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El inicio de la era del blockchain en Europa

A pesar de los muchos desafíos que plantea, la UE está aprovechando poco a poco el potencial de la tecnología blockchain para reforzar el mercado único digital sin renunciar a los valores europeos.

Publicado en 4 agosto 2020 a las 14:38
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A finales de junio, el Consejo Europeo de Innovación premió con 5 millones de euros a seis innovadores sociales con motivo del premio Blockchains for Social Good [Blockchain para el bien social].

Los 178 proyectos procedentes de toda Europa que se disputaban el premio demostraron cómo la tecnología blockchain, o cadena de bloques, puede aportar mejoras significativas en diferentes sectores, como la transparencia en los procesos públicos, la participación en la vida democrática, el comercio justo, la inclusión financiera y la economía circular.

Entre los seis ganadores destacan la plataforma en línea francesa de resolución de conflictos Kleros, la plataforma italiana Prosume para intercambiar energía entre pares, la empresa neerlandesa de autentificación de contenido WordProof, y un sistema de asistencia para desastres basado en el dinero efectivo para enviar dinero a la región del Pacífico.

El premio fue acogido de manera positiva por la comisaria Mariya Gabriel y constituye la última iniciativa para crear un ecosistema europeo de promoción del blockchain. Pero, ¿por qué la UE está invirtiendo recursos en esta tecnología?

Para el 2030, se prevé que las tecnologías blockchain generarán 3 billones de dólares al año y entre el 10% y el 20% de la infraestructura económica mundial se gestionará con sistemas basados en esta tecnología.

El blockchain se conoce principalmente por ser la tecnología que hace posible el Bitcoin. La cadena de bloques, que utiliza la criptografía para verificar transacciones y dar cuenta de ellas en un libro de registros cronológico, suele calificarse como «una solución innovadora para el problema ancestral de desconfianza humana». El libro de registros se distribuye entre un gran número de usuarios repartidos por el mundo y, por lo tanto, es prácticamente imposible alterarlo.

En otras palabras, un blockchain público es una base de datos donde la información se almacena simultáneamente en miles de lugares y se actualiza constantemente. Todos pueden participar, pero nadie puede ejercer un control sobre los datos almacenados.

Sin entrar en los pormenores del funcionamiento de esta tecnología, lo que hay que comprender es que el blockchain elimina la necesidad de intermediarios, puede ser transnacional, inviolable, transparente y autónomo y, además, protege la identidad de los usuarios. Esta tecnología está basada en incentivos, que pueden resultar una manera efectiva de llegar a un acuerdo entre partes que no se conocen o que no confían entre ellas.

Durante los últimos años, el número de adeptos ha crecido en todo el mundo. Estos consideran el blockchain como una tecnología innovadora que no solo cambiaría el mundo tal y como lo conocemos, sino que también originaría una sociedad más libre, democrática y transparente con ciudadanos y consumidores empoderados.

Es cierto que el revuelo causado por la cadena de bloques fue tan intenso que se crearon muchas falsas expectativas. Sin embargo, ahora la mayoría de los expertos reconocen que, en lugar de ser perjudicial, esta tecnología desempeñará más bien una función esencial en nuestra sociedad.

La innovación tiene un precio

En 2019, Europa Occidental se gastó 674 millones de dólares en experimentos con blockchain, mientras que Estados Unidos se gastó 1100 millones de dólares.

La mayor parte del gasto en blockchain procede de Estados miembros y no de la UE. Por lo tanto, países como Estonia (donde el gobierno ha estado usando esta tecnología casi diez años) llevan la delantera a otros países que están empezando a utilizarla

La Comisión Europea está intentando que la UE se implique más y, durante el 2020, se prevé que el Fondo Europeo de Inversiones invierta 100 millones de euros para un programa de blockchain e inteligencia artificial para aumentar la financiación de la tecnología en Europa. Asimismo, se espera que inversores privados contribuyan con 300 millones de euros adicionales.

