La crisis griega pone en evidencia a Hollande

El nuevo presidente francés puede mantener sus posiciones en contra de la política de austeridad, apoyando a Grecia, o bien optar por alinearse con la política alemana. En todo caso, la tormenta política que se está gestando en Grecia constituye su primer verdadero test.

Publicado en 8 mayo 2012 a las 15:28

En la Francia rural, el domingo por la noche, el recién elegido presidente francés subió al escenario y anunció que lideraría la batalla contra la austeridad en Europa. Al otro lado del continente, los votantes griegos le ponían en evidencia. Al votar de forma aplastante por partidos que, o bien rechazan el acuerdo de rescate de Grecia o bien desean renegociarlo, han planteado a François Hollande un doloroso dilema. ¿Apoyará al pueblo griego en su lucha contra la austeridad? ¿O bien se posicionará junto al Gobierno alemán y el Fondo Monetario Internacional en su insistencia de que el rescate griego no se puede renegociar?

Lo que haga Hollande será profético para Francia y para Europa. El nuevo presidente francés podría convertirse en cabeza de los rebeldes de Europa del Sur. No hay duda de que los Gobiernos español e italiano, aunque procedan de familias políticas distintas, han estado animando al socialista francés. Ellos, al igual que los griegos, están desesperados por ver que se plantea un desafío a la ortodoxia de la austeridad alemana.

Aislar a Alemania

Aún así, cualquier esfuerzo francés para aislar a Alemania en la UE sería un cambio histórico en la política exterior francesa de posguerra, que se ha forjado alrededor de la idea de que la “pareja franco-alemana” debe dirigir junta la UE. La alianza de Francia con el sur de Europa también perjudicaría a la imagen de Francia como una de las economías más fuertes del continente. También empeoraría la percepción de Francia en los mercados financieros. Lo más perjudicial de una división abierta entre Francia y Alemania es que causaría problemas en toda Europa, abriría una falla sísmica en las bases de la UE y su moneda única.

En consecuencia, la mayoría de analistas asume que Hollande apostará por unos cuantos gestos para guardar las apariencias ante Berlín y que le permitirán decir que ha cambiado la dirección del debate de la UE a favor del “crecimiento”. Incluso antes de ser elegido, los expertos en Berlín y en París ya estaban trazando los posibles contornos de un acuerdo.

Un acuerdo putativo entre Hollande y Merkel sería algo similar a esto. Hollande, tal y como ya ha insinuado, modificaría su exigencia de renegociar el nuevo pacto fiscal de la UE, es decir, el acuerdo que hace legalmente vinculante el cambio hacia presupuestos equilibrados. Alemania aceptaría un nuevo pacto de crecimiento redactado con imprecisión, que se aplicaría junto al pacto fiscal. En la misma línea, rechazaría la exigencia de Hollande de los eurobonos, es decir, la emisión de la deuda común de la UE. Pero probablemente aceptaría los “project bonds” respaldados por la UE, para financiar proyectos de infraestructuras. También se acordaría un impulso en los préstamos del Banco Europeo de Inversiones. Así sería el típico revoltijo franco-alemán en la EU, con el que todos los participantes podrían retirarse con honor, dejando el mundo exterior en su mayor parte ileso, aunque ligeramente desconcertado.

Cambios en el acuerdo griego

Sin embargo, la erupción del volcán político griego complica en gran medida la situación. El problema griego se ha agravado hasta tal punto que no puede “arreglarse” con unas cuantas cláusulas redactadas con inteligencia y que se añadirían a un tratado de la UE. Exige tomar decisiones reales, duras y peligrosas. En concreto, ¿seguirá adelante Grecia con los recortes presupuestarios adicionales por valor de miles de millones de euros en los próximos meses, tal y como exige su acuerdo de rescate más reciente? Si Grecia se niega a hacerlo, el FMI ha dejado claro que no autorizará la liberación del siguiente tramo de ayuda a Grecia. A su vez, eso significaría que el Gobierno griego se quedaría sin dinero. Por dolorosos que sean, los recortes en las pensiones y los sueldos se sustituirían entonces por algo más caótico y peligroso. La salida obligada de Grecia del euro sería también mucho más probable.

Las cifras de las elecciones griegas indican que en breve habrá que hacer frente a esta descarnada elección. Los dos partidos mayoritarios y a favor del rescate, Nueva Democracia y Pasok, sólo obtuvieron un tercio de los votos. Lucharán para formar un Gobierno de coalición y Grecia en breve podría enfrentarse a más elecciones.

Por otro lado, incluso Antonis Samaras, líder de Nueva Democracia y que sigue siendo el que tiene más posibilidades de convertirse en el siguiente primer ministro, abogaría por cambios en el acuerdo griego. Samaras sabe que resulta peligroso el hecho de que ambos partidos de centro ahora se asocien a un paquete de austeridad profundamente impopular e impuesto por extranjeros, ya que los beneficiados políticamente de la situación son los nacionalistas y la extrema izquierda.

Caos frente a un inflexible FMI

En concreto, Samaras cree que las empresas griegas necesitan desesperadamente impuestos más bajos. Pero no ha recibido ningún tipo de apoyo en este argumento por parte de Angela Merkel, con la que mantiene una relación espantosa. Si llega a ser primer ministro, Samaras se posicionaría como un rebelde razonable en contra de las perjudiciales políticas de austeridad alemanas. De este modo, parecería un aliado natural de Hollande.

En realidad, ante el dilema de apoyar a Grecia o Alemania, los franceses casi sin duda apostarían por los alemanes. Pero una elección así haría que la retórica contra la austeridad de Hollande resultara insustancial. Unos cuantos gestos hacia los “project bonds” no serían nada, en comparación con la visión de Francia de ponerse de lado del FMI y de Alemania para imponer duros recortes en Grecia, mientras la economía del país retrocede y el desempleo se dispara.

La combinación del caos político en Grecia y la inflexibilidad del FMI apunta a que Grecia sufrirá una nueva crisis este verano. En este punto, la UE se enfrenta a una elección trascendental. ¿Ofrece aún más ayuda a Grecia, aunque el FMI se retire? ¿O se niega a ayudar a Grecia, asumiendo todos los riesgos políticos y económicos que se derivan de esta elección? Ante una crisis así, la imprecisa y alentadora retórica de Hollande sobre salvar a Europa de la austeridad resulta irrelevante.

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