Dos días después de que Angela Merkel recibiera a Nicolas Sarkozy en Berlín para celebrar el veinte aniversario de la caída del Muro, el himno alemán Deutschlandlied (Canto de Alemania) resonaba bajo el Arco de Triunfo de París y el presidente francés y la canciller Angela Merkel se reunían ante la tumba del soldado desconocido. Este año, el 11 noviembre, que desde hace casi un siglo conmemora la victoria francesa sobre Alemania y el fin de la guerra de 1914 a 1918, ha sido distinto al resto. En efecto, es la primera vez que un jefe de gobierno alemán participa junto a un presidente francés en la conmemoración del fin de la I Guerra Mundial, lo que constituye un momento crucial en una relación bilateral privilegiada de antemano.

"Nos viene a la mente la silueta imponente de Helmut Kohl dando la mano a François Mitterrand en el osario de Douaumont, en septiembre de 1984, para conmemorar la batalla de Verdún", constata Le Monde (...) "Ahora, es otro momento. El que fuera el último soldado francés de la I Guerra Mundial ya ha fallecido. Y Angela Merkel, de 55 años, representa a una nueva generación, nacida después de la II Guerra Mundial. Hemos pasado página", expresa con entusiasmo Le Monde, que destaca que "Alemania y Francia planean la creación de un ministerio común que podría ver la luz en enero de 2010, con una forma aún por definir".

Berlín, caja de resonancia del Sarko-show?

"Todo parece posible. Un ministro franco-alemán", estima el diario Frankfurter Rundschau, "una agenda europea común, una política industrial común" y además, para mayor satisfacción de París, Angela baja los impuestos. Pero si, además de esta "nueva pasión francesa por los alemanes", queremos saber qué cambiará en las relaciones franco-alemanas, "debemos esperar hasta el año que viene", constata el diario Süddeutsche Zeitung. "Berlín teme que ante todo sirva de caja de resonancia de un nuevo Sarko-Show".

Frankfurter Allgemeine Zeitung se muestra menos entusiasta y estima que, si cada país tiene derecho a festejar sus triunfos, parece que un alemán siempre tendrá la sensación de ser un extraño en estas conmemoraciones: "En su 'largo camino hacia el Oeste', ¿el mimetismo de la República Federal ha llegado a ser tan profundo que queremos asociarnos a los vencedores, siendo los vencidos, a costa de contorsiones político-memoriales?". El diario FAZ propone por lo tanto despolitizar el Armisticio para hacer de él "un momento para recordar a los soldados de todas las naciones fallecidos en el combate", pero señala al mismo tiempo que será difícil conseguirlo en París, bajo un Arco de Triunfo dedicado a las victorias napoleónicas…

Una amistad de élites

La Croix destaca que con "Los numerosos símbolos políticos, la cadena de televisión común Arte, un libro de texto escolar de historia franco-alemana, consejos de ministros comunes, etc., más que una reconciliación, se trata de una auténtica amistad que el dúo franco-alemán ha forjado a lo largo de los años". Pero el diario católico señala igualmente que los vínculos entre los dos países parecen destacar sobre todo entre los responsables políticos. El diario cita a un profesor de historia contemporánea que expone "el desfase entre el gobierno francés, que celebra en cualquier ocasión la amistad franco-alemana, y la realidad de los ciudadanos, que ignoran todo sobre sus vecinos". Según constata el diario, cada vez menos estudiantes franceses van a estudiar a Alemania y el aprendizaje de la lengua alemana pierde terreno cada año.

Sin embargo, según concluye Le Monde, el 11 de noviembre parece estar abocado a convertirse en el símbolo de una comunidad de destino y de memoria, al ser esta fecha ideal desde un punto de vista simbólico: "representa el suicidio de Europa y nos hace ser conscientes de aquello por lo que se creó la Unión Europea: que sea imposible en el interior de sus fronteras la guerra, la Shoah, la violación de los derechos fundamentales". El diario parisino señala también que "desde siempre, en Alemania, el 11 de noviembre, a las 11 horas y 11 minutos, comienza el carnaval". Un carnaval al que ha contribuido el presidente francés, con la polémica que ha desatado en Francia su imagen a los pies del Muro de Berlín el 9 de noviembre de 1989, tal y como mostraba Nicolas Sarkozy en su página de Facebook. Según el semanario satírico Le Canard enchaîné, efectivamente, el que entonces fuera el joven alcalde de Neuilly-sur-Seine se encontraba en Berlín en noviembre de 1989, pero no el día en el que cayó el Muro.