Reportaje Invasión de Ucrania | Refugiados en Hungría

Entre el humanismo húngaro y el cinismo gubernamental

Mientras que el gobierno húngaro afirma estar haciendo todo lo que está en su mano para ayudar a los refugiados ucranianos que huyen de la guerra, la sociedad civil y las ONG siguen siendo las principales entidades que prestan ayuda. Este artículo forma parte de una serie sobre la solidaridad con los refugiados de guerra ucranianos.

Publicado en 14 abril 2022 a las 12:51
Foto: © UNHCR

A los húngaros les resulta difícil conciliar la total aceptación de los refugiados ucranianos (el 11 de abril, más de 400 000 habían llegado al país) con la propaganda antimigratoria llevada al extremo por el gobierno de Viktor Orbán desde 2015. Porque aquí vemos lo que ocurre en el terreno. 

Grupos independientes de la sociedad civil, ONG y miembros de la comunidad local han retirado todos los obstáculos en Hungría para ayudar a los ucranianos que huyen de su país destruido por la guerra. Mientras tanto, las autoridades húngaras son demasiado lentas y están mal preparadas, sobre todo cuando el gobierno recién reelegido intenta incrementar el número de llegadas para aprovechar al máximo los fondos de emergencia de la UE destinados a los refugiados. 

"Aquí nos sentimos más que seguras, tenemos un sitio donde vivir. Venimos de Kiev. Mucha gente ha perdido su casa y no sabe qué hacer. En Ucrania muchos no hablan inglés, así que estamos aquí simplemente para que no se sientan tan perdidos. Llegamos el 16 de marzo; unos amigos nos recogieron en la estación de tren. Nosotras contábamos con la protección de autóctonos, pero muchos no conocen a nadie. Por eso están perdidos, y por eso nosotras hemos decidido venir", cuenta Tanja, una chica ucraniana acompañada de su madre (el nombre se ha modificado a petición suya) en el centro temporal de bienvenida a refugiados instalado en el estadio BOK, cerca de la Estación del Este en Budapest. 

Budapest, marzo de 2022. En el centro de recepción de la sala BOK | Foto: © HVG / Viktor Veres

Cuando hablaron con Voxeurop, Tanja y su madre pretendían ir a la estación de Keleti para ayudar como traductoras voluntarias, pero les dijeron que todo el mundo tenía que trasladarse al estadio BOK. La Estación del Este era el núcleo principal de llegadas de refugiados, donde decenas de voluntarios ayudaban a los que lo necesitaban, pues las autoridades apenas se han coordinado con las acciones de la sociedad civil. Esto fue así hasta que el gobierno de Orbán, elegido por cuarta vez consecutiva el 3 de abril, vio la oportunidad (financiera) de ayudar a nivel estatal. 

Desde entonces, el gobierno de Hungría ha declarado falsamente a los medios que fue la carta del primer ministro Orbán la que motivó que la Comisión Europea considerase repartir los fondos de emergencia REACT-EU en reacción a la situación en Ucrania. Solo el año pasado, el gobierno de Fidesz se negó a aceptar dinero de esos mismos fondos, sosteniendo que las condiciones eran inaceptables. Después, se produjo un repentino giro de 180 grados. El 18 de marzo, el primer ministro pidió en una carta a la Comisión Europea que se desbloqueasen los fondos para Hungría del Mecanismo de Recuperación y Resiliencia con motivo de la afluencia de solicitantes de asilo ucranianos. En su respuesta, la Comisión se negó a seguirle el juego y le ofreció 300 millones de euros procedentes del fondo REACT-EU, destinado para gastos en situaciones de crisis. 

Budapest, marzo de 2022. En el centro de recepción de la sala BOK | Foto: © HVG / Viktor Veres

Después de haber enviado la carta, la estrategia del gobierno con respecto a los refugiados ucranianos ha cambiado. 

La Estación del Este (Keleti Pályaudvar) estaba repleta de grupos de voluntarios autoorganizados y ONG humanitarias que ofrecían comida gratis, bebidas, pañales, wifi gratis, traducciones y consejos para viajar en puestos y mesas dispuestas para ello. 

Tras registrarse, se ofrecen viajes de tren gratuitos (billetes solidarios) para aquellos que ya han cruzado la frontera entre Ucrania y Hungría. Estos trenes especiales llevan a la gente a la estación Kőbánya-Felső, situada a las afueras de Budapest. Desde ahí, unas lanzaderas también gratuitas los llevan al estadio BOK. 

Budapest, marzo de 2022. En el centro de recepción de la sala BOK | Foto: Simon Ernö

Durante años, el gobierno de Orbán ha demonizado a los refugiados afganos, sirios e iraquíes que llegaban a sus fronteras. Obviamente, esa misma estrategia basada en mentiras ahora no funcionaría, sobre todo cuando los refugiados son blancos, cristianos y procedentes de un país vecino


Desde el cambio de estrategia gubernamental, solo un grupo de ONG preseleccionadas tiene permitido ayudar en el estadio BOK. Se prohíbe la entrada a los voluntarios que no se han registrado previamente y el Estado prácticamente no proporciona alojamiento. Todo se hace a título voluntario, utilizando viviendas privadas. 

