Paisaje típico del desierto de Tabernas, España. | Davide Mancini.

El desierto y sus consecuencias: elegir entre el agua o el aceite de oliva. El caso de Tabernas

En el pasado, las sequías empujaron a los romanos a abandonar el sureste de España. Los árabes, por su parte, se adaptaron a la poca agua disponible. La producción industrial actual de aceite de oliva es, junto al cambio climático, responsable de la desertización y está llevando al límite a las antiguas obras de ingeniería. Este artículo forma parte de una serie sobre el impacto del cambio climático en el sur de Europa, una temática elegida por los miembros de Voxeurop.

Publicado en 14 septiembre 2021
Paisaje típico del desierto de Tabernas, España. | Davide Mancini.

La vegetación que crece alrededor de la acequia es densa y la luz prácticamente no traspasa los juncos y hojas sobre nosotros. A tan solo unos metros, sin el abrigo de los arbustos, la temperatura es de 40 °C, con lo que estar al sol es complicado. Las paredes rocosas del cañón (desde donde mana el río Aguas) no dejan de mostrar patrones de brillante yeso, el mineral blanco que abundaba en esta área kárstica y en su red de cuevas y canales subterráneos. A varios kilómetros del desierto de Tabernas, situado en Almería, el río Aguas crea un oasis único plagado de especies autóctonas, como la tortuga mora y el galápago leproso.  

El término acequia procede del árabe al-sāqiyah, que significa canal de irrigación. En español se sigue utilizando para referirse a canales de agua al aire libre que distribuyen el agua de manantial para uso doméstico o agrario. La situada en Los Molinos del Río Aguas es la única fuente de agua para los pocos habitantes que viven en este pequeño pueblo. Santos, el acequiero de la comunidad, se encarga de mantener y despejar el curso del agua. El pueblo tiene aún unas veinte casas habitadas, en su mayoría por personas que decidieron vivir “apartadas”, es decir, que producen su propia energía mediante paneles solares y gestionan su única fuente de agua, el río, sin depender del municipio.

Cuando llegamos al final de la acequia, Santos me muestra una pequeña puerta tallada en la roca: es el lugar donde emerge el agua. Se cree que esta cueva artificial es incluso más antigua que el sistema de acequias creado por los ingenieros de Al-Ándalus, y podría remontar a la época de los romanos. A pesar de que se ha solicitado al gobierno regional varias veces la identificación de la época exacta de la cueva, aún no se ha realizado ningún estudio. No obstante, lo que sí está claro es que los romanos ocuparon esta zona de la Península Ibérica hace unos 2200 años, y que la región era mucho más próspera en ese momento que cuando los árabes llegaron siglos después. 

El caudal de agua no es nada del otro mundo, pero se trata de uno de los pocos ríos perennes de la zona, la región más árida del continente europeo. El caudal permanente asegura la existencia de este oasis europeo, con sus sauces, álamos blancos y adelfas. Sin embargo, tanto los investigadores como los activistas medioambientales advierten que el río podría desaparecer pronto y privar de un agua esencial a Los Molinos y a otros pueblos situados a lo largo de su curso hacia el Mar Mediterráneo. Parece que los olivares cercanos, cada vez más extensos, repercuten directamente en el acuífero subterráneo, es decir, el lugar donde nace el río Aguas. En el año 2000, los registros del volumen de agua que fluía del manantial eran de 40 litros por segundo. Para 2020 había descendido 7,28 litros. Esta caída coincide con una expansión significativa de los olivares situados en los alrededores. 

Curso del río Aguas cerca de Los Molinos del Río Aguas. | Foto: Davide Mancini.

En los 70, al límite del desierto de Tabernas había 400 hectáreas de olivares. Actualmente hay unas 4400, y 1550 corresponden con una producción superintensiva. Es de sobra conocido que el olivo es un árbol mediterráneo que necesita poca agua, y en circunstancias normales no necesitaría ningún tipo de irrigación. Así y todo, los avances en la industria agraria han permitido encontrar nuevas maneras de aumentar la producción. Y como dice la paradoja de Jevons: "Cuando las mejoras tecnológicas aumentan la eficiencia con la que se utiliza un recurso, es más probable que el consumo de dicho recurso aumente, a que disminuya".


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En esta zona se solían plantar de 65 a 100 árboles por hectárea. Posteriormente se pasó a 210 para aumentar la producción, y en las plantaciones superintensivas se llega a los 1500 árboles por hectárea. La calidad del aceite de oliva es peor que la del producto tradicional, antaño comercializado como el "oro del desierto". Además, el espacio reducido entre los árboles impide la sostenibilidad del olivar, ya que su rendimiento desciende cuando crecen, a los 10-15 años. Por otro lado, la producción de la aceituna depende de la extracción exhaustiva de agua del acuífero.

Un estudio publicado por la revista científica Land estima que se necesitan entre 14 y 20 hm3 (millones de metros cúbicos) anuales para que este tipo de producción sea posible. El acuífero, sin embargo, solo puede reponer 5 hm3 al año. El gobierno regional ha reconocido el déficit entre el agua extraída y el índice de reaprovisionamiento natural, que actualmente se sitúa en un 3,3. El objetivo para 2027 es de 0,7, por lo que la sobreexplotación actual de la cuenca asciende a un 230%.

Manolo Pérez Sola, activista medioambiental y miembro de la plataforma ecológica Acuíferos Vivos, afirma que el acuífero de Sorbas/Los Molinos es uno de los más sobreexplotados de España: "Están extrayendo más del doble de agua necesaria para recargar el acuífero. Varios expertos calculan que, si sigue así, podría desaparecer en diez años."

En 2016, otros dos miembros de la plataforma Acuíferos Vivos (Grupo Ecologista Mediterráneo y Ecologistas en Acción) denunciaron a una de las empresas involucradas en el cultivo intensivo de aceituna, Castillo de Tabernas, por haber extraído 464 millones de metros cúbicos de agua subterránea sin permiso. Al final, la empresa fue condenada a pagar una multa de 450 000 €.

 Las precipitaciones en esta región son muy escasas (250 mm anuales), y la mayoría se concentran en dos o tres lluvias abundantes durante el año. El suelo árido de Tabernas no puede absorber la mayor parte del agua, que acaba fluyendo en ríos torrenciales hasta el mar, a veces provocando inundaciones. Este clima, aunque extremo, es un ejemplo de lo que podría ocurrir en otras regiones áridas y semiáridas del sur de Europa debido al cambio climático, pues se prevé una menor cantidad de lluvias anuales pero más torrenciales. 

Durante los últimos 60 años, la temperatura media anual de esta zona ha aumentado 1,6 °C, con un pico de 2,3° en 2015. Por lo tanto, la presión sobre la vegetación ha aumentado a causa de unos niveles de evaporación de agua mayores y a una menor filtración hacia el acuífero subterráneo. Unos estudios oficiales del Ministerio de Agricultura y Medio Ambiente publicados en 2017 confirmaron que este déficit de reabastecimiento en los acuíferos subterráneos españoles iba a empeorar, y se pasaría de una media anual del -3 % al -24 % hacia finales de siglo.

El interior de la cueva de Sima Blanca, de donde se tomó una estalactita para estudiar las tendencias paleoclimáticas. | Foto: Francisco Hoyos.

El caso del sector oleícola de Tabernas y sus repercusiones medioambientales son el ejemplo perfecto de la desertización en el sur de Europa. Sin embargo, Tabernas demuestra que el término no tiene por qué implicar desierto, sino más bien lo que la Convención de la ONU para luchar contra la desertización define como "la degradación de la tierra en zonas áridas, semiáridas, secas y subhúmedas debido a factores como la variación climática o la actividad humana. Si bien el manto verde que forman los olivares pueda ser engañoso, estas plantaciones están consumiendo el agua subterránea de este delicado ecosistema, y los cambios en precipitaciones y temperatura no hacen más que acelerar esta tendencia.

En la zona de Sorbas y Los Molinos, la alta concentración de yeso crea un medio kárstico que expone con claridad el paso del agua durante milenios por las cuevas subterráneas. Y dentro de una cueva situada a varios kilómetros de Los Molinos, Fernando Gázquez y otros cuatro investigadores bajo el mando de José María Calaforra realizaron un estudio paleoclimático en una estalactita. Este revela cómo la escasez de agua podría haber sido un factor determinante en el abandono de esta área hace siglos.

Tras analizar los restos de moléculas de agua atrapadas en el yeso, el estudio descubrió que, cuando los romanos llegaron a la zona, el clima era mucho más húmedo que ahora, y, por ello, más propicio a las cosechas y la agricultura. "Se trata del primer estudio sobre el clima histórico realizado en una estalactita de yeso, y abre el camino a la utilización de este material para obtener información paleoclimática en otros lugares donde hay cuevas kársticas, como en México, Italia, Estados Unidos o Australia", afirma Gázquez.

Este clima, aunque extremo, es un ejemplo de lo que podría ocurrir en otras regiones áridas y semiáridas del sur de Europa debido al cambio climático, pues se prevé una menor cantidad de lluvias anuales pero más torrenciales. 

Tras la Segunda Guerra Púnica, que resultó en la victoria de los romanos sobre Cartago y la ocupación del sur de España en torno al 200 a. C., probablemente el clima fuese idóneo para la agricultura, mucho más que ahora. En aquella época la estalactita del estudio ya existía; estaba formándose y almacenando la información de las pequeñas gotas que se filtraban a través del suelo hasta la cueva subterránea. La investigación revela que la expansión máxima de la República romana en la Península Ibérica coincidió con un clima mucho más favorable al cultivo de cereal, vides y olivos.

Estos datos se cotejaron con otros estudios realizados en muestras contenidas en sedimentos lacustres de Sierra Nevada y revelaron indicios de actividades humanas como la minería o la deforestación durante el periodo estudiado. No obstante, del 100 a. C. al 500-600 d. C., la zona registró una desecación, quizás debida a la deforestación masiva o a otros factores climáticos que causaron sequías, y por lo tanto, un ambiente más complicado en el que habitar. Estos acontecimientos climáticos más extremos ocurrieron durante el denominado periodo de las grandes migraciones y el abandono de la Península Ibérica por parte de los romanos.

Aunque la caída del Imperio Romano estuvo provocada por muchos otros factores políticos y sociales, es importante tener en mente que los cambios climáticos, combinados con la actividad humana, podrían haber contribuido (en este y en otros muchos casos), al fin de los asentamientos en una región determinada.

Siglos después, y pese a todos los progresos tecnológicos, adoptar una estrategia agrícola que no tiene en cuenta su sostenibilidad a largo plazo podría acarrear consecuencias similares para los habitantes de Los Molinos del Río Aguas y al resto de ciudades y pueblos cercanos como Sorbas, si no se preserva el agua subterránea. 


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