En el escaparate de un bar, en Berlín, en abril de 2013.

En Berlín, el bitcoin sustituye sin problemas al euro

En la capital alemana, cada vez más establecimientos aceptan los pagos en esta moneda virtual alternativa que hasta ahora sólo se utilizaba para comprar por Internet. Debe su éxito al amplio movimiento de protesta contra las instituciones financieras tras el surgimiento de la crisis, pero también a unas ventajas económicas reales.

Publicado en 22 agosto 2013 a las 13:11
En el escaparate de un bar, en Berlín, en abril de 2013.

Graefekiez, Berlín, agosto de 2013. Como todos los martes, en el canal resuenan las características voces del mercado turco. Los berlineses que deambulan entre los puestos ceden a las irresistibles ofertas de última hora. Así, Mikaela compra un kilo de pescado, a "tres euros", como indica el letrero, y paga en efectivo, en mano. Ni ticket, ni caja. La transacción no deja ningún rastro visible, a no ser por la bolsa que se lleva Mikaela llena de pescado chorreante.

A doscientos metros más al sur, en el mismo barrio, Brand disfruta de un latte macchiato en el mostrador del Floor’s Café. Cuando va a pagar, saca su smartphone, hace una foto del código QR que aparece sobre la pantalla de la caja, marca un número, pulsa "ok" y se marcha. Él tampoco ha dejado ningún rastro al pagar. O casi. Un software ha transferido el dinero de su cuenta en Internet a la del café y la operación figura en la "cadena de bloques" o blockchain, el diario que enumera las transacciones por orden cronológico. Este joven de 32 años no necesita tarjeta de crédito ni cuenta bancaria. Los datos de la transacción se encuentran en un lugar seguro de la cadena, protegidos por procesos criptográficos extremadamente rigurosos que impiden que cualquiera pueda acceder o modificar la cantidad, la procedencia o el destino.

Una moneda cada vez más extendida

Así es el milagro del bitcoin, la moneda virtual que hace furor aquí, en Berlin-Kreuzberg. Cerca de 25 establecimientos comerciales, sobre todo bares, pero también hoteles, restaurantes y pequeñas tiendas de electrónica y papelerías, aceptan esta moneda inventada en 2009 por un hacker anónimo, conocido con el nombre de Satoshi Nakamoto.

[[Actualmente, la cripto-divisa se cotiza muy alto: un bitcoin equivale a cerca de 78 euros, lo que quiere decir que un café tan sólo cuesta alrededor de 0,02]]. Con ella se puede comprar cualquier cosa, al menos en teoría: casas, coches, ordenadores, ropa. Si bien responde en todos los sentidos a los criterios de una divisa, como reconoció recientemente el juez texano Amos Mazzant, el bitcoin escapa totalmente al control de los Gobiernos y de los bancos centrales, que empiezan a preocuparse por su difusión en constante aumento.

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Sentado sobre su Vespa blanca delante del Floor’s, Brand explica en pocas palabras cómo funciona el sistema Bitcoin. En su opinión, se trata de una elección responsable, como adquirir un producto biológico en lugar de un producto de bajo coste. Con su smartphone en la mano derecha, accede a la aplicación EasyWallet: basta con hacer una foto del código QR del bar, introducir la cantidad solicitada, pulsar OK, y el pago ya está hecho. "Pago en bitcoins al menos dos veces al día, en la comida o el café. No sé si el bitcoin será la moneda del futuro, pero sin duda se impondrán las monedas que se basan en la tecnología de Internet. Quizás existan varias, pero tengo la impresión de que es una evolución inexorable", analiza.

Una divisa alternativa

La propietaria del Floor’s Café se llama Florentina Martens. Esta joven de 26 años, neerlandesa de nacimiento, anteriormente estudiante de Bellas Artes en Berlín, montó su pequeña empresa de restauración y defiende a capa y espada el bitcoin. Para ella, todo empezó mientras trabajaba de camarera en un bar cercano, en el que se podía pagar con la moneda alternativa. "Al principio casi me molestaba, no entendía bien el funcionamiento y cuando alguien quería pagar en bitcoins, no me sentía cómoda". Después, cuando decidió abrir su propio bar, se dejó convencer por unos vecinos, se registró y decidió aceptar los pagos en esta moneda que antes le resultaba un fastidio. Un software y un código QR es todo lo que necesita el cliente. De momento, Florentina aún no ha cambiado sus bitcoins en euros. Todo lo que gana en moneda virtual, lo invierte en el barrio.

Al principio no eran muy frecuentes los clientes que pedían pagar en bitcoins: pero hoy atiende todos los días a clientes que pagan en esta moneda cualquier cosa, ya sea un café, un pastel o un sándwich. "No son ‘empollones’ con gafas y coleta. Y se trata tanto de hombres como de mujeres, la mayoría jóvenes, procedentes de entornos alternativos", explica. Para ella, como para casi todos los demás "bitcoiners" entrevistados por Linkiesta, la motivación principal es el rechazo a los bancos privados y a las políticas monetarias de los bancos centrales en general, avivado sobre todo durante la crisis. Al estar "descentralizada", la moneda alternativa se considera un medio más en consonancia con los tiempos y más cercana a los consumidores.

