Los poderosos quieren saberlo todo

Publicado en 4 noviembre 2010 a las 15:10

En su edición del 3 de noviembre, Le Canard Enchaîné asegura que el presidente francés, Nicolas Sarkozy, parece haber encargado a la Dirección Central de Información Interior la “vigilancia de ciertos miembros de la prensa que realicen investigaciones que pudieran ser incómodas para él o para los suyos”. El semanario precisa que el jefe de los servicios secretos, que preferiría dedicarse a la lucha antiterrorista, aparentemente ha confiado esta misión a un grupo creado expresamente a tal efecto. De momento la prensa francesa no ha reaccionado ante dichas revelaciones.

Pero éstas se producen tras robos de ordenadores cometidos en los domicilios y oficinas de periodistas que investigaron el caso Bettencout, el escándalo político y financiero que salpicó, entre otros, al ministro de Trabajo, Eric Woerth, y a la heredera del grupo L’Oréal. Unas semanas antes, el diario Le Monde había denunciadola violación del derecho al secreto de las fuentes, ya que los servicios de información habían sido utilizados para desenmascarar a la fuente de uno de los periodistas que investigaban sobre este caso. Y la primavera pasada, recuerda Libération, los servicios de información habían sido los encargados de investigar la procedencia de los rumores que le atribuían un amante a la esposa del presidente, Carla Bruni.

En Rumania lo que crea polémica es la publicación habitual en la prensa de escuchas telefónicas a políticos y hombres de negocios. “Las escuchas, de una dictadura a otra”, titula Jurnalul Naţional. El diario recuerda que esta técnica de espionaje es una tradición antigua en el país, especialmente cuando el régimen comunista la utilizaba para “medir hora a hora el patriotismo y la devoción a la causa (comunista)”. De manera más general, Jurnalul Naţional indica que “la cuestión de las escuchas se impone desde el momento en que un poder se instala definitivamente en su sillón”, ya que la obsesión por la vigilancia es uno de los atributos de los poderes fuertes, centrales. De este modo, en Rumanía, y “a pesar del paso de generaciones, escuchar detrás de la puerta ha quedado grabado en los genes del Estado”.

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