Celebrando el vigésimo aniversario de independencia de la autoproclamada República de Transnistria en Tiraspol, 2 de septiembre de 2010.

Transnistria mira a Rusia, no a la UE

Los casi 350.000 habitantes que viven en la región separatista de Transnistria quieren integrarse en Rusia a pesar de la nueva ola de eurooptimismo al otro lado de su frontera no oficial con Moldavia. Sin embargo, sus opiniones han sido moldeadas durante décadas de represión.

Publicado en 27 enero 2011 a las 12:49
Celebrando el vigésimo aniversario de independencia de la autoproclamada República de Transnistria en Tiraspol, 2 de septiembre de 2010.

Desde que se independizara de Moldavia a comienzos de la década de los 90, la política oficial de la “República Moldava Pridnestroviana” está presidida por el deseo de ser reconocida como nación independiente para después formar parte de Rusia.

La revolución de Moldavia de abril de 2009, que preparó el terreno para que el primer ministro liberal Vlad Filat y su Alianza para la Integración Europea tomaran más tarde las riendas del Partido Comunista, ha impulsado las posibilidades de integración de la nación en la UE y disparado el optimismo sobre el futuro de Moldavia entre los jóvenes, las élites intelectuales y los empresarios.

Sin embargo los cambios en Moldavia han causado poco impacto en Transnistria, una región en la que la gente de la calle y su clan líder todavía piensan que su bienestar depende de Rusia. Al ser entrevistado por EUobserver en la capital de Transnistria, Tiraspol, Sergey Shirokov, ex miembro del “ministerio de Exteriores” de Transnistria que actualmente gestiona la ONG semi-independiente Mediator, manifestó que la opción rusa está grabada profundamente en los corazones y mentes de la población.

Los hijos de la Unión Soviética

“En cierto modo la memoria histórica impacta en la manera en que se está desarrollando la región”, apuntó. “Transnistria siempre ha estado bajo el gobierno de Rusia y esa historia tan grande influye en la situación actual”.

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La panoplia de símbolos de la época soviética de la calle principal de Tiraspol, que incluye una gran estatua de Lenin, no se considera un signo de la opresión rusa y añade, “soy un niño de la Unión Soviética y aunque no fuera democrática respeto sus símbolos. Estos no son símbolos del estalinismo, son símbolos de una nación que existió antes y después de Stalin, estos símbolos representan la vida de mis padres y mis abuelos. Para ellos, es su vida entera”.

El “presidente” de Transnistria Igor Smirnov, un lugarteniente soviético convertido en propietario de una fábrica, llegó a Tiraspol en 1987 y pocos años después llevó a la región a una guerra para la separación de Moldavia, una ex república soviética. Nacido en Siberia hace 70 años, ahora vive tras las fronteras militarizadas con Moldavia y Ucrania. Le gusta nadar por las mañanas, cazar y conducir su coche a gran velocidad. Dirige Sheriff, una empresa responsable de casi toda la actividad económica de Transnistria, que incluye supermercados, instalaciones de internet y TV por cable y el equipo de fútbol local. El responsable de su servicio de inteligencia, un ex-jefe de policía soviético en Letonia, Vladimir Antufeyev, ejerce un control férreo sobre los disidentes.

Calefacción barata y mejores pensiones

La lealtad de los habitantes de Transnistria a Rusia no se ve mitigada por el hecho de que el Kremlin rechace reconocerlos como nación o integrarlos. El statu quo, que incluye la presencia de unos 1.300 soldados rusos en la región, supone un gran inconveniente para los esfuerzos de integración de Moldavia y Ucrania en la UE. Mientras tanto, la empresa energética rusa propiedad del gobierno, Gazprom, surte a Transnistria con millones de euros anuales en gas gratuito. La región es aún más decadente que Moldavia, el país más pobre de Europa, pero la población dispone de calefacción más barata y mejores pensiones que en Moldavia.

Las dos décadas del régimen de Smirnov han causado efectos en la sociedad de Transnistria. La mayoría de la población está más interesada en conseguir un trabajo en Sheriff y llevar una vida tranquila que en enterarse de los cambios en Moldavia. Por su parte, Gregory Volovey, un periodista independiente del pueblo de Bender, destacó la influencia de la maquinaria propagandística contraria a la UE: “los medios oficiales retratan Transnistria como una especie de fortaleza: una fortaleza para proteger a Rusia, incluso una fortaleza para proteger a Moldavia de ser asimilada por Rumanía. Cuando se piensa en Occidente, se piensa en Rumanía y en los territorios de expansión de la UE donde EE.UU. puede colocar sus misiles”.

La UE no hace nada por ser querida

A la pregunta de si existe la posibilidad de una revolución como la de Moldavia en Transnistria, contestó: “No, no… Smirnov es como Castro. Ha sobrevivido a Voronin (ex líder comunista de Moldavia) y probablemente sobreviva a Putin”. “La UE no está haciendo nada para ser querida aquí”, añadió, señalando que incluso un micro-proyecto como un plan financiado por la UE para cuidar a los perros callejeros de Bender podría cambiar la situación.

Shirokov, antiguo oficial de Smirnov, ofreció además una particular percepción acerca de la idea existente en Tiraspol sobre las relaciones con la UE. Afirmó que es una de las “cinco o diez” personas de Transdniestria que comprende el funcionamiento de la UE o que ha oído hablar de la responsable de relaciones exteriores de la UE Catherine Ashton. Indicó que Tiraspol quiere mejores relaciones comerciales con la Unión pero las políticas de la UE consideran a Moldavia y Transnistria una única entidad, ignorando así la realidad del Estado de facto.

Como aspecto negativo, apuntó que Tiraspol considera a la UE una amenaza para la seguridad: “La población entiende que la UE y Rusia están compitiendo aquí, así que si escoges a Rusia como socio estratégico, percibes a la UE como una amenaza”.

A la pregunta de si Smirnov se preocupa por el bienestar de su gente, Shirokov afirmó que solamente la fuerza no puede mantenerlo en el poder: “No tiene opción. Vive aquí… tenemos muchos problemas y la gente lo entiende todo. Necesitamos reformas en el sistema político y económico. Sí, las autoridades pueden construir una valla (alrededor de ellos mismos) pero si lo hacen, caerán. Si las autoridades construyen una valla, la gente se enfadará y les harán marcharse o bien la gente abandonará el país por sí misma”.

Inmigración

Cinco consejos para entrar en la fortaleza de la UE

Con Moldavia a punto de obtener visados que permitan viajar por la Unión Europea, el Estado del este de Europa se está convirtiendo cada vez más en un lugar de tránsito para la inmigración irregular hacia la Unión, informa euobserver.com. En declaraciones a la página web con sede en Bruselas, oficiales del país encerrado entre Rumanía y Ucrania, han confeccionado una lista de maneras en las que la gente suele entrar en la fortaleza europea. 1) "El Rolls Royce a la UE es sobornar a un oficial consular de la UE en Moldavia para que expida un visado real". Aunque los oficiales consulares de la UE son bastante duros y difíciles de corromper, algunos países de la UE como Holanda mantienen una embajada en la vecina Ucrania y contratan a ucranianos y moldavos para que expidan visados en Moldavia. "Se dice que el personal extranjero está más dispuesto a aceptar sobornos", apunta euobserver.com, con precios que llegan a los 5.000 euros. Otros métodos incluyen 2) comprar un pasaporte o un visado polaco o rumano falsificado, entre 300 y 800 euros. 3) esconderse en un tren o en un camión, 4) nadar o coger un barco que cruce el río Prut, la frontera física entre Moldavia y un miembro de la UE. Y finalmente 5) Atravesar Moldavia hacia Ucrania, que comparte una larga frontera con el miembro de la UE, Polonia. La opción 1, sin embargo, es la única "forma segura de entrar en la zona Schengen libre de visados, donde la gente puede quedarse más tiempo de la duración del visado y desaparecer en la sociedad".

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