No es ninguna casualidad que esta experiencia se esté desarrollando en Graefekiez, un barrio de tamaño modesto, dotado de un alma y una estructura económica muy características. La historia comenzó en Room77, "el restaurante en los confines del capitalismo", que, a comienzos de 2012, empezó a ofrecer a los clientes "cerveza caliente, mujeres frías y cocina fast-food servida a ralentí" (tal y como se puede leer en la inscripción de la puerta).

Dinero digital

El propietario, Joerg Platze, un alemán de origen estadounidense (su padre era texano), se convirtió en una especie de evangelizador de la moneda digital: gracias a él, un buen número de comercios del barrio muestran hoy la pegatina con la inscripción "Aceptamos bitcoins". "Para mí ante todo es una cuestión práctica: es muy rápido y más económico", asegura: al contrario que con la tarjeta de crédito, por ejemplo, la transacción no genera ningún gasto.

Joerg Platze logró convencer a otros tipos de establecimientos comerciales, como un viejo electricista, vecino del bar Room77, que acaba de instalar el software y de colocar la pegatina de Bitcoin en su puerta la semana pasada. Si bien aún no ha recibido a ningún cliente [adepto del bitcoin], sabrá perfectamente qué hacer cuando se presenten.

Cassandra Wintgens, de 41 años, estudió en una escuela de hostelería, trabajó en el sector de la restauración y ahora es propietaria del hostal Lekkerurlaub. [[El sistema de pago de Bitcoin encuadra a la perfección con su concepto de hostelería alternativa, que se desmarca de la tradicional]] con habitaciones a precios reducidos, alimentos biológicos, wifi y la adopción de una moneda que no transita por los bancos. "Nuestro primer huésped llegó a finales de mayo. Nos dijo que había leído que podía pagar en bitcoins y que por ello había elegido nuestro hotel". La habitación individual cuesta 0,52 bitcoins, es decir, 40 euros, en comparación con los 0,85, o 65 euros, de una doble. Las facturas del hotel prevén ya el pago en bitcoins y a finales del año bastará con convertir la moneda para la declaración de ingresos, como explicaba un asesor.

Cotización fluctuante

Sin embargo, lejos del paraíso de Graefekiez, la realidad parece un tanto distinta. La moneda virtual ya circula en los mercados financieros: la ausencia de un banco central que controle su cotización la hace extremadamente fluctuante, una situación con la que atrae y asusta a partes iguales a los inversores aventureros.
Phylax es una empresa alemana de asesoría financiera que ofrece asistencia tecnológica a sus clientes y que en los últimos años se ha especializado en el sistema de pago Bitcoin. "El sistema bitcoin nos empezó a llamar la atención hace ya dos años y nos ha parecido una experiencia interesante: nos sedujo la idea de una moneda descentralizada, sin banco central de referencia, con la que cada persona es partícipe del proceso de creación de la nueva divisa", explica Fridhelm Schmitt, director general de Phylax. Por entonces, el bitcoin se cotizaba a dos euros y Phylax presintió su potencial: la empresa adquirió entonces bitcoins por una cantidad de 8 a 10 euros antes de venderlos a entre 45 y 85 euros. Lo que motivó su venta fue la volatilidad de la cotización.

Según los cálculos de Phylax, un valor "razonable" sería actualmente de 45 euros [por un bitcoin]. "Entiendo todas las inquietudes que suscita esta experiencia: es cierto que se puede perder mucho dinero con el bitcoin actualmente [en los mercados financieros]. [[Pero no es una estafa, es una moneda real. Lo que ocurre es que la gente confunde la estafa con el riesgo]], que es lo que caracteriza a los mercados". En opinión de Fridhelm Schmitt, el principal riesgo es que "algún día" se falsifique. "Actualmente existen muchos estudios sobre esta posibilidad, pero ahora mismo la falsificación es imposible", aclara.

Fiscalidad

El bitcoin se gravará desde ahora en Alemania

“La noticia ha sentado como una bomba en los entornos alternativos”, publica el Huffington Post después de que Alemania reconociese el bitcoin como una moneda oficial.
La página web se pregunta incluso si “Grecia recibirá su próximo tramo de ayuda en bitcoins en lugar de en euros” y explica esta decisión por “el aumento masivo de su valor” y no por “un repentino impulso de flexibilidad de los tesoreros alemanes”. De hecho, quien dice moneda oficial, dice impuesto:

Hasta el momento, las transacciones efectuadas con esta moneda eludían el impuesto. [A partir de ahora] las ganancias obtenidas al vender bitcoins se gravarán con un 25% sobre los beneficios. [...] Con respecto a las empresas, deberán aplicar el IVA en todas las transacciones que realicen en bitcoins.
Y el Huffington Post lamenta que:
esta moneda alternativa tan apreciada por los hackers, va a perder en parte su carácter rebelde…

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