Ankara se vuelve hacia el Este

En su informe anual sobre la adhesión de Turquía, la UE anima a Ankara a proseguir el camino de las reformas y de la democratización. Pero, como señala el editorialista Erdal Safak en el diario turco Sabah, la vocación de Turquía es tan asiática como europea.

Publicado en 19 octubre 2009 a las 16:14

El “Informe anual sobre la adhesión de Turquía a la Unión Europea” está considerada como una especie de “boletín” en el que la Comisión Europea valora los avances realizados por Turquía durante los últimos años. Por vez primera, lo hemos leído sin entusiasmo alguno. Cierto que estábamos en Kazajistán, lejos de Turquía y todavía más lejos de Bruselas. Pero la falta de interés en comparación con los años anteriores no es únicamente cuestión de geografía.

La verdad es que el ambiente en el que nos encontrábamos y el dinamismo que se respiraba a nuestro alrededor han tenido influencia sobre nuestra percepción. Efectivamente, en Kazajistán,el informe de 2009 no interesaba a nadie. Para decirlo claro, todo el mundo ha pasado soberanamente de él. En cuanto comenzamos a evocar su importancia, enseguida se nos respondió: “¡Dejad de fijaros en Europa y mirad hacia Asia!”. Algunos, con más cortesía que diplomacia, nos decían: “La verdad es que sería una pena que abandonárais un camino tan largo hacia Europa”. Pero, en todo caso, escribid en alguna parte que un día os daréis cuenta de que solamente aquí podréis hacer realidad vuestros objetivos”.

Kazajistán, una nueva Noruega

Efectivamente es una evidencia que el futuro de Turquía, pero también de Europa, se jugará en gran medida en Asia Central. Incluso el “pequeño Napoleón” de Europa, que no soporta la menor crítica- el presidente francés Nicolas Sarkozy-, se ha desplazado hasta Astana a principios de octubre, adoptando circunstancialmente el perfil más humilde que sea posible imaginar. La cuestión es que el subsuelo de Kazajistán rebosa de petróleo,gas natural y uranio. A corto plazo, esta región se convertirá en una nueva Noruega, un nuevo Canadá, una Australia, lo que suscitará todo tipo de ambiciones. La inmensidad del país, cuatro veces el tamaño de Turquía y poblado únicamente por 30 millones de habitantes ofrece numerosas posibilidades. Y Turquía ya se ha reservado parcelas de este territorio.

En estas condiciones, los comentarios sobre el informe de la UE, que ante todo nos dicen que “su tono es más comedido que el de los años precedentes” y que “las expectativas y las exigencias de la Unión Europea hacia Turquía son mucho más razonables” simplemente nos dan risa. Evidentemente no vamos a jugárnosla diciendo que poco nos importa porque ahora tenemos nuestra “Eurasia”. La Unión Europea sigue marcando “nuestro camino”, pero ya no es nuestro “único camino”. Y dicho esto, ¡felicidades por el informe!

AMPLIACIÓN

Chipre, el principal escollo de Turquía

En el informe anual de situación sobre la posible adhesión de Turquía a la UE publicado el 14 de octubre, la Comisión Europea insiste en la necesidad de hallar una solución urgente a la cuestión de Chipre, publica Robert Ellis en The Guardian. “Tras la caída del Muro de Berlín y los avances en Irlanda del Norte, Chipre es el conflicto europeo más antiguo que queda por zanjar”, afirma. Desde la invasión turca en 1975, los intentos de la ONU por unificar una isla dividida en norte y sur entre las comunidades turca y griega “han demostrado ser el ocaso político de cuatro secretarios generales e innumerables enviados”.

La mitad griega de la isla ya forma parte de la UE pero aún no está claro que Mehmet Ali Talat, el líder turcochipriota, logre ponerse de acuerdo con su homólogo griego, Dimitris Cristofias, “aunque ambos dirigentes han llegado a un acuerdo general sobre los parámetros de la negociación: una federación constituida por dos Estados con una única soberanía”. No obstante, sigue habiendo obstáculos en el camino, concretamente, “la insistencia de Turquía por mantener su presencia militar en la isla y la política colonizadora de la Turquía continental. De hecho, la población turcochipriota autóctona que aún sigue en la isla —unas 89.000 personas de las 260.000 que viven en la zona turcochipriota— se queja de la opresión cultural ejercida por Turquía”.

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