Se dice que las autoridades gubernamentales, cuya eficiencia es muy cuestionable, han tomado el mando de la red de apoyo autónoma que hasta entonces era responsable de prácticamente todas las tareas que le corresponden a la agencia de reacción en caso de catástrofe de Hungría, la Katasztrófavédelem. A cambio de los recursos del fondo REACT-EU, el gobierno debe proporcionar una serie de servicios recogidos en la Directiva de protección temporal de la Unión Europea. Las responsabilidades enumeradas son, entre otras, proporcionar servicios fundamentales como alimentación y vivienda, y también proporcionar otros servicios sociales como asistencia psicológica para aquellos que lo necesiten, cuidado de niños (guarderías y educación infantil) o atención médica.

Sin embargo, Viktoria Horvath, de la ONG Migration Aid, contó a Voxeurop que todo lo anterior, y mucho más, siguen siendo promesas vacías de las autoridades, y que son principalmente las ONG y la sociedad civil las que siguen prestando esos servicios.

Mukics Dániel, de la agencia Katasztrófavédelem, nos respondió por escrito a nuestras preguntas y nos explicó con brusquedad que la agencia de reacción en caso de catástrofe hace valoraciones in situ todos los días de la semana, consigue alojamiento y viajes, y organiza el apoyo. Lo que este representante no cuenta es que, como son las empresas privadas y ONG las que ofrecen alojamiento cuando no hay centros de acogida oficiales disponibles, traficantes de personas han estado buscando personas vulnerables, especialmente mujeres jóvenes. Horvath, de Migration Aid, confirma que la trata de personas supone una amenaza creciente muy real, y que precisamente la naturaleza privada del alojamiento es lo que dificulta tanto atajar el problema. 

Otra cuestión relacionada es la manera en que las autoridades húngaras calculan el número de personas a las que han proporcionado ayuda. El 16 de marzo, MÁV, la compañía nacional de ferrocarriles húngara, anunció que había proporcionado más de 100 000 billetes solidarios. Sin embargo, desde el inicio de la guerra, las autoridades húngaras solo han tramitado 11 000 solicitudes de permisos de residencia, a día 5 de abril.

Budapest, March 2022. At the BOK hall reception centre | Photo: © HVG / Viktor Veres

La principal explicación es que una gran cantidad de ucranianos están en Hungría de paso y que su viaje a menudo acaba en el oeste o norte de Europa. El gobierno de Budapest se calla este detalle importante. Además, en lugar de registrar y aceptar las solicitudes de residencia de manera automática (como recomienda el portavoz a cargo de la Comisión), las autoridades solo lo hacen cuando se solicita, a diferencia de países vecinos como Austria. 

Durante años, el gobierno de Orbán ha demonizado a los refugiados afganos, sirios e iraquíes que llegaban a sus fronteras. Obviamente, esa misma estrategia basada en mentiras ahora no funcionaría, sobre todo cuando los refugiados son blancos, cristianos y procedentes de un país vecino. 

Todo ello apunta a que el gobierno está intentando inflar el número de personas que llegan a la UE a través de sus fronteras. Y la razón es simple: el oportunismo. 

Durante años, el gobierno de Orbán ha demonizado a los refugiados afganos, sirios e iraquíes que llegaban a sus fronteras y ha librado una guerra abierta de comunicación desde el inicio de la crisis migratoria de 2015. Obviamente, la misma estrategia basada en mentiras ahora no funcionaría. Sobre todo cuando los refugiados son blancos, cristianos, procedentes de un país vecino, y más aún cuando decenas de miles de estos recién llegados son una minoría de ciudadanos ucranianos que hablan húngaro, procedentes de "Zakarpattia Oblast", una región fronteriza conocida en Hungría como "Kárpátalja" y situada al otro lado de la frontera Schengen. 

Como consecuencia, el gobierno de Orbán ha optado por una estrategia diferente, una estrategia acorde con la aparente política de la UE de acoger a un gran número de refugiados de guerra ucranianos. Cabe destacar que las autoridades están haciendo todo lo posible para separar a los demandantes de asilo ucranianos del "resto" que llega al país. 

Fuentes procedentes de la sociedad civil han contado a Voxeurop que, en la ciudad de Debrecen, situada a 30 km de la frontera con Ucrania, hay unas instalaciones enormes de recepción y asilo que llevan cerradas desde que el gobierno instaló los centros de recepción ilegales en la frontera, aún operativos a pesar de la sentencia del Tribunal Europeo. No se está mandando a ningún migrante ucraniano a esas instalaciones. Según las fuentes de ONG y de la sociedad civil con las que hemos hablado, diferentes organizaciones privadas se están encargando del alojamiento de casi todos los refugiados de guerra ucranianos, a pesar de que el centro de recepción tiene plazas disponibles. La motivación política tras esta diferenciación artificial entre la gente necesitada es fácil de detectar.

Contexto
Hasta la fecha, más de 4,2 millones de personas han huido de Ucrania. Durante semanas, el discurso oficial de Hungría ha sido que es el segundo país que más refugiados ucranianos ha recibido, después de Polonia. Sin embargo, las últimas estadísticas de ACNUR cuentan una historia diferente. Polonia ha recibido 2,47 millones de refugiados ucranianos, seguido de Rumanía con 648 000, Moldavia con 396 000, y después Hungría con 394 000. Si bien acoger a casi 400 000 personas en un país con 10 millones de habitantes no es tarea fácil, la verdadera pregunta tras esta cifra es: ¿cuántos de esos refugiados siguen en Hungría? 

En colaboración con Evens Foundation


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