Crisis de la eurozona

The Economist pide un “acto de suprema voluntad colectiva”

Publicado en 16 septiembre 2011 a las 10:24

“Cómo salvar el euro”. En un artículo largo y detallado, T[he Economist manifiesta](http:// The Economist pide un “acto de supremo de voluntad colectiva”) que “la única manera de parar la espiral descendente es un acto de suprema voluntad colectiva por parte de los Gobiernos de la eurozona, para erigir una barrera de medidas financieras para evitar la crisis y equilibrar mejor la gobernanza del euro”.

Para ello, el semanario londinense considera que “un rescate debe poner en marcha rápidamente cuatro puntos. Primero, debe dejar claro qué Gobiernos europeos considera que no tienen liquidez suficiente y cuáles son insolventes, respaldando sin límites a los Gobiernos solventes, pero restructurando la deuda de aquellos que no podrán devolverla nunca. En segundo lugar, tiene que apuntalar los bancos europeos para garantizar que pueden soportar el impago de algún Estado. Tercero, necesita dar un giro a la política macroeconómica de la zona euro, abandonar su obsesión por los recortes presupuestarios y encaminarse hacia una agenda de crecimiento. Y, por ultimo, debe iniciar el diseño de un nuevo sistema que impida que este desastre pueda volver a ocurrir”.

“Basándose en tests de resistencia apropiados (que deberían incluir esta vez un posible impago de deuda soberana por parte de Grecia)”, una recapitalización de los bancos europeos debería estar avalada por “el compromiso del Banco Central Europeo de proporcionar liquidez ilimitada tanto tiempo como sea preciso”. El BCE también debería “manifestar que respalda las deudas soberanas de todos los países solventes y que está preparado para emplear recursos ilimitados para hacer frente al pánico de los mercados”.

Darse cuenta de que “la obvia verdad de la moneda única es que entrar es mucho más fácil que conseguir salir”, supone reconocer que la retirada de Alemania de la moneda única “sería tan dramática” como la griega. Y para The Economist, “la cuestión ahora no es si el euro fue mal diseñado o si desde el principio fue una mala idea; sino si merece la pena salvarlo. ¿Sería más rentable deshacerse de él ahora? ¿Son demasiado grandes los costes políticos que debe asumir Europa al rediseñarse para salvar al euro?.

“The Economist reconoce que nuestro plan de rescate comienza con un déficit democrático que necesita arreglarse si se quiere que prosigan los pasos hacia una unión fiscal”, añade el artículo. “Pero debe haber medios que sirvan para que los buenos gobiernos consigan que los malos se mantengan a raya sin necesidad de crear un nuevo super-Estado federal”. Y que, a fin de cuentas, “la alternativa puede no ser únicamente el colapso o no de la moneda única sino también el del mercado único y el del propio proyecto europeo en su conjunto”. A este respecto, concluye The Economist, la última palabra la tendrán los votantes alemanes.

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