Según explica el FEI, este aumento de fondos es una manera de demostrar que la UE está buscando una solución para evitar que los innovadores reciban financiación procedente de Estados Unidos u otros lugares y acaben yéndose de Europa.

Aunque China «solo» invirtió 319 millones de dólares en 2019, Xi Jinping fue uno de los primeros líderes en considerar el blockchain como «un importante descubrimiento para la innovación independiente». Este respaldo se ha percibido como un toque de atención en muchos países de Occidente que cuentan con inmutabilidad o transparencia, propiedades que los gobiernos pueden utilizar muy fácilmente para implementar políticas autoritarias.

Si tenemos en cuenta que actualmente más de la mitad de las bitcoines mundiales son producidas por cuatro entidades situadas en China, resulta evidente que la carrera del blockchain puede convertirse en una carrera geopolítica de alto riesgo.

Las bases de la estrategia europea de Blockchain

La UE no solo está aumentando la inversión en el blockchain, sino que también está desarrollando discretamente una estrategia para situar al continente en primera línea de la innovación en esta tecnología, bajo el liderazgo de Peteris Zilgalvis, el jefe de unidad de Blockchain.

En febrero de 2018, se creó el EU Blockchain Observatory and Forum [Observatorio y foro del Blockchain de la UE] para localizar las iniciativas más significativas en Europa y aportar recomendaciones a las instituciones europeas. Si la cadena de bloques se adoptase con éxito en Europa, se podría aumentar notablemente la eficiencia de las entidades administrativas públicas, así como mejorar la utilización de los servicios públicos por parte de los ciudadanos y empresas.

Con este cometido se creó la prometedora iniciativa European Blockchain Service Infrastructure (EBSI) [Infraestructura europea de servicios Blockchain]. Esta surgió de una colaboración realizada en 2018 entre 30 países europeos para desarrollar una serie de servicios públicos transfronterizos y europeos, como la autentificación notarial de documentos, la verificación de credenciales educativas, la libre determinación de la identidad o el intercambio fiable de datos.

La desconfianza por naturaleza típica del blockchain parece ser apropiada para coordinar de manera efectiva un gran número de actores que quiere conservar su autonomía. Peteris Zilgalvis señaló que «el blockchain es ideal para el gobierno multinivel de la UE». Una cadena de bloques europea con nodos situados en los Estados miembros y en la Comisión Europea podría convertirse en una parte fundamental de la toma de decisiones europea en un futuro cercano.

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Regulación versus innovación

Como es habitual, Europa se enfrenta al dilema sobre si regularlo o no.

Al igual que ocurrió con el internet (donde prácticamente cualquier ciudadano con conocimientos digitales básicos puede saltarse la ley a pesar de los intentos de las autoridades de controlar el ciberespacio), regular esta tecnología con la típica perspectiva territorial y jerarquizadora no es una solución sostenible.

También ha surgido una clara necesidad de proteger a los ciudadanos y consumidores, sobre todo en áreas fundamentales como la privacidad, la identidad y los recursos digitales.

Hasta ahora, la Comisión Europea ha adoptado una actitud pasiva. A pesar de las dificultades que surgen de la naturaleza descentralizada y transnacional del blockchain, la ambición de la UE es y debería ser convertirse en el ejemplo a seguir mediante un equilibrio perfecto entre innovación e intervención reguladora.

To become a leader in the (crypto)geopolitical arena, the EU needs to continue investing in R&D and promote cross-sectoral collaborations to create the proper ecosystem to foster innovation.

Para convertirse en un líder en el ámbito (cripto)geopolítico, la UE necesita seguir invirtiendo en I+D e impulsar la cooperación transectorial para crear el ecosistema adecuado para promover la innovación. 

Lo difícil viene después. La intervención reguladora será otro banco de pruebas para determinar la cantidad de derechos y libertades europeas que se pueden proteger en línea. Una vez que se responda a esta pregunta, las normas europeas incluso podrían adoptarse por todo el mundo.

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