El autor de "Gomorra" en el plató de "Vieni via con me".

Roberto Saviano resucita la televisión de calidad

"Vieni via con me", un programa sobrio e incisivo, copresentado por el escritor anti-mafia Roberto Saviano, ha batido todos los récords de audiencia. Aunque la última emisión será el 29 de noviembre, el gurú de la televisión italiana analiza los motivos de este éxito.

Publicado en 26 noviembre 2010 a las 10:12
El autor de "Gomorra" en el plató de "Vieni via con me".

Un programa no alcanza un 30,21% de audiencia simplemente porque sea un programa atractivo. Si un programa es bueno y está bien ideado desde el punto de vista profesional, seguro que la audiencia estará por encima de la media. Pero para llegar al 30%, es necesario que se trate de un acontecimiento. Ahora bien, este acontecimiento sucede cuando un programa capta el espíritu del tiempo y responde a las exigencias del país.

Actualmente, la televisión italiana en su conjunto carece de verdad. La verdad se queda en programas de tele-realidad, con lo que obtiene audiencias de apoyo. Tras años de infotainment, de programas de corazón y de Gran Hermano, las emisiones que tienen más éxito son aquellas de profundización e investigación. Se ha creado una división que conlleva un aumento en la demanda de información. Pero más allá de la televisión, si observamos a la sociedad italiana, descubrimos la clave con la que podemos comprender la revolución televisiva que se está produciendo.

Al italiano medio, con la triste realidad de su vida, le ofrecen el sucedáneo del relato de la vida brillante de su presidente del consejo, con sus veinte propiedades, sus innumerables fiestas y sus mundanidades. Silvio Berlusconi ha descrito Italia como un país próspero, porque todo el mundo tiene un teléfono móvil y los yates abarrotan los puertos de recreo. Es un poco como la estadística según la cual, si en una muestra de diez personas, una de ellas come diez pollos, equivale a que hay un pollo para cada persona.

Italia necesita pararse a pensar

Las ruinas de las casas de los gladiadores en Pompeya, las basuras que vuelven a invadir las calles de Nápoles, las inundaciones en Venecia y las víctimas del terremoto de L’Aquila que esperan aún la reconstrucción constituyen la metáfora de la Italia actual. Sentados sobre este montón de ruinas y de basuras, no sólo reales sino también morales, el país se pregunta si aún sirve de algo una escala de valores.

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En este contexto, digno de Los últimos días de Pompeya, tiene lugar el programa de Fabio Fazio y de Roberto Saviano como contribución de la sociedad civil a este mundo político en el que ya nadie está dispuesto a confiar. Mientras, el Berlusconismo naufraga, la oposición se estanca y el único "partido" que prospera es el de la abstención.

"Vieni via con me" (Ven conmigo) es fundamentalmente un programa de servicio público. Es público en el sentido de que se trata de una emisión que se dirige a todo el país, que aborda asuntos de interés universal, destinados a la mayoría. El servicio público representa una especie de foro democrático que permite compartir los acontecimientos y los valores de alcance universal. En este contexto se encuadra "Vieni via con me". En una época en la que las certezas se agotan, en la que Italia se encuentra en un estado de fracaso civil y moral, es necesario pararse para hacer un recuento de lo que aún puede salvarse y de lo que aún hay que combatir. Este programa es un acontecimiento porque responde a una exigencia del país.

Saviano como símbolo

"Vieni via con me" se ha convertido en un referéndum sobre Italia: ¿Me voy? ¿Me quedo? ¿Podemos aún hacer algo para quedarnos? Toda ceremonia necesita un oficiante y en este caso es Saviano, el símbolo de la necesidad de legalidad en el país de la ilegalidad. El programa tiene algunos vicios de forma: a veces cae en la retórica, otras veces parece descubrir la pólvora, repite hechos conocidos sin entrar en ese periodismo de investigación que había convertido a Gomorra, el libro-investigación de Saviano, en un relato de una fuerza única.

El repaso a la actualidad no aporta ningún elemento de novedad. No hay investigaciones con consecuencias atronadoras. Tampoco se realizan análisis profundos ni filosóficos de los temas morales. La actualidad se reduce a listas, a estribillos, a una especie de mantra que se repite indefinidamente, organizado como un leitmotiv. En él encontramos cosas profundas, cómicas, superficiales, graves o absurdas. La enumeración impacta al público más homogéneo, transforma la información en liturgia.

La fuerza de atracción de "Vieni via con me" estriba precisamente en esta aparente banalidad y repetitividad. Los defectos formales que se le reprochan son en realidad puntos a su favor. Una liturgia no puede ser nueva. Una liturgia necesita oraciones. Y los acontecimientos funcionan con la cadencia tranquilizadora del rosario y la fuerza de la repetición.

Vieni via con me

Las razones del éxito

Un decorado sin adornos, en el que no hay famosillos medios desnudos, ni actores en gira promocional, ni tampoco cantantes de temporada. Algunas notas de la canción de Paolo Conte, “Vieni via con me”. Dos hombres son el motivo de este éxito: Roberto Saviano, el autor de Gomorra (Gallimard, 2009), el libro sobre la Mafia napolitana que le ha valido la gloria (dos millones de ejemplares) y la obligación de tener que vivir con escolta policial, y Fabio Fazio, veintisiete años de televisión a sus espaldas, animador polifacético capaz de dialogar con deportistas, escritores o políticos. A cada invitado se le pide que lea una lista. La lista de las razones para abandonar Italia, la lista de las razones para quedarse; la lista de lo que les gustaría no volver a ver; la de los valores de la derecha, y la de los valores de la izquierda. La idea se ha tomado prestada de Umberto Eco y de su libro "El vértigo de las listas" (Lumen, 2009). Un poco ingenuo, en ocasiones fastidioso, el procedimiento resulta a menudo eficaz. “El éxito de la emisión es en parte político”, explica Fabio Fazio. “Debido a tres razones: la reputación de Saviano, un programa moderno en una televisión ritualizada donde jamás pasa nada y la voluntad de modernidad de los italianos. El drama de Italia es que el país está totalmente anquilosado, congelado”.

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