Merkel nos aparta del abismo fiscal

Las negociaciones en el último minuto en Washington para evitar un desfase presupuestario demuestra que en Estados Unidos hacer política a corto plazo es una costumbre bien arraigada. Y por el contrario, nos enseña que la canciller alemana, pese a que su forma de manejar la crisis europea ha sido muy discutida, tiene la sabiduría suficiente para promover soluciones a largo plazo.

Publicado en 3 enero 2013 a las 16:29

Aprovechando una frase que el historiador estadounidense Robert Kagan hizo célebre, «los americanos son de Marte y los europeos de Venus» cuando de lo que se trata es de abordar la salud fiscal a largo plazo.

Que lo mejor que los políticos de Washingon hayan podido hacer enfrentados al llamado «abismo fiscal» sea un acuerdo mínimo, esquelético, desmiente que Estados Unidos tenga auténtico interés en resolver el problema a largo plazo del déficit del Estado.

No se debe sobre todo a diferencias entre los partidos estadounidenses (aunque se suela decir que sí). Los norteamericanos, del color político que sea, no son serios en lo que se refiere a la salud fiscal a largo plazo de la nación.

Saltar al «abismo fiscal»

¿Cómo, si no, se puede interpretar que la única forma en que se pudo forzar a los políticos de Washington a aceptar siquiera fuese un modesto grado de austeridad fiscal en pos de la salud fiscal a largo plazo fuese convencerlos –con frasecitas como «abismo fiscal»– de que si no tragaban ahora con una dosis mínima de medicina fiscal les esperaba una austeridad mucho peor?

Si al presidente de Estados Unidos Barack Obama y al Congreso les preocupase de verdad el problema del déficit del Estado, habrían saltado con entusiasmo al «abismo fiscal», con sus aumentos de los impuestos y cortes del gasto obligatorios, en vez de regatear sin fin para librarse de él.

En Europa está pasando justo lo contrario; aquí, la canciller alemana Angela Merkel se pone a la cabeza del empeño por imponer un sacrificio fiscal a corto plazo en pos de una mejora fiscal a largo plazo. Tanto los keynesianos como los del lado de la oferta discrepan, pero la señora Merkel se aferra a que Europa no puede volver a un crecimiento sostenible y a la prosperidad sin poner primero su casa fiscal en orden, y está usando creativamente el dinero alemán para conseguir las reglas alemanas que ella quiere para Europa.

Esto, más la sabiduría y el valor que ha tenido para respaldar el programa de Mario Draghi de compras de bonos para estabilizar los mercados pese a la decidida oposición del Bundesbank, es la razón de que yo crea que se merece ser la europea del año.

Nota para los inversores: 2013 parece que va a ser el año en que los mercados empezarán a comprender que son «los de Venus» quienes van por el buen camino y que los «marcianos» están equivocados. Son los norteamericanos los que le van dando largas a la reforma fiscal, no los europeos, lo cual está poniendo a Europa en peligro, y no solo a América.

Oleada virtual de perturbaciones

Que Washington no aborde los problemas fiscales a largo plazo de Estados Unidos puede desencadenar una oleada virtual de perturbaciones que afecte a la economía mundial entera. Vivimos en un tipo de mundo interconectado donde puede haber malas consecuencias para «los de Venus» si «los de Marte» descuidan su negocio.

Un estallido del mercado de bonos estadounidenses haría mucho daño a los europeos y a los americanos por igual (por no mencionar a los asiáticos).

Parte de la culpa de los problemas fiscales de Estados Unidos recae en la Reserva Federal, cuya política de relajación cuantitativa –intencionadamente o no– ha hecho que les resulte fácil a los políticos de Estados Unidos postergar el problema fiscal del largo plazo.

¿Para qué vas a acometer una dolorosa reforma fiscal para proteger la deuda de tu Estado cuando la compra incondicional de bonos estadounidenses por el banco central te resuelve la faena? (El BCE exige reformas antes de gastar un solo euro en la compra de bonos).

Al presidente de la Reserva Federal Ben Bernanke le costaría admitirlo, sin duda, pero el relajamiento cuantitativo al estilo de la Reserva Federal ha servido para desinflar la reforma fiscal en Estados Unidos.

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