Princess Hijab es la artista urbana más esquiva de París. Actúa de noche y pinta con trazos de pintura negra velos negros musulmanes sobre las mujeres, y también los hombres, que aparecen medio desnudos en los anuncios de moda del metro. Ella denomina a esta acción "hiyabización". Su arte con nikabs tan poco convencional se ha mostrado desde Nueva York a Viena, provocando debates sobre feminismo y fundamentalismo, pero su identidad sigue siendo un misterio.

En la Francia secular y republicana, posiblemente no exista un modo visual más poderoso de llamar la atención que garabatear velos de grafiti en los anuncios de moda. Con la reciente prohibición del gobierno de Nicolas Sarkozy sobre el uso del burka, aprobada en octubre, a partir de 2011 será ilegal que una mujer lleve en público velos musulmanes que cubran todo el rostro, no solo en oficinas gubernamentales o en transportes públicos, sino también en la calle, en supermercados y en establecimientos privados. El gobierno expone que es una forma de proteger los derechos de las mujeres y de evitar que los hombres les obliguen a cubrir sus rostros.

Entonces ¿Princess Hijab es una francesa musulmana que sigue el código del hiyab y que está furiosa con el sistema? Sería algo extraño en el entorno grafitero de París, dominado por hombres. ¿Es una fundamentalista religiosa que quiere llamar la atención sobre el cuerpo femenino? Sin embargo, le gusta dejar a la vista una buena parte de nalgas y estómagos. ¿Una feminista de izquierdas para denunciar la explotación de las mujeres? ¿Es realmente musulmana?

Su identidad no importa

La princesa recorre los pasillos de la estación del metro Havre-Caumartin, evaluando los anuncios que cubren las paredes. Ha accedido a acudir a una cita mientras rastrea las paredes en busca de sus próximos objetivos en la "intervención nikab". Con mallas de Spandex, pantalones cortos, capucha y una peluca larga y negra que le oculta el rostro, una cosa está clara: esta persona joven de veintitantos años no lleva el nikab que se ha convertido en su firma personal. No va a decir si es o no musulmana. De hecho, es más que probable que Princess Hijab ni siquiera sea una mujer. En su risa se escucha un tono grave y se observa una cierta anchura de hombros. Pero la figura andrógina de negro no confirmará su sexo. "No importa la identidad real detrás de Princess Hijab", dice la voz ronca tras la peluca. "El yo imaginario ha acaparado el primer plano y en cualquier caso es una opción artística".

"Empecé a hacer esto cuando tenía 17 años", comenta la chica (dejémoslo en que se trata de un personaje femenino, aunque la persona que se oculte tras esta identidad quizás no lo sea). "He estado dibujando mujeres con velo en monopatines y en otros grafitis, cuando quería enfrentarme al mundo exterior. Leí el libro No Logo de Naomi Klein y me inspiró para arriesgarme e intervenir en lugares públicos y elegir como objetivos los anuncios".

Princess Hijab creó el primer velo con grafiti en 2006, con la "nikabización" del póster del álbum de Diam's, la rapera más famosa de Francia y que por alguna extraña coincidencia se ha convertido ahora al islam. "Es curioso, porque ahora lleva velo", reflexiona la princesa. Al principio creaba grafitis en figuras de hombres, mujeres y niños y luego se quedaba en los alrededores para evaluar la respuesta del público. Ahora, actúa rápidamente y se esconde. "Noto que la gente se siente violenta e incómoda y lo entiendo, porque vas de camino a casa tras un día duro y de repente te encuentras con esto".

Puesto que el metro de París protege sus espacios publicitarios, sus obras normalmente sólo permanecen a la vista entre 45 minutos y una hora; después, los responsables de estos espacios las arrancan. Se ha vuelto muy selectiva y sólo hace entre cuatro o cinco "intervenciones" grafiteras en París al año. Pero cada una de sus obras se fotografía cuidadosamente y tiene su propia vida después de la muerte en Internet.

El grafiti de las minorías

¿Por qué lo hace? "Utilizo a las mujeres con velo como un desafío", comenta y añade que, en su opinión, ninguna forma de vestir es buena o mala. Con un aire tranquilo y deliberadamente indiferente, hay una cuestión que le perturba y que quizás revele algo de su identidad real: la situación de las minorías en Francia. Más allá de los argumentos sobre si las mujeres musulmanas se deben cubrir o no la cabeza, el nuevo ministro de Sarkozy de "inmigración e identidad nacional" y su debate nacional sobre lo que significa ser francés ha estigmatizado a los jóvenes descendientes de inmigrantes de tercera o cuarta generación y que ya se aislaban en guetos. Francia registra la mayor población musulmana en Europa, pero el imperante discurso anti-inmigración, y lo que muchos consideran una prohibición del burka sin sentido, han hecho que los jóvenes musulmanes y las minorías se sientan aún más marginados.

Princess Hijab se ve como parte de un nuevo "grafiti de las minorías" que reivindican las calles. "Si fuera sólo por la prohibición del burka, mi obra no tendría repercusión durante mucho tiempo. Pero creo que esta prohibición ha aportado visibilidad mundial a la cuestión de la integración en Francia", comenta. Y añade: "Lo de 'Libertad, igualad y fraternidad' es un principio republicano, pero en realidad el problema de las minorías en la sociedad francesa no ha evolucionado en medio siglo. Los intrusos en Francia siguen siendo los pobres, los árabes, los negros y por supuesto, los gitanos".

Su territorio es el metro de París

Su grafiti es además especialmente francés con su postura anti-consumista y anti-publicidad. Para ella, pintar un velo sobre los anuncios funciona visualmente, porque los dos elementos son "dogmas que no se pueden poner en duda". Siente que las jóvenes que llevan el hiyab y a las que las instituciones francesas han estigmatizado, ahora son objetivo comercial por su poder de compra, por convertirse en las "clientas perfectas" en la sociedad francesa, cada vez más consumista. Su próxima acción se centrará en su marca objetivo favorita: H&M. De hecho, el metro de París está plagado de anuncios de esta marca.

Así pues, estos nikabs negros parecen representar cualquier cosa menos un asunto religioso. "¿Que si soy una persona religiosa?", pregunta dudando. "Me interesa lo espiritual, pero es algo personal, creo que no está relacionado con mi trabajo. Me interesa la religión, los musulmanes y el impacto que puedan tener artísticamente, estéticamente, en los códigos que nos rodean, en especial en la moda", comenta.

Y dicho esto, la artista grafitera se escabulle, mochila al hombro, para quitarse su extraño disfraz, volver a su ropa de todos los días y salir al exterior, a plena luz del día.