Reportaje Invasión de Ucrania | Solidaridad bielorrusa
Voluntario cargando artículos humanitarios, FreeShop Partyzanka. Varsovia, 3 de marzo de 2022. | Photo: Nadia Buzhan

Los bielorrusos ayudan a los ucranianos

En los últimos dos años, decenas de miles de bielorrusos han dejado su país para ir a Ucrania, Polonia, Lituania y otros países debido a la persecución. La red que crearon entonces ayuda ahora a los refugiados procedentes de Ucrania.

Publicado en 31 marzo 2022 a las 11:34
Voluntario cargando artículos humanitarios, FreeShop Partyzanka. Varsovia, 3 de marzo de 2022. | Photo: Nadia Buzhan

Los bielorrusos expatriados crearon una red de ayuda para sus compatriotas. Ahora, cientos de ellos están aprovechando su experiencia y todas estas iniciativas para ayudar a Ucrania. Se están presentando voluntarios para luchar. Están yendo al frente como médicos, están pasando días prestando su ayuda en la frontera. Están recaudando y distribuyendo toneladas de ayuda humanitaria, buscando alojamiento para los refugiados y dando clases a los jóvenes ucranianos. 

Mientras tanto, el régimen de Lukashenko, junto con Rusia, es un coagresor reconocido contra Ucrania. A todos los efectos y propósitos, Bielorrusia es un país bajo ocupación extranjera, donde cualquier tipo de protesta pública se castiga con arrestos, palizas y persecución criminal. 

Los y las protagonistas de las historias incluidas en este reportaje, así como las historias de otros cientos, subrayan la importancia de diferenciar a la mayoría de bielorrusos, quienes apoyan firmemente a los ucranianos, de la minoría de simpatizantes con Lukashenko, un hombre que perdió las elecciones en 2020 y que se aferra al poder mediante la fuerza.

Aksana Bukina trabajando en el Centro de Recepción Fronterizo para refugiados procedentes de Ucrania, 6 de marzo de 2022. | Foto: Piotr Piatrouski ​​

Uno de los centros de acogida para refugiados está situado en el pueblo de Dołhobyczów, cerca de la frontera entre Polonia y Ucrania. Cada más o menos quince minutos, un servicio de minibuses hace el trayecto transfronterizo y deja a mujeres y niños. 

Una de las voluntarias aquí es Aksana Bukina. El primer día de la guerra, preguntó en el chat "Mujeres bielorrusas en Wroclaw" si alguien podía ayudar con el alojamiento, con dinero u ofreciéndose voluntaria. Decenas de personas respondieron. Al mismo tiempo, publicó en redes sociales que iba a ayudar a organizar el transporte de refugiados fuera de Ucrania y los iba a recibir en el lado polaco de la frontera. 

"Casi no dormíamos. Recuerdo que nos íbamos a la cama hacia las tres de la mañana, y a las seis o siete el teléfono comenzaba a sonar y teníamos que contestar. Habría estado bien desconectar y descansar, pero cuando hay personas que están siendo bombardeadas, que te escriben y te piden ayuda...". 


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Luego, Aksana y otros conocidos bielorrusos prestaron su ayuda en los centros de recepción de refugiados. Los hombres pidieron permisos no remunerados en el trabajo. Viktar vino de Alemania; otros, de Wroclaw, es decir, siete u ocho horas en coche. Aksana añade que al principio los voluntarios civiles no tenían permitido estar en los campos de refugiados.

"Nuestro Vitalik pasó los primeros tres días viviendo en su coche al lado del campo, ayudando, dando instrucciones, buscando coches, (en aquel momento se dejaba salir a la gente del campamento: descansaban, comían algo, se lavaban y volvían a la carretera); no sabían el idioma y en aquel nuevo país no había nada para ellos. Simplemente hizo su voluntariado en la calle. Como consecuencia, los responsables del campo vieron lo que estaba haciendo y le permitieron trabajar en los centros de refugiados". 

Aksana ahora no tiene trabajo. En Bielorrusia fue una de las fundadoras de una empresa relacionada con la educación. En 2020 fue detenida durante una reunión y se inició un proceso penal en su contra por organizar disturbios en masa, pero consiguió escapar a Ucrania.

"Yo también soy una refugiada, incluso he pedido protección internacional. Hui de Bielorrusia con mi hijo. No teníamos nada y, cuando llegamos a Kiev, la gente nos recibió con los brazos abiertos. Recaudaron mantas, almohadas, vajilla y ropa para nosotros. Nos protegieron. ¡Nos trajeron tanta comida! Algunos se lo contaron a sus compañeros de trabajo; otros, a sus vecinos, y la gente nos escribió, nos llamó y nos ayudó". 

Después de mudarse a Wroclaw, Aksana empezó a trabajar en una start-up con varios desarrolladores ucranianos, pero la guerra lo paralizó todo. 

"Ayer por la tarde se produjo un momento muy emotivo. Había mucha gente, todos estábamos cansados, y yo sonreía, como siempre hago. Me preguntaron, ‘¿por qué sonríes?’ De algún modo no me pude contener, y dije que yo también pasaba por una situación difícil, que yo también era inmigrante, estaba de alquiler, sin trabajo, y que estaba con ellos. 

La habitación se sumió en el silencio y la…

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