en la guerra y de las personas a quienes se confía que narren sus historias. En cierto sentido, pienso que el libro es, ahora, más relevante que nunca, incluso aunque pudiera no parecerlo.

Este libro trata sobre cómo hacer frente y sobrevivir al trauma. Las personas que aparecen en su libro tienen los medios para hacerlo, tienen mucho que ofrecer y enseñar a la gente.

Pienso que las personas sobre las que escribo son recordadoras. La gente me suele preguntar cómo las encontré. Es más fácil de lo que se piensa: todas las comunidades, todas las familias tienen su recordadora y son aquellas quienes te llevan a contactar con esta. Y estas personas recuerdan y al recordar mantienen algo unido dentro de la comunidad o dentro de una familia. Pienso que este libro es, en realidad, la forma de compartir cómo lo hicieron.

Inicia usted el relato describiéndolas como “historiadoras ocultas”. Nosotros vemos la historia como una narración expuesta por académicos o periodistas. Pero el enfoque de usted para contar la historia recurre a los relatos de las personas, las historiadoras de la guerra.

What We Remember Will Be Saved

Creo que eso forma parte de lo que sucede con un libro como este. Yo vivía en Siria cuando estalló la guerra y descubrí que el relato que se estaba haciendo acerca de la guerra era completamente diferente de los relatos que los sirios estaban intercambiando entre ellos al hablar de la guerra. Como escritora, se siente una especie de llamada de atención y una se pregunta ¿cuál es el espacio entre estas dos cosas? ¿Por qué se están contando dos relatos diferentes? ¿Y cómo puedo yo narrar o compartir este otro relato que todos ellos se cuentan unos a otros y que se centra en salvar cosas, en sobrevivir? 

Eso ha sido siempre el reto de este libro. Cuando se publicó no quise usar la palabra “refugiado” en el subtítulo. En todos los seis años durante los que estuve escribiendo este libro, nunca pensé que estaba escribiendo sobre “refugiados”. Estaba escribiendo sobre personas que conocía, que eran historiadoras, artistas, amantes de la música.

Su libro parece desligado de todo el discurso sobre refugiados que tiende a presentarlos como una masa sin rostro.

Absolutamente. También pienso que uno de los puntos débiles al escribir sobre personas desplazadas es que con mucha frecuencia solamente se habla de su éxodo y, por esa razón, ellas pasan a ser lo que les sucedió. Yo quise escribir un libro diferente, en el que las personas son en sí mismas el relato, para recordar de verdad a la gente que cada persona contiene dentro de sí todo un mundo, una historia completa. Así pues, lo hice para que no fuera un libro sobre lo que les sucedió a esas personas, sino un libro sobre quiénes son esas personas.


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En nuestra condición de periodistas, intentamos dar testimonio al mundo, pero a menudo empeoramos las cosas. ¿Cree usted que hay un límite a lo que como periodistas podemos decir?

No sé si hay un límite a lo que se puede decir como periodista, pero pienso que cuanto más escuchemos las voces de las personas desplazadas, más comprenderemos de verdad lo que está pasando. Y cuanto más nos neguemos a escucharlas, más seguiremos creyendo cualquier clase de versión o de proyección de la historia que no será la realidad. 

Mostrar a las personas es algo que también nos recuerda su humanidad.

La gente me ha dicho frases horribles, cosas como “su escritura humaniza a los refugiados”. Y yo siempre digo que no, ¡que ya son humanos! Pero sí que humaniza a los lectores que han perdido su humanidad. O personas que dicen cosas como “usted da voz a quienes no la tienen”. Yo me pregunto de qué están hablando; ¡estas personas no dejan de hablar! Pero sencillamente no se escucha. Hemos inventado estas frases para disculpar el hecho de haber creado categorías de humanos, personas que valen algo y personas que valen menos. 

¿Cree usted que hemos perdido la sensibilidad?

[Personas refugiadas en Lesbos] me dijeron que la gente viene, escribe [sobre esas personas] y nada cambia. ¿De qué nos vale intentar que escribir nos sirva de algo? Como escritora, la verdad es que tengo días en los que me siento como ellas. ¿Dónde está el quid del asunto? Esto no está sucediendo en secreto. Esto fue lo más chocante en cuanto a Lesbos: lees lo que pasa y piensas que se va a ocultar en el medio de la nada. ¿Qué significa el que se puedan hacer estas cosas a la vista de todo el mundo? Crecí pensando que el cometido de una escritora era concienciar a la gente, que si la gente llegara a saber lo que estaba sucediendo las cosas serían diferentes entonces. Pero cuando todo el mundo lo sabe, ¿qué puedes hacer? Nada cambia. Con este libro pienso que, de verdad, tuve momentos de desesperación. Pero luego decidí que este libro era para las personas que me brindaron estos relatos. Es para ellas, y eso es todo. Cualquier cosa que los demás puedan sacar de él, será algo extra.

Supongo que la guerra en Gaza le ha afectado a usted muy diferentemente ahora que ya ha escrito el libro…

Desde el 7 de octubre, cuando vi [las noticias sobre] la guerra en Gaza y me hablaron de que se estaban destruyendo las casas de las gentes, no dejo de pensar en lo que es una casa, los años que se necesitan para ahorrar el dinero, las cosas de sus antiguos pueblos que hay en ellas y que nunca volverán a ver, los recuerdos que atesoran… Siempre he pensado que los hogares deberían considerarse una forma de patrimonio. Encierran tanto de una vida… Y cuando veo cuántas de estas gentes han perdido sus hogares; no solo las casas, sino las decenas de miles de vidas que se han perdido… Cuando se escribe un libro como este, verdaderamente te pone frente al hecho de que todo ser humano es todo un mundo y así ves la pérdida de vidas a esa escala.

Cada persona tiene su propia historia. Cada hogar, cada árbol, cada vecino, cada amistad es una historia. No puedo por menos de pensar en toda esa pérdida, que es absolutamente catastrófica. Con el tiempo, oiremos esos relatos. Los oiremos. 

¿Buscaba usted algo en particular cuando escribió su libro? En “Aquello que recordemos se salvará”, ¿qué es el “aquello”?

Durante mucho tiempo procuré evitar escribir sobre Siria. La guerra empezó en 2011. No empecé el libro hasta 2016. En cierto momento supe que necesitaba escribir algo. Y supe que la única manera de hacerlo era fijándome en cosas que fueran muy pequeñas, pues la tarea era demasiado abrumadora. Pensé que si empezaba con algo pequeño, eso podría abrirme una puerta hacia algo mayor. También pensé que nunca me atrevería a preguntar a la gente qué habían perdido. Pero si preguntara a las personas qué habían salvado, tal vez poco a poco comenzarían a hablar de lo que habían perdido, pero eso sería como ellas quisieran. Creo que el “aquello” era en realidad una palabra interrogativa. Cuando me puse manos a la obra no sabía si algo se salvaría. Fue un viaje con objeto de ver, creo yo –aunque parezca estúpido decirlo– [ver si] la esperanza no costaba nada.

Quería ver si había algo –ni siquiera sé ahora por qué habré usado la palabra esperanza– que hubiera sobrevivido, algo de lo que pudiera hablar sinceramente, y eso no parecía sencillo. Algo que no pareciera una mentira. Eso era importante para mí, que fuera cierto, que fuera fácil [aun cuando no supusiera que fuera a serlo]. Que pudiera ser tan difícil y doloroso y, al mismo tiempo, que pudiera sobrevivir todavía.

¿Diría usted que lo ha encontrado?

No, fueron esas personas quienes lo encontraron. Yo no encontré nada. Ellas lo encontraron y me brindaron un atisbo de ello.


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