Los gitanos, señalados de nuevo

Después de algunos incidentes violentos, el presidente francés ha decidido atacar los “problemas que plantean el comportamiento de algunos gitanos” extranjeros y preconizar, entre otras medidas, las expulsiones a su país de origen. Tanto en Francia como en Rumanía, esta política tan cuestionada recuerda que nos hallamos ante una cuestión de alcance europeo.

Publicado en 28 julio 2010 a las 14:38

Siempre es delicado elaborar en caliente una política duradera para responder a circunstancias dramáticas. Tras los violentos incidentes de Saint-Aignan [provocados por la muerte de un joven de etnia gitana o romaní que fue abatido por un gendarme la noche del 16 al 17 de julio, tras intentar saltarse un control policial de carretera], hace diez días, ¿hacía falta convocar hoy una reunión sobre “los nómadas y los romaníes” en el Elíseo y justificar la reflexión con “los problemas que plantea la conducta de algunos”? Esta decisión de Nicolas Sarkozy ha sido muy criticada. Pero ¿qué habríamos leído si ni el Jefe de Estado ni su gobierno hubieran hecho nada? Ahora la única pregunta importante es: ¿qué política se va a proponer? Habrá que esperar las conclusiones de los debates de hoy para hacerse una idea.

Si se emplea bien el período de reflexión entre las declaraciones “en caliente” y las decisiones, ¿podrá aclararse, por ejemplo, qué es lo que se debe debatir? ¿Distinguir entre verdades y prejuicios sobre los gitanos? Para ser más precisos: ¿qué se está debatiendo y a quién afectarán las decisiones que se tomen? ¿Al grupo de la población denominada en la Administración como “nómadas” para no nombrar étnicamente a los franceses de origen romaní, o bien a los romaníes llegados principalmente de Europa del Este durante los últimos años? Las cuestiones que suscitan unos y otros no son en absoluto las mismas. Sus aspiraciones tampoco. Sin duda, una respuesta nacional única no puede adaptarse a todos los casos. Está claro que expulsar de un barrio de chabolas a otro a los romaníes extranjeros que en sus países de origen eran sedentarios, y dificultar la trashumancia estacional a los nómadas franceses mediante normas de urbanismo restrictivas, ciertamente no favorece la mejoría de esta situación.

Tras años de estigmatización y discriminación hacia los gitanos en Europa, se hace imprescindible una política de diálogo. Pero existe una condición; cada uno debe asumir sus responsabilidades: el respeto a la ley por parte de los unos, y la aplicación de la ley (y, especialmente, la ley Besson sobre áreas de acogida) para los otros. Así, de forma lenta y segura, llegará a ser posible encontrar respuestas satisfactorias a una cuestión que deambula por Europa desde, como mínimo, el siglo XIII. Después de ochocientos años de errores en este ámbito (y de numerosos dramas), no hay que dejar escapar esta posibilidad para hacer progresos.

Desde Bucarest

Rumanía también debe esforzarse

Francia ha solicitado oficialmente el 26 de julio que el problema de los roms se resuelva a nivel europeo, con lo que insinúa al mismo tiempo que se cuestiona la adhesión de Rumanía al espacio Schengen, prevista para 2011. "Hemos molestado a París. ¿Qué ganamos con ello?", se pregunta en Bucarest el diario România Liberă. El mismo diario señala que, a diferencia de Italia, "Francia ha optado por dejar apartada a Rumanía, utilizando un instrumento europeo afilado a su antojo: su veto a una entrada en el espacio Schengen".

Sin embargo, "el Estado rumano es el primer responsable de la situación actual y sus consecuencias", puesto que, en lugar de resolver los problemas que existen "en su propio jardín", desde hace 20 años ha optado por "la solución más simple y más cínica de todas: exportarlos". România Liberă recuerda que las ONG no han cumplido su promesa de ocuparse del surgimiento de una élite intelectual rom, que la Agencia Nacional para los Roms ha servido de "campo de maniobra" a los diferentes intereses políticos, que las redes mafiosas se activan con eficacia en Occidente y que sus jefes "son intocables en Rumanía y cobran tranquilamente las decenas de millones de euros producidos en Francia, Inglaterra, en España, en Italia".

"El jarro de agua fría que viene de París podría beneficiarnos", estima el diario. "Pero si hacemos caso omiso de ello y la amenaza se concreta, tendremos que dar las gracias a los diferentes gobiernos de Bucarest por lograr el aislamiento de Rumanía".

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