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La identidad, la ira, el miedo y la esperanza impulsan a Rumanía hacia las urnas

Las elecciones europeas de 2024 en Rumanía están siendo un reflejo del auge de las políticas impulsadas por la ira. Los partidos extremistas están ganando terreno en medio del descontento, mientras que sus principales oponentes luchan por abordar asuntos complejos. Dominan las políticas de identidad y el miedo.

Publicado en 3 abril 2024 a las 13:43
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De muchas maneras, las elecciones europeas de 2024 en Rumanía están siendo reflejo de lo que sucedió en las últimas elecciones parlamentarias de hace cuatro años. Pero hay algunas diferencias en cuanto a los actores políticos, especialmente para aquellos que ponen en tela de juicio el status quo. En ausencia de un gran asunto que el pueblo pudiera respaldar o rechazar, la actual campaña está impulsada más por la ira y el miedo; pero también con un poco de esperanza. Para entenderlo mejor, echemos una breve ojeada al pasado y veamos lo que ha acontecido desde 2020.

La ira contra el gobierno de los Socialdemócratas (PSD) fue un motivador crucial para los votantes en 2020 y dio lugar a significativas ganancias parlamentarias para los partidos que la capitalizaron. El liberal USR obtuvo el 15,5 % de los votos mientras que Alianța pentru Unitatea Românilor (AUR) de extrema derecha tuvo un notable resurgir, pues pasó del 1 % al 9 % de los votos en solo unos cuantos meses.

Así, al final de ese primer año de pandemia, los socialdemócratas fueron expulsados del poder por los votantes después de siete años de dominio casi total. Mucho se creyó que eso era un triunfo para los reformistas y un alentador inicio de un cambio significativo. Pero lo que fue esencialmente una votación de protesta no causó la menor impresión en Klaus Iohannis, el presidente liberal de Rumanía.

Después de un breve periodo en el poder coaligado con el PNL de orientación liberal-derechista y el UDMR de la minoría húngara de centro-derecha, el USR fue brutalmente apartado del poder después de solo nueve meses cuando Iohannis decidió explotar las tensiones dentro de la coalición para obligar al PNL a gobernar con sus oponentes políticos de los Social Demócratas. Esta flagrante imposición iba en contra de lo que la mayoría del pueblo rumano había votado.

Fue una maniobra decisiva. El único partido proeuropeo que verdaderamente promovió la reforma había sido descrito como incapaz de gobernar y fue relegado a la oposición. El escenario estaba preparado para que el voto de la ira se reorientara por sí mismo hacia el único partido político “sano” antisistema: el AUR nacionalista-extremista. Desde entonces, el AUR ha seguido creciendo del 9 % hasta alcanzar el 20,6 % en las encuestas (INSCOP, marzo 2024). Actualmente ocupa el segundo lugar por detrás de la alianza PSD-PNL que está consiguiendo el 13,7 % de las intenciones de voto como parte de una pequeña alianza de partidos de centro derecha y tras la cual se sitúa el USR en constante decrecimiento.

El voto de la ira también está alimentando a otro partido, el más extremo y abiertamente prorruso SOS Rumanía, que atrae al 6,4 % de los votantes según las últimas encuestas. En general, del 42 % de los rumanos que quieren un cambio, dos tercios se inclinan por partidos extremistas. Más del 70 % de los rumanos cree que el país va en una dirección errónea, según otra encuesta de INSCOP, y el 60 % de los rumanos dice que ahora están peor que hace cinco años.

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