
El editorialista explica que el presidente del Consejo italiano tiene dos opciones a partir de ahora: “Pavonearse de su victoria, hundir a sus adversarios y seguir hasta el final de su mandato. Un margen de tres votos de ventaja no le protegerá contra los obstáculos que se adivinan, pero siempre podrá echarle la culpa a la oposición y representar el papel del líder traicionado. En este caso, el país se verá nuevamente condenado al espectáculo indecente del que hemos sido testigos los últimos meses: polémicas, peleas y ninguna atención dedicada a los problemas económicos y financieros que atravesamos. La otra posibilidad es recomponer una mayoría sobre nuevas bases”, empezando por una nueva ley electoral.
Un país sin sueños ni dirección

Barbara Spinelli pone en guardia sin embargo contra “el peligroso pensamiento positivo de Berlusconi” y su increíble capacidad “para nadar en las aguas de las campañas electorales”, que podrían permitirle frenar su caída y alcanzar la butaca de presidente de la República, su último objetivo personal.
Pero mientras tanto Roma arde, lamenta indignado Mario Calabresi en La Stampa. En el Parlamento, “los políticos han tenido lo que esperaban desde hacía meses: gritos, cálculos y finalmente celebraciones”. En la calle, donde se manifestaban los anti-Berlusconi, todo fue “humaredas, explosiones, porras y cascos que recuerdan los años 70”. Más de 100 personas quedaron heridas.
“Estas imágenes de Roma dan miedo y demuestran la distancia que existe entre un mundo político atrincherado y un país a la deriva que a falta de sueños y objetivos se vuelve violento”, lamenta Mario Calabresi. “El mundo político debería mirar más allá de los incendios y ver una mayoría erosionada que ni siquiera es capaz ya de crear ilusiones. En lugar de eso, se encierra en sí misma y deja fuera no sólo a los manifestantes sino también al pueblo italiano”.
El declive generalizado de la democracia

Según El País, “El show [en el Parlamento] aumentará un poco más, si cabe, el descrédito internacional de la política italiana, y atizará dentro la creciente corriente de antipolítica que corroe ya las bases de esta democracia ex parlamentaria reconvertida en cuna del totalitarismo empresarial”. En este contexto, los actos violentos son “execrables, pero denotan un clima social en grave implosión”, señala el diario madrileño.

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