En su actual guerra híbrida contra Occidente, las extensas operaciones de influencia de Rusia –que abarcan la política, los negocios, las ONG y, en ocasiones, tácticas coercitivas o violentas– forman una compleja red tan omnipresente como sutil. Parece que el pasado mes de marzo se rompió una de las hebras de esta intrincada red. La contrainteligencia checa (BIS), en colaboración con diversas agencias europeas, destapó las operaciones de la red de noticias "Voice of Europe" (La voz de Europa, y que no guarda relación alguna con nuestra iniciativa colaborativa Voices of Europe 2024).
Este aparente medio de comunicación no solo difundía la narrativa del Kremlin, sino que presuntamente también desviaba fondos a periodistas y a determinados candidatos a las elecciones al Parlamento Europeo, con el objetivo de orientar el discurso político en favor de los intereses de la política exterior rusa.
"Putin tiene a los políticos europeos en nómina. Los rusos han intentado influir en las elecciones europeas desde Praga", titula uno de sus artículos Deník N. El diario liberal de Praga, que señaló por primera vez a este servidor de noticias sospechoso en septiembre de 2023, lo describe como el descubrimiento de una de las operaciones de influencia rusa más importantes de los últimos años.
El sitio web Voice of Europe, fundamental en este plan, ha estado difundiendo artículos que sugieren que el apoyo continuado a Ucrania solo prolonga el conflicto y bloquea el camino hacia la paz. En la plataforma predominan las voces con marcadas posturas prorrusas, incluyendo políticos europeos.
El objetivo de la operación era inclinar la balanza en las elecciones al Parlamento Europeo. Al parecer, varios políticos europeos antisistema (muchos de ellos alemanes) recibieron dinero en efectivo para asegurar su lealtad. El Servicio de Información de Seguridad (BIS) ha identificado a dos políticos y empresarios ucranianos con profundas conexiones rusas como figuras clave de esta red: Viktor Medvedchuk, un conocido confidente de Vladímir Putin, y su socio Artyom Marchevsky.
El medio de investigación checo Hlídací Pes señala que, a pesar de haber desenmascarado a las figuras clave de la campaña de influencia rusa, los autores reales de los contenidos de la plataforma de noticias Voice of Europe siguen envueltos en un halo de misterio. Esta opacidad deja abierta la posibilidad de que estos agentes reaparezcan en la esfera pública, tal vez desde otro medio de comunicación.
En su columna para Hospodářské noviny, el comentarista Petr Honzejk destaca el enfoque matizado de la propaganda rusa difundida a través de Voice of Europe. En lugar de apoyar manifiestamente a Putin o de celebrar abiertamente las maniobras militares rusas, la plataforma se dedica a cuestionarlo todo por sistema. Sin duda una forma más sutil de influencia. El objetivo de esta estrategia no son los segmentos prorrusos de la población europea, sino la gran mayoría, para ir erosionando sutilmente su resistencia a la agresión rusa.
Honzejk sostiene que la estrategia geopolítica de Rusia no depende de adquirir aliados, sino más bien de cultivar observadores pasivos; personas que, como el húngaro Viktor Orbán o el eslovaco Robert Fico, podrían hacer la vista gorda ante los acontecimientos de Ucrania. Aunque el servicio de contrainteligencia checo ha contrarrestado eficazmente la propaganda directa procedente de Rusia, el reto de hacer frente a sus colaboradores menos obvios –a los que algunos podrían calificar de "tontos útiles"– sigue siendo tarea del electorado.
La prensa alemana se ha centrado en las acusaciones de desvío de dinero del Kremlin hacia políticos alemanes y en los estrechos vínculos entre los líderes del partido de extrema derecha Alternative für Deutschland (AfD) e intermediarios del Kremlin. Desde Hamburgo, Die Zeit, aprovechando información del diario checo Deník N, revela que la contrainteligencia checa posee pruebas de audio que sugieren que Petr Bystron, un político alemán de ascendencia checa, podría haber recibido pagos en efectivo y criptomonedas vinculados a la plataforma Voice of Europe.
Mientras tanto, en el Tagesspiegel berlinés, Claudia von Salzen analiza la conexión de larga duración entre Maximilian Krah, una prominente figura del AfD y eurodiputado, y Viktor Medvedchuk, un oligarca ucraniano con importantes inclinaciones prorrusas. Antes de la invasión a gran escala de Ucrania por parte de Rusia, Medvedchuk era una importante figura política, y estaba listo para gobernar Kiev como representante de Putin si la invasión hubiera tenido éxito. En enero de 2020, Krah organizó la denominada "conferencia de paz sobre Ucrania" en el Bundestag, que fue coordinada por Medvedchuk y a la que asistieron exclusivamente representantes del AfD, y dos miembros del SPD. Además, Krah facilitó la entrada en el Parlamento Europeo de Janusz Niedźwiecki, un ciudadano polaco al que más tarde Polonia acusó de espionaje prorruso.
El escándalo se ha hecho sonar en toda Europa. Por ejemplo, María R. Sahuquillo ha informado en El País de la posible implicación en la red de influencia rusa de políticos no solo de la República Checa y Alemania, sino también de Francia, Polonia, Países Bajos y Hungría.
Es posible que también haya legisladores de otros Estados miembros de la UE implicados. The Voice of Europe ha estado muy activa, y ha organizado debates y conferencias y publicado entrevistas y artículos en los que aparecen eurodiputados y candidatos a las próximas elecciones europeas, incluidos los de facciones de extrema derecha como la AfD alemana, la Agrupación Nacional de Marine Le Pen en Francia, el partido Fidesz de Viktor Orbán en Hungría y la Lega italiana. Según El País, esta polémica ha surgido mientras Rusia intenta reconstruir su red de inteligencia dentro de las naciones aliadas de la OTAN, una red que sufrió importantes reveses tras las expulsiones generalizadas ordenadas en toda la UE tras la invasión rusa de Ucrania.
En el mismo artículo, El País también relaciona este asunto con las recientes acusaciones de espionaje contra la eurodiputada letona Tatiana Zhdanok, sospechosa de colaborar con la inteligencia rusa, y el escándalo del Qatargate que se descubrió hace casi un año. En aquel incidente, numerosas personalidades influyentes de Bruselas, entre ellas varios eurodiputados, fueron acusadas de mejorar la imagen pública de Qatar a cambio de una comisión.
El periódico sugiere que estas operaciones tienen un doble propósito para el Kremlin: cuando no se detectan, refuerzan los intereses estratégicos rusos, pero incluso cuando se descubren, proporcionan munición a Moscú para propagar su mensaje de que las democracias occidentales son defectuosas y las instituciones intrínsecamente corruptas.
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