Análisis Cas Mudde sobre las elecciones de los Países Bajos

¿Logrará el «populismo bueno» de Mark Rutte deshacerse del euroescepticismo de los Países Bajos?

Pese a sus tres dimisiones en los últimos diez años, es casi seguro que el flexible Primer Ministro saliente, Mark Rutte, dirija el próximo gobierno. Su nueva aliada, la proeuropea Sigrid Kaag, podría ayudarle a hacer un lavado de imagen y cambiar su fama en la UE de «Don me niego a todo» a «Don buen tipo», opina el politólogo neerlandés Cas Mudde.

Publicado en 21 marzo 2021 a las 18:27

¿Existe algún país que, como ocurre en los Países Bajos, tenga un gobierno que haya formado parte de un escándalo y que, dos meses más tarde, esto no tenga ningún tipo de repercusión en sus resultados en las elecciones? Es la tercera vez que el gobierno dirigido por Mark Rutte se retira tras un «escándalo en las ayudas al cuidado de niños». Aunque el nombre que recibe podría hacernos pensar que se trata de un mero problema administrativo, lo que realmente se denuncia es que la mayoría de los subsidios que recibieron una mala gestión por parte de la oficina de impuestos estaban destinados a familias de inmigrantes.

Siendo honestos, la campaña, si se la puede llamar así, se ha centrado únicamente en el liderazgo y ha dado más importancia al carisma de los candidatos que a la política o a los programas electorales. Los votantes, en su pluralidad, han decidido que un hombre cuyo gobierno ha dimitido tres veces y que ha respondido a la pandemia de manera neutra, sobre todo en cuanto al lanzamiento de la vacuna, es lo mejor que puede ofrecer el país. Es por ello que se decidió apodar a Mark Rutte como «Teflón Mark», una metáfora que resalta la capacidad del político para salir ileso de todos los problemas.

Las elecciones de la semana pasada no fueron un evento como de costumbre por varias razones: no hubo campaña electoral, ni opciones claras, ni se percibieron cambios significativos. Mientras que en las últimas elecciones el Partido del Trabajo socialdemócrata (PvdA, por sus siglas en neerlandés) vió su tamaño reducido, sufriendo la mayor pérdida jamás registrada en cualquier partido neerlandés de posguerra (29 escaños), esta vez, la mayor pérdida que se observó fue la pérdida de 6 escaños que Groenlinks (partido ecologista neerlandés) sufrió por haber presentado un programa y líder mediocres y por haberse negado, explícitamente, a identificarse como partido de la oposición durante los últimos cuatro años. Mientras tanto, Foro para la Democracia (FVD), partido de extrema derecha, regresó de entre los muertos para ganar 6 escaños gracias a una campaña contra el confinamiento al estilo Trump. El FVD fue el único partido que realizó una campaña como si nada ocurriera y a pesar de las estrictas (y débilmente aplicadas) restricciones contra la COVID-19.

De hecho, a pesar de que el Primer Ministro Mark Rutte aseguraba que su «populismo bueno» había acabado con el «populismo malo» de la extrema derecha en 2017, este último tuvo los mejores resultados jamás registrados en elecciones posteriores a la guerra. En total, la extrema derecha ganó 28 escaños, tres escaños más de los que obtuvo la izquierda tradicional. Sin embargo, en consonancia con la extrema fragmentación del sistema de partidos neerlandés (17 partidos estarán representados en el nuevo Parlamento, un nuevo récord), el voto de la extrema derecha se reparte entre tres partidos diferentes: el Partido por la Libertad (PVV) de Greet Wilders, con una ideología bastante islamofóbica y que ha pasado de tener 20 escaños a tener 17 (ha bajado del segundo al tercer puesto); el partido FvD de Thierry Baudet, fuertemente radicalizado y que pasó de 2 a 8 escaños, y el partido Juiste Antwoord 2021 (traducido literalmente como «Buena respuesta 2021» y conocido de manera coloquial como SÍ21).

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El partido Juiste Antwoord 2021 (JA21) se ha estrenado en estas elecciones con un total de 3 escaños. Al igual que Baudet, su líder, el veterano de la extrema derecha, Joost Eerdmans, ha disfrutado de una atención mediática excesiva. JA21 está formado principalmente por antiguos representantes del partido FVD, que abandonaron el partido de Baudet tras el último escándalo de antisemitismo de diciembre de 2020, lo que explica que sea el mayor partido de extrema derecha en el Senado, (con 8 escaños), a pesar de no haberse presentado a las elecciones de 2019.

Su tamaño en el Senado, que pese a sus pocos poderes puede retrasar o poner en aprietos al gobierno, explica en parte por qué los principales partidos políticos de derechas se apresuraron a felicitar al partido y por qué los periodistas empezaron a especular sobre la participación en una coalición minutos después de publicarse el primer sondeo a pie de urna. Sin embargo, es bastante improbable, ya que aunque no cabe duda de que el próximo gobierno será dirigido por Mark Rutte, que lleva más de una década integrando y normalizando los partidos y las políticas de la derecha radical, el partido demócrata D66 será su principal socio de coalición, y este partido lleva mucho tiempo haciendo campaña como la antítesis de la extrema derecha.

Actuar rápido

Pese a la caída del anterior gobierno, los principales partidos están dispuestos a continuar y utilizar la pandemia a su favor para actuar con rapidez. Aunque el partido Llamada Demócrata Cristiana (CDA) se encuentra entre los partidos con peores resultados de las elecciones, y se enfrenta a problemas de liderazgo, no cabe duda de que se unirán con el VVD y el D66 de Rutte en el próximo gobierno. La única pregunta es si añadirán otro partido o no y, si lo hacen, qué partido será: la CU protestante, que formaba parte del gobierno anterior, o quizás PvdA o GroenLinks para reforzar a D66 dentro del gobierno y protegerlo de pérdidas electorales significativas en las próximas elecciones.

Porque, aunque el FvD fue el que más escaños adicionales obtuvo, el D66 fue el verdadero ganador de las elecciones. Gracias a su nueva líder, Sigrid Kaag, elegida en septiembre de 2020, el partido no sólo evitó su tradicional castigo gubernamental —D66 siempre ha pagado un gran precio electoral por su participación en el gobierno— sino que pasó de un 8 % en las encuestas a un 15 % en la última semana. Esto ha convertido a D66 en el segundo partido más grande del Parlamento neerlandés y a Kaag en la segunda figura política más poderosa del país. De hecho, es probable que Kaag se convierta en la primera mujer política más poderosa de la historia de los Países Bajos.

Aunque Rutte no carece de ideología (un malentendido muy popular entre los medios de comunicación nacionales e internacionales), es extremadamente flexible en muchas posiciones clave y la UE no debería ser una excepción.

Junto con el asombro por «Teflón Mark», que parece intocable a pesar de una larga serie de promesas de campaña incumplidas y escándalos políticos, el «efecto Sigrid-Kaag» acaparó la atención de los medios de comunicación europeos. Algunos periódicos progresistas, como Le Monde han expresado que esperan que Sigrid Kaag y su partido proeuropeo, ahora más fuerte que nunca, puedan contrarrestar el euroescepticismo de Rutte y convertir a Holanda en un Estado miembro de la UE más implicado. Esta esperanza se ha visto reforzada por el éxito de otro partido recién llegado, el partido paneuropeo y proUE Volt, que entró en el Parlamento con 3 escaños. Existen motivos para tener cierto optimismo, aunque no hay que olvidar lo arraigado que está el euroescepticismo en los Países Bajos. 

Antes que nada, es una tradición política neerlandesa que el partido con el mayor apoyo de la coalición se haga con el puesto de Primer Ministro y que el segundo con mejores resultados consiga el puesto de Ministro de Finanzas. Teniendo en cuenta el daño que los anteriores ministros de finanzas han hecho a la imagen del país a nivel europeo, especialmente Jeroen Dijsselbloem (PvdA) durante la Gran Recesión y, más recientemente, Wopke Hoekstra (CDA), contar con una Ministra de Finanzas abiertamente proeuropea que no insulta a otros Estados miembros con «bromas» intolerantes ya será, en sí mismo, una mejora. 

Cooperación multilateral

En segundo lugar, aunque Rutte no carece de ideología (un malentendido muy popular entre los medios de comunicación nacionales e internacionales), es extremadamente flexible en muchas posiciones clave y la UE no debería ser una excepción. Se ve a sí mismo como un gestor que, al estilo clásico neerlandés, protege principalmente la salud financiera de la nación, que, y aquí viene su ideología, cree que está directamente ligada a las cooperaciones multilaterales, en particular, a las que tienen una conexión neerlandesa, como su antiguo empleador Unilever. No debería resultar demasiado complicado para Kaag convencerle de que la actual UE es muy compatible con esta aspiración. Pero la gran pregunta es si Rutte puede convencer a su propio partido, que ha virado mucho hacia la derecha bajo su liderazgo, representando mucho más, en términos británicos, al Partido Conservador que a los Demócratas Liberales.

Desde hace años, los Países Bajos tienen un papel mucho más importante que su peso en la política de la UE. Pronto Rutte será el líder político que más tiempo lleva en la UE —al menos, el Primer Ministro que más tiempo ha sido elegido en elecciones libres y justas—, lo que reforzará aún más la posición del país en Bruselas. Al mismo tiempo, los Países Bajos han perdido mucha buena voluntad como consecuencia de un comportamiento y unas políticas insultantes, obstruccionistas y miopes. Después de más de diez años como Primer Ministro, Rutte podría estar empezando a pensar en su legado político, no sólo en los Países Bajos, sino también en Europa. D66 y Kaag podrían ser los socios ideales para ayudar a restaurar la tradicional imagen positiva de los Países Bajos y ayudar a Rutte a desprenderse de su actual imagen de «Don me niego a todo» y reconstruir su imagen inicial de «Don buen tipo».


RADIKAAL PODCAST

Sarah de Lange sobre las elecciones holandesas

En el último episodio de su podcast, Radikaal, Cas Mudde habla con Sarah de Lange, una profesora neerlandesa de la Universidad de Ámsterdam especializada en el extremismo, el populismo y el radicalismo